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jueves. 18.08.2022

Rajoy o la guerra in-civil por otros medios

Que Rajoy sea bobo no significa que no sea peligroso. En realidad es un tipo muy peligroso. Y lo es porque tiene poder. Ese poder se lo han dado más de diez millones de españoles. Rajoy tiene el nivel intelectual y psicológico de un niño de 14 años, pero tiene una cosa clara: que su puesto en el PP, en el partido PPinocho, depende de que sea capaz de mantener la intención de voto, de que no tenga un mayo del 2010 como Zapatero.

Que Rajoy sea bobo no significa que no sea peligroso. En realidad es un tipo muy peligroso. Y lo es porque tiene poder. Ese poder se lo han dado más de diez millones de españoles. Rajoy tiene el nivel intelectual y psicológico de un niño de 14 años, pero tiene una cosa clara: que su puesto en el PP, en el partido PPinocho, depende de que sea capaz de mantener la intención de voto, de que no tenga un mayo del 2010 como Zapatero. Los más de 5 millones de parados le importan un bledo porque en el fondo piensa –junto con el PP y gran parte de sus votantes– que si están en el paro es porque son unos vagos que no aceptan trabajar en un trabajo indignamente remunerado. Rajoy y sus secuaces en el Gobierno –y gran parte de sus votantes– piensan que también sobran todos los funcionarios porque, trabajen en lo que trabajen, no generan riqueza porque cobran de los impuestos. Es de cretinos, porque según eso un maestro que trabaja en el sector privado genera riqueza y merece una retribución, pero si el mismo maestro trabaja en la pública es que le regalamos el sueldo los demás. Por eso y porque funcionariado y Estado de Bienestar están profundamente unidos, para cargarse al último ha de hacer lo propio con los vagos funcionarios. Así de cretinos son los del PP y parte de sus votantes. Ahora les quita una paga a los funcionarios de las 14 que cobran, lo que supone reducirles el sueldo en un 7,14%, además de hacerlo de forma indiscriminada, independientemente de sus niveles de retribución. Y además les quita los días libres llamados moscosos, que con ese apelativo estaban condenados al fracaso porque los del PP no pueden soportar que los funcionarios tengan algo que agradecer a un ministro socialista. A los parados se les reduce la retribución del 70% al 50% sobre la base reguladora a partir del séptimo mes de cobro. Y según Rajoy, el PP y parte de los votantes del PP se lo tienen merecido porque, si están en el paro, es porque quieren. Ahí están 8 millones de alemanes trabajando por 400 euros. Con los dependientes el PP y Rajoy tienen que tener más cuidado porque ahí están muchos de sus votantes. Pero eso lo hacen la Comunidades Autónomas, que para los cretinos del PP no son Estado, además de que algunas de ellas –Andalucía, Euskadi– están gobernados por los peligrosos socialistas, que son unos despilfarradores, aunque lo del aeropuerto de Castellón sea una cagada de los peperos de la Comunidad correspondiente. Además ya han preparado a sus votantes diciendo, por ejemplo, que hay mucho fraude en eso de la dependencia. La justificación del copago sanitario –sólo farmacéutico según argumentario pepero, como si los medicamentos no formaran parte de la Sanidad– también se debe al despilfarro y al uso abusivo de la receta. Con este tema han montado una de no te menees porque los datos de Hacienda que tienen los ordenadores de las farmacias son del 2010. Ahí, sin embargo, han tenido la precaución de aumentar las recetas en función del IRPF –pero sólo según los ingresos derivados de este impuesto– porque ahí está la tercera edad y, por lo tanto, mucho voto pepero. Es verdad que el sistema es injusto por estas dos cosas: porque sólo tienen en cuenta este impuesto y por los niveles de fraude, pero el PP confía que sus votantes de la tercera edad no tengan en cuenta semejante minucia. Hasta ahí Rajoy y sus secuaces habían calculado que estas medidas no iban a mermar su intención de voto. Y hay que reconocer que no han andado descaminados, porque la última intención de voto del CIS le mantenía en un 37%, que unido a la intención de voto del PSOE de un 23%, le daba argumentos a Rajoy y sus secuaces de proseguir en el empeño de desmantelar el Estado de Bienestar.

Rajoy va y viene inculpando a diferentes colectivos de la crisis porque piensa –perdón por unir Rajoy con pensar– que los votos que pierda por un lado los va a ganar por otro. De esta manera va tomando medidas sucesivamente contra los emigrantes –negando el derecho universal a la salud de toda la población–, contra los asalariados, contra los funcionarios. Ha tenido más cuidado con las pymes y los/as pensionistas porque ahí hay mucho voto tardofranquista y mucho autoconvencido privilegio. También inculpa Rajoy a la herencia recibida cuando, si algo hizo Zapatero, fue señalarle el camino a seguir a partir de mayo del 2020; culpa también al BCE, a la Merkel, a Europa, siempre como el niño acomplejado que no ha dejado de serlo nunca. Pero Rajoy y sus secuaces piensan –es un decir– que sus votantes son tan cretinos como ellos y este gallego agranda el camino iniciado por anterior presidente desaforadamente, aunque su camino nos lleve al desastre.

