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martes. 16.08.2022

Recortes, reformas, cambios

Estamos adelgazando, consiguiendo silueta, perfeccionando cintura. Y las palabras juegan un papel importante en esta dieta a la que estamos sometidos por parte de Europa, los mercados, los especuladores y muchos más que permanecen en la sombra de las ideologías. La terminología que envuelve la transformación de la sociedad tiene mucha importancia. Las reformas encarnan un sentido positivo. Se reforma siempre para mejorar.

Estamos adelgazando, consiguiendo silueta, perfeccionando cintura. Y las palabras juegan un papel importante en esta dieta a la que estamos sometidos por parte de Europa, los mercados, los especuladores y muchos más que permanecen en la sombra de las ideologías.

La terminología que envuelve la transformación de la sociedad tiene mucha importancia. Las reformas encarnan un sentido positivo. Se reforma siempre para mejorar. De ahí el empeño de nuestro gobierno para hacernos ver que la acumulación de alumnos por clase conlleva una socialización que influye en la madurez de la chavalería. Lo dice Wert con una sonrisa oblícua de quien está seguro haber engañado a alguien desde la superioridad de su sillón ministerial. El copago o repago de los medicamentos que alcanza incluso de los jubilados con pensiones de hambre muchos de ellos, va acompañado de la insistencia por parte de la ministra Mato de que deben sentirse orgullosos de colaborar en la mejora sanitaria.

La amnistía fiscal no es la absolución gubernamental a defraudadores oscuros, abrigados en fortunas de blanqueos sucios y hasta criminales. No es amnistía. Es un gravamen que aflora… Lo dice Montoro. Mientras tanto, se promulga una ley de transparencia y se persigue a unos parados que simultaneaban el cobro del desempleo y cuatro chapuzas y media.

La reforma de la ley laboral no entraña según la ministra Fátima Báñez una amputación de derechos. Es la forma más expedita de crear empleo. Al mismo tiempo el propio gobierno habla de la destrucción de seiscientos mil puestos de trabajo. Y el trabajador empieza a vivir la angustia de tener una nómina hoy sin la seguridad de tenerla mañana porque le pueden rebajar el sueldo, enviarlo a trabajar a Laponia o despedirlo como consecuencia de una mala noche empresarial.

Podríamos seguir hablando de reformas. Pero en la calle el término es otro. Sabemos llamar a las cosas por su nombre. Eso prometió el actual presidente: al pan pan y al vino vino. Los eufemismos carecen de sentido cuando la realidad golpea como la coz de un potro. Y la calle habla de recortes.

Pero tampoco son exactamente recortes. Estos vendrían dados por la necesidad de evitar deuda o de percibir dinero de manera puntual devolviendo los parámetros recortados a su primitiva situación una vez superada la urgencia de esa deuda o cesara la necesidad de mayor capacidad monetaria. Cuando esos recortes se efectúan sobre capas concretas de la sociedad descuidando otras fuentes de fácil acceso, los recortes adquieren categoría de cambio ideológico. En educación, sanidad o servicios sociales se ataca directamente a la clase media-baja y a las capas más desfavorecidas, como parados, pensionistas, dependientes. No se graban las rentas altas, los patrimonios, las herencias, las operaciones bancarias o los bienes y propiedades de una determinada confesión religiosa. Y no se les toca intencionadamente para que en el futuro, y gracias a ese cambio ideológico, se agudice el abismo que separa a unas clases de otras. Se prima la enseñanza privada con desgravaciones, se aplican bonificaciones a los seguros médicos privados y se exime del pago de impuestos a una Iglesia (la católica) a la que además se le adjudican cantidades importantes de dinero.

La implantación de estos criterios separadores se apoyan en reformas y recortes con la intencionalidad clara y evidente de constituir capas sociales divididas por criterios económicos y no teniendo en cuenta situaciones o urgencias propias de cualquier ser humano.

Es alarmante la existencia en el mundo de la miseria, la falta de medicamentos, de vacunas, de agua corriente, de alimentos. Mientras se investigan nuevos avances bélicos y se invierte en armamento, se niega al tercer mundo el pan y el agua. Mientras en el primer mundo nos morimos de obesidad en el submundo se muere de hambre y sed.

El modelo implantado y mantenido a nivel mundial se quiere trasplantar a países que hasta ahora éramos, salvando diferencias, naciones privilegiadas. No es un problema de España. Ciertas naciones de la Unión europea tienen muy claro su anhelo de dominio sobre otros miembros y quieren dejar clara su primacía de pueblos dominantes sobre otros a los que ahogan con exigencias de tiro en la nuca. Italia, Grecia, Portugal, España están siendo exprimidas por especuladores no lejanos. El capital fugado de estos países se refugia en Alemania, enriqueciéndola y aupándola a un dominio que suponíamos extinguido. ¿Cómo se explica si no que toda la Unión viva sometida a los designios de Angela Merkel?

Es comprensible que los ciudadanos nos enfrentemos con nuestros gobiernos respectivos contra unos cambios de modelos insostenibles en este momento de la historia. Pero resulta absolutamente incomprensible que esos gobiernos unidos no se levanten contra esta dominación alemana que ya intentó dominar a Europa por las armas en fechas no muy lejanas.

Recortes, reformas, cambios
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