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lunes 16/5/22

Racismo

Qué cosas. Lo de respetar lo políticamente correcto lleva a situaciones realmente absurdas. En los problemas de Roquetas, la muerte a navajazos de un subsahariano, se ha sobrepasado cualquier norma antiracista, racial o como quiera que se diga. Hemos oído en los distintos programas de televisión cómo los subsaharianos (los negros, para entendernos) hablaban de que les habían atacado los gitanos.
Qué cosas. Lo de respetar lo políticamente correcto lleva a situaciones realmente absurdas. En los problemas de Roquetas, la muerte a navajazos de un subsahariano, se ha sobrepasado cualquier norma antiracista, racial o como quiera que se diga.

Hemos oído en los distintos programas de televisión cómo los subsaharianos (los negros, para entendernos) hablaban de que les habían atacado los gitanos. Palabra que, en ningún momento, pronunciaron los redactores o reporteros de radio y televisión.

Funciona lo políticamente correcto, con lo que no se dice nada de la condición racial del atacante, pero, en cualquier caso, se nos oculta un dato más de los hechos. Parece, por lo que cuentan los “morenos”, como ellos mismos se llaman, que fue un gitano quien se enfrentó al muchacho que resultó muerto en la reyerta. ¿Tiene algo que ver la etnia del agresor?

No lo sé, pero no entiendo el afán por ocultar un dato que, en el fondo, no deja de ser un dato más para entender las cosas. No por ser gitano, sino para comprender que lo sucedido en Roquetas tiene mucho que ver con la marginalidad, tenga el color que tenga. Porque negros y gitanos andan en la marginación y la desesperación.

La normalidad llegará cuando en este país la raza, la etnia, el sexo, incluso, deje de ser un elemento más en un hecho delictivo. Si el agresor fue un gitano, ¿por qué no decirlo? Si no lo fue, ¿por qué no señalarlo?

El racismo no es hablar de gitanos. Y la normalización racial no es ocultarlo. Si fue alguien de etnia gitana, fue un gitano quien se enfrentó y acuchilló a un negro. Y hay que decirlo, siempre como un elemento de la información. Lo que, a lo mejor, no se pueden decir son cosas como las que dijo el alcalde, probablemente con el apresuramiento de quien quiere que las cosas no se desmadren: "Es una peleea que, por desgracia, no ha terminado bien". Como si la violencia pudiera acabar bien alguna vez, pero, en fin...

Hace unos años, en el periódico en el que yo trabajaba, nos llegó una nota pidiendo que no utilizáramos la palabra reyerta al escribir sobre un determinado hecho delictivo. Argumentaban que reyerta era una expresión vinculada a los gitanos. Me pareció y me parece- una petición absurda. Reyerta es lo que es. La protagonicen gitanos, payos, negros o magrebíes.

Ahora, al ver cómo se ha ocultado la etnia del posible agresor, me da la sensación de que estamos ocultando entre el laberinto del lenguaje, la realidad de las cosas. Pienso que los verdaderos racistas son quienes ocultan entre las matizaciones de las palabras, la terrible y amarga realidad.

Los negros de Roquetas pueden cantar con Nicolás Guillén:

Tengo que ya tengo
donde trabajar

y ganar
lo que me tengo que comer.

Tengo, vamos a ver,
tengo lo que tenía que tener.


Exactamente: lo que tenía que tener. Y nada más y nada menos.

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