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miércoles. 08.02.2023

La publicidad, la Abeja Maya y las pensiones

Uno de los actuales productos en el escaparate de la que, probablemente, sea la entidad financiera más nefasta, más rescatada, más “preferente”...

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Uno de los actuales productos en el escaparate de la que, probablemente, sea la entidad financiera más nefasta, más rescatada, más “preferente” y más “ppopular” de este país en el que vivimos, BANKIA, tiene todo que ver con lo de siempre: sacarle el dinero a los ciudadanos sin importar el cómo. Supongo que los directivos de turno andarán atareados haciendo seguimiento de la costosa difusión publicitaria en la que están inmersos, dado que no en todas las legislaturas tienen la oportunidad de vender una alternativa privada a algo tan jugoso como el sistema público de pensiones; a ese derecho al que el ejecutivo nacional, amnésico de sus promesas electorales, quiere condenar a una paulatina depauperación. Y lo digo debido a que en la última semana he sufrido en varias ocasiones la náusea al tener que enfrentarme a un ingente despliegue publicitario obviamente dirigido a manipular emociones enraizadas en nuestro más íntimo acervo afectivo. Indignante por no decir soez. Pero de eso hablaré luego. Todo a su tiempo.

La oportunidad de una oferta financiera de este cariz, planes de pensiones privados, es incuestionable. Los Bancos cuentan actualmente con los mejores amanuenses posibles, el gobierno de Rajoy, y lógicamente aprovechan cada hachazo legislativo a los servicios públicos, en este caso a las pensiones, para lanzar a su albur productos supuestamente sustitutorios de los recién cercenados derechos. Oliendo a suculentos beneficios y excitados, los gestores bancarios con apreciados amigos sobrepolíticos, habituados a comer mucho, caro y varias veces al día; de hambre nunca pecan, se encuentran en estos momentos relamiéndose, babeando, ante tanta "oportunidad" de negocio liberal. Hasta aquí nada sorprendente. Todo permanece inalterable bajo la bandera bicolor del reino: los tiburones siguen dando vueltas alrededor de sus presas, los buitres continúan rondando la agonía de las suyas; sabio instinto de supervivencia el que anima a ambos, y mientras tanto, brillando la sabiduría por su ausencia, ajenos a cualquier  naturaleza asumible, las entidades financieras permanecen fieles a sus mórbidas  improntas depredadoras de siempre. Pero me niego a que este artículo trate sobre el voraz apetito comercial de las jaurías financieras y sus adyacentes mascotas ejecutivas. Quiero escribir sobre la prostitución de nuestra memoria colectiva; sobre la manipulación de nuestros recuerdos e iconos infantiles; sobre la publicidad insultante.

Cuando Caja Madrid se encontraba en pleno proceso de metamorfosis bancaria; estando enfrascada en una demencial huida hacia delante, enfocada en la inflada venta de su nuevo nombre con K intercalada, la entidad que dirigía Rato tuvo el mal gusto de asquearnos con una absurda campaña publicitaria en la que se nos invitaba a ser “Banqueros"; como si eso fuera algo deseable; como si el más conocido personaje de las inmortales historias kafkianas, Gregor Samsa, nos hubiera tratado de aleccionar sobre las bondades de convertirnos en cucarachas. Pero parece ser que esa aberración no fue suficiente para el departamento de Marketing de esta entidad. No muchos años después, Noviembre 2013, nos encontramos con que BANKIA vuelve a la carga ondeando la bandera, en este caso negra, de la publicidad basura, de los mensajes manipulados; esos en los que todo vale, incluido el tratar a los ciudadanos como absolutos idiotas indignos de respeto alguno.

