martes 27/10/20

Reflexiones sobre la reflexión y el análisis

En este tiempo de descanso y vacaciones para una gran parte de la población, parece oportuno hacer un alto en el camino y pararse a pensar en el contenido, la estructura, el rigor y, sobre todo, en la proyección social de los artículos, libros, documentos, conferencias, discursos, charlas o simples comentarios de quienes nos dedicamos a escudriñar la situación vital por la que nos ha tocado pasar para, después, elaborar un diagnóstico, y, si

En este tiempo de descanso y vacaciones para una gran parte de la población, parece oportuno hacer un alto en el camino y pararse a pensar en el contenido, la estructura, el rigor y, sobre todo, en la proyección social de los artículos, libros, documentos, conferencias, discursos, charlas o simples comentarios de quienes nos dedicamos a escudriñar la situación vital por la que nos ha tocado pasar para, después, elaborar un diagnóstico, y, si cabe, pronosticar lo que acontecerá como inferencia del estudio previo llevado a cabo. Si fuera posible ajustarse a este esquema, las secciones de opinión de los diarios deberían ser definidas con en nombre de análisis, elevando así el rango del bloque en cuestión.

A mi modo de ver, son numerosas las variables en juego a la hora de dar forma a un puñado de ideas para transformarlas en un discurso coherente, en papel o, a través de los modernos recursos tecnológicos, en un formato digital. Por descontado, quedan fuera de estas reflexiones todas las intervenciones hueras de tantos “expertos” o tertulianos a sueldo que nos aburren a diario en radio y televisión.

En muchas ocasiones, impulsados por el deseo de que las cosas fueran como a uno o a una les gustarían, se plantean reivindicaciones o simples peticiones, con una evidente carga de ingenuidad, sin valorar la fuerza o el poder del que se dispone para forzar a la otra parte. Así, vemos como se pide, a veces, que la fiscalidad sea más progresiva, que se eleven salarios y pensiones o que se recupere el sector público, pero sin caer en la cuenta de que no hay grupo de presión alguno que fuerce a quienes tienen que hacerlo. Otras veces, se pide que se autocorrijan los políticos eliminando las prebendas de las que gozan. En otras ocasiones, sin ninguna posibilidad de éxito, se reivindica la eliminación de la corrupción en un modelo político donde esa lacra ya es endémica. Todo este discurso, en el que se hacen peticiones imposibles, suele enardecer a los oyentes o lectores, quiénes se unen a la reivindicación, pero, a mi modo de ver, esta forma de plantear mejoras, sin contar con instrumentos o poder suficiente para obligar al contrario, se vuelve en contra del débil, del sector social más afectado por la injusticia y la sinrazón. Una imagen nítida de lo que digo nos la está ofreciendo recientemente el movimiento 15M, al que se han unido en sus protestas y peticiones intelectuales y gentes de buena voluntad. La ausencia, entre otras cosas, de una herramienta que oriente el proceso de lucha, y, sobre todo, de la fuerza necesaria para derrotar al poder establecido, están convirtiendo la protesta en un azucarillo que se va diluyendo en un enorme vaso de agua hasta llegar, como ya ha ocurrido, a “limpiar” por completo la Puerta del Sol de Madrid, centro neurálgico del movimiento. Los últimos estertores son simples “cabezonadas” que sólo sirven para encubrir la ausencia de logros. De esta manera, la indignación se convierte en frustración, y el fracaso refuerza a quienes tienen el poder y el dominio.

Desde otro punto de vista, observamos cómo el contenido del discurso o del texto escrito está cargado en ocasiones de simples opiniones rebatibles de inmediato con otra opinión encontrada o con vaguedades sin fundamento cargadas de intencionalidad política. La reflexión y el análisis han de mantener el rigor suficiente como para que la inferencia sea incuestionable. Con el ánimo de fomentar y dar contenido al pensamiento crítico, las ideas han de quedar expresados en el texto o en el discurso como fruto de un razonamiento inductivo; es decir, a la observación de los hechos acaecidos en el presente y en el pasado le siguen la reflexión y el análisis para concluir en un resultado que sea fruto, única y exclusivamente, de la inferencia, con el ánimo de que ese enunciado, esa expresión, se convierte en regla de acontecimientos futuros. Solamente así se evita la polémica y la reducción de la idea a una simple opinión, sólo así adquiere validez la conclusión o el pronóstico. El pensamiento crítico se ha de basar en valores intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad.

Llegados a este punto, hemos de preguntarnos ¿cuál es la proyección que el desarrollo del pensamiento crítico y las ideas expresadas de forma verbal o escrita tienen sobre el cuerpo social?. Por descarte, las mayorías sólo son receptivas a la información que proporcionan los medios de comunicación audiovisuales, con una carga de intencionalidad programada. La información, a veces densa y muy específica, no es captada por la ciudadanía, pero deja mensajes nítidos, a modo de consigna, que son reproducidos, boca a boca, por el pueblo llano. Tal vez sea el capítulo de los deportes lo más asequible para todos, así como lo más comentado. En esa misma línea, existe un determinado sector social adicto, al menos así ellos mismos lo manifiestan, a la literatura comercial, sin que esa lectura aporte ni un ápice al desarrollo intelectual; por el contrario, juega un papel enajenante y ayuda a evadirse de un mundo tan irracional como éste, impidiendo el ir más allá del consumo de una grafía ramplona y simple. Por lo tanto, la lectura del campo de las ideas y del pensamiento está reservada a un ilustrado sector minoritario que tal vez lo haga porque necesite contrastar su ideario con el de otros más atrevidos que nos dedicamos a desnudar nuestra mente. Este colectivo, difícilmente cuantificable, tiene claro su posición política y su afinidad por una u otra opción cuando se convocan elecciones. Esto quiere decir que difícilmente podremos influir en sus decisiones. Pero, tal vez, la finalidad más destacable a la hora de editar artículos encuadrados en ese mencionado pensamiento crítico, y otras tantas publicaciones de la misma naturaleza, resida en ir incrementando poco a poco una red social de hombres y mujeres con conciencia que buscan un mundo mejor, por lo que me parece aconsejable continuar en esta tarea.

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