Pero hay algo con lo que no contaba Rajoy y el PP: que la cabezota prima de riesgo no descabalga y sigue impasible el ademán –en este caso también el alemán, tal y como decíamos los niños que estuvimos en los colegios de curas del franquismo–. Y he aquí que a Rajoy y sus secuaces no les queda más remedio que subir el IVA porque estos cretinos ya se han convencido a estar alturas –¿o todavía no?– que sólo reduciendo el gasto público ni se contentan los mercados sedicientes ni se crea empleo. Rajoy ha retrasado lo más posible esta medida porque ahí hay mucha intención de voto de comerciantes y pequeños empresarios que hasta ahora pensaban que Rajoy le mantendría el privilegio de no contribuir a la crisis con sus impuestos. Es verdad que la reducción del gasto afectaba al consumo y al conjunto de la demanda agregada, lo cual redundaba en una bajada de sus ventas, pero Rajoy confiaba en la capacidad de su ministro de Economía de separar la responsabilidad de su ministerio de la marcha de la economía. Razón por la cual el Sr. de Guindos, en lugar de tomar supuestas medidas para relanzar la economía, se dedica a realizar pronósticos como si fuera un profesor de Universidad, aunque el Sr. de Guindos haya estudiado en el CUNEF, que no deja de ser un colegio para niños de papa o casi. Con el aumento del IVA y otros impuestos, y junto con la reducción de la partida del desempleo –¡13.760 millones de euros entre este año más el 2013 y el 2014!– espera aumentar los ingresos en un 56.440 millones de euros según la nota publicada ¡en inglés! por el Ministry of Economy. Se habla de una cifra aún mayor, pero esto es lo publicado oficialmente. Entre esas medidas está la ya rebajada en educación y sanidad (Regions Health Care and Education) de 6.267 millones. Con unos ingresos del conjunto del Estado más la Seguridad Social de 376.700 millones según datos de Eurostat para 2011 (35,1% sobre 1.073.383 millones de PIB), ello supone una reducción del 15% de los gastos públicos. Y eso tirando por lo bajo, porque los ingresos fiscales son menores y porque las intenciones de Rajoy y sus secuaces es de reducir en tres años 65.000 millones de euros. Esto asegura a los peperos dejar el gasto público en un entorno del 30% del PIB, lo cual lleva al tercermundismo el Estado de Bienestar y a la propia democracia, además de asegurar también la recesión y el aumento del paro. ¡Menudo negocio han hecho con esto los votantes del PP!, porque lo del IVA también les va a afectar a ellos, bien sea directa o indirectamente. A los comerciantes, porque no van a poder trasladar en gran medida a los precios el aumento de los costos que supone el aumento del impuesto; a los pensionistas porque son consumidores y la parte trasladada a los precios la pagarán también ellos por más que se creyeran en el privilegio de no soportar la crisis.

Rajoy y sus secuaces pretenden proseguir la división de los españoles entre herederos de vencedores de la in-civil guerra y de los vencidos. El PP, claro está, se considera heredero de los vencedores. Ahí estaba el ministro del dictador, el Sr. Fraga, como presidente del partido hasta que la naturaleza se lo llevó con su jefe –o vaya usted a saber a donde– al país de irás y no volverás. Ahí está Aznar y su bigotito de falangista tardía o, como el decía en el diario de La Rioja, de falangista independiente. Y casi estuvieron en un homenaje al Alcázar de Toledo, homenaje que les dejaba con el culo franquista tan al aire que decidieron anularlo a última hora. Ahí están los ancestros de Gallardón y Aguirre para señalarles la trinchera donde deben estar. Si alguna vez se intentó lo que los socialistas llaman la cohesión social –de loables intenciones, pero de dudosos resultados– y el borrón y cuenta nueva para los franquistas de ayer –hoy votantes del PP– este gallego con vocación de eterno segundón se lo ha cargado. Por eso este tipo cuida a los –y, sobre todo, a las– pensionistas, porque su voto lo tiene asegurado, porque el PP y su Sección Femenina –Aguirre, Cospedal, Barberá– piensan que el franquismo sociológico con toques católicos integristas que aún permanece en una parte de la sociedad les asegura un suelo electoral. No es que eso les dé para la mayoría absoluta, pero un poco de aquí y de allí y un mucho de prácticas neoliberales socialistas –medidas de mayo del 2010 de Zapater–- les ha dado a Rajoy y sus secuaces para destruir el precario Estado de Bienestar, el derecho laboral y ahondar la división de los españoles entre hijos y nietos de vencedores y de vencidos. Bueno, allá él, pero la historia aún no se ha acabado, porque la historia no se acaba de acabar nunca.

Rajoy o la guerra in-civil por otros medios
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