Para vender sus planes de pensiones BANKIA ha decidido comenzar a utilizar, nada más y nada menos, que las figuras y músicas de diferentes series de dibujos animados con los que tantísimos hemos crecido, aprendido, reído, jugado y soñado: la Abeja Maya, Vicky el Vikingo, Heidi y Marco. Verlo para creerlo. Aunque suene inaudito, que suena, han decidido usar nuestro dinero, el que les rescató, para prostituir las imágenes, recuerdos y vivencias de niñez de millones; para intentar engañar buscando exprimir las emociones que atesoramos; para  llevarnos a consumir, a consumirles, a engordar aún más sus rollizos bolsillos, a costa de manipular al niño que llevamos dentro. Aunque suene a delirio, siendo increíble, han decidido que toda la ternura, encanto y sabiduría que llenaba cada uno de los episodios protagonizados por la compañera de un abejito dormilón llamado Willy; que todo el buen sentido común practicado por el niño del norte que ante la fuerza bruta daba rienda suelta a su vivaz inteligencia; y que toda la melodramática dulzura de una pequeña pareja alpina que a más de uno hicieron llorar; que todos ellos, estén a sueldo de su empresa, de un Banco con una trayectoria siniestra como pocas. Más allá del inicial -Qué repugnante. Ni Maya está a salvo–, que me salió del estómago y del corazón al ver por primera vez uno de los anuncios, quiero subrayar que de todos los principios y valores que aquellos miles de minutos dibujados nos mostraron a tantos , ni uno sólo, ni uno siquiera, ni medio, es representado por la entidad bancaria que ahora está pretendiendo manosear con avaricia ese emotivo capital. No me cabe la menor duda que, de haber podido, Maya hubiera aguijoneado en su acomodado trasero a más de un directivo de la extinta Caja Madrid, o lo haría ahora con sus clones de BANKIA. Tampoco dudo que Vicky el Vikingo, de tener la ocasión, daría con un buen puñado de brillantes ideas que conducirían a unos cuantos antiguos, y no tan antiguos, gestores de esta entidad amiga de los desahucios, que no de los desahuciados, directos a los barrotes. O que incluso hasta la cándida Heidi hubiera incitado, o incitaría, a su perrazo “Niebla” para que aliviara los fríos y apretones, que no el contenido de su barrilito lleno de licor, a las puertas de determinadas sucursales.

Más allá de la obvia legalidad de esta campaña publicitaria, tengo claro que muchos, grandes y pequeños, consideramos a todos estos preciados personajes animados como patrimonio de nuestra más íntima memoria colectiva; un tesoro que, aunque solo fuera por una mínima deontología publicitaria, sectorial, o siquiera por mera decencia de primaria, debería estar a salvo de cualesquiera manipulaciones comerciales se plantearan a su costa.

Yo recomendaría encarecidamente a esta entidad bancaria, a BANKIA, desde la humildad de alguien que disfrutó y aprendió mucho en aquel país multicolor donde Maya alternaba entre problemas y soluciones, aventuras y sustos; y que, como ella, no soporta a los insectos malintencionados o ventajistas, que hagan lo posible por evitar seguir añadiendo infamias publicitarias a su, ya a estas alturas, repleto historial. Háganse un favor, les diría; quiéranse un poco. Más allá de sus intereses y desmedidas ansias de beneficios, quieran también a sus hijos, a sus nietos y, por favor, dejen tranquilos a los tiernos referentes culturales de generaciones enteras.

Si a pesar de mi recomendación decidieran insistir en la manipulación de protagonistas de dibujos televisivos para sus campañas, yo les sugeriría que al menos procuraran atinar con los perfiles de los elegidos y adquirieran; ya puestos a gastar el dinero de todos que se use con cierto sentido, el derecho a la tergiversación publicitaria de figuras animadas más afines a sus constatados objetivos comerciales e idiosincrasia bancaria. Quiero decir, se me ocurre, por ejemplo, que mostraran en sus múltiples anuncios a los rayados Hermanos Dalton o a los, también rayados, Golfos Apandadores. Estoy seguro que, tanto el solitario vaquero Lucky Luke, como el  forrado Tío Gilito; teniendo ustedes ocupados a sus “dudosos” compañeros de viñetas en labores comerciales, agradecerían enormemente el momentáneo respiro que esa coyuntura les proporcionaría. Y ya de paso, metidos en enumerar beneficios privados, yo también me ahorraría tener que defender a mis animados referentes infantiles de burdas manipulaciones publicitadas a bombo y platillo.

La publicidad, la Abeja Maya y las pensiones