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miércoles. 10.08.2022

PP o Democracia

En ese camino del Partido Popular hacia la destrucción de la Democracia cada vez se atreve a más, cada vez da un paso más. Y tiene la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación. Es verdad que muchos de los votantes del PP no son conscientes de ese camino; incluso es probable que algunos de sus militantes tampoco, pero la cosa está en marcha.

En ese camino del Partido Popular hacia la destrucción de la Democracia cada vez se atreve a más, cada vez da un paso más. Y tiene la ayuda de la mayoría de los medios de comunicación. Es verdad que muchos de los votantes del PP no son conscientes de ese camino; incluso es probable que algunos de sus militantes tampoco, pero la cosa está en marcha. El PP, sin abandonar su esqueleto fascistoide, sin renunciar a su herencia, se ha está camuflando de neocon, de Tea Party, de ese nuevo fascismo que ha cruzado el charco y se ha instalado en USA, en el ala derecha del partido Republicano yanqui. Esto acontece a los imperios cuando olfatean su decadencia. En el fascismo, otrora europeo, ocurre que una parte de la población se convence y es convencida por una minoría de que la causa de la decadencia es la democracia, que permite supuestos privilegios de sectores de la población que no debieran tenerlo (judíos en la Alemania nazi; inmigrantes latinos en USA; inmigrantes, parados, funcionarios, personas de la Cultura, en la España de Rajoy; los moros y judíos de la España Imperial). El fascismo siempre necesita chivos expiatorios. El que “se jodan” de la diputada del PP no es sólo el grito estentóreo de una cretina –que lo es, sin duda– hacia uno de los chivos expiatorios del P. P. como son los parados, sino la expresión del verdadero programa de este partido hispano-neocon que es el PP, sólo que expresado con el nivel intelectual que le caracteriza. El cambio de la ley de RTVE para nombrar un comisario político sería digno del mismísimo Goebbels. Más pasos: los gritos de la verdulera de E. Aguirre llamando comunista como un insulto al representante de IU en el Parlamento regional de Madrid nos retrotrae a uno de los mantras del franquismo que parecía olvidado; sólo falta lo de los masones y algún otro contubernio por llegar, pero que llegará, seguro. Más pruebas. Ya hemos visto las primeras consecuencias del nombramiento del comisario político: entrevista con Rajoy en horario prime timey la postergación de la manifestación de la Diada catalana del 11-S a un cuarto lugar en la jerarquía de las noticias del día. Más síntomas de ese retorno al franquismo: la nueva política de apoyo y financiación a la segregación por sexos en la enseñanza concertada, segregación consentida y defendida por el ministro de Educación, el Sr. Wert, un tipo, por cierto, que parecía normal cuando era tertuliano en TVE. Las manifestaciones de algunos dirigentes del PP –la inefable Aguirre la primera– contra la ex-carcelación del preso de ETA Bolinaga, ya enfermo terminal. No menos importante, aunque de apariencia menos brutal, es la propuesta de la Sra. de Cospedal, presidenta de la Comunidad de Castilla-La Mancha, de que los miembros de su Asamblea no tengan retribución alguna. Es posible que encuentre un apoyo electoral en sectores de la población, pero eso, en todo caso, demostraría dos cosas: primero, el bajo –por no decir nulo– nivel intelectual de quienes están de acuerdo con esa propuesta; segundo, el retorno de nuevo a la época franquista. En efecto, sólo podrían llegar a esos cargos gente con mucho dinero y tiempo libre; lo harían además sin ninguna responsabilidad puesto que su trabajo no sería retribuido. Igual que en las Cortes franquistas donde sus señorías sólo iban a votar y aplaudir las decisiones del dictador y genocida Franco. Y de la ley de la memoria histórica ya ni hablamos. Tal como se legisló y de quién quedó la responsabilidad de su aplicación fue el sueño de una noche de verano de un tal Zapatero, un presidente ya casi olvidado junto con su republicanismo social voluntarista. Son pasos que está dando el PP hacia la democracia como mero sistema electoral. Y eso mientras les de el poder. No hay que fiarse, porque ya la destruyeron sus ancestros ideológicos y/o biológicos en el 36 del siglo pasado.

El PP, siguiendo esas corrientes de la extrema derecha yanqui del Partido Republicano, aprovecha la crisis para cercenar la educación y la sanidad pública. Es cierto que el tamaño de la tarta ha disminuido con la crisis y a causa de la espiral contractiva en la que nos ha metido el Gobierno del PP con su política de recortes. Eso ya se está viendo en la disminución del Consumo. Ya lo habíamos visto en Portugal y, sobre todo, en Grecia, donde hace ya algún tiempo que mejor les hubiera ido salir del euro. Los helenos llevan ya tres años financiándose a más de un 20% de media de tipo de interés, lo cual les asegura el infierno económico. Y los Monti, Draghi, Merkel, Rompuy, Rajoy no cambian por más que se astillen los cuernos contra la realidad. Por ejemplo, en España sólo se ha recaudado 50 millones por obra de la amnistía fiscal del ministro de Hacienda Montoro, cuando esperaban recaudar 2.500 millones. Un fracaso así debería provocar la dimisión de una persona simplemente normal y decente. Es decir, lo de las astillas. Aún admitiendo que el tamaño de la tarta haya disminuido, lo que hay que cambiar es el reparto de los costes de la crisis. Hay que recuperar para la Administración Central los impuestos sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones; hay que eliminar todo tipo de deducciones y desgravaciones en el Impuesto de Sociedades, en los ingresos derivados de los fondos de pensiones en el IRPF; hay que poner al mismo tipo marginal los ingresos de las rentas del trabajo que las rentas del capital; se puede también implantar un impuesto sobre las grandes fortunas; acabar con los privilegios de la SICAV; implantar la tasa Tobin. Y sin olvidar un cambio sustancial, diría que brutal, en el código penal para evitar el fraude fiscal, la evasión fiscal y la famosa “optimización” fiscal del ya casi olvidado ministro Piqué. Hay que reconstruir todo el sistema de financiación, de las autonomías, porque en el actual unos ingresan y otros gastan. Nada de impuestos compartidos y/o cedidos. Sólo propios. Que cada palo aguante su vela. Debemos ir a una fiscalidad federal, donde cada Autonomía tenga la responsabilidad de su ingreso fiscal y de su gasto. Y lo mismo para las haciendas locales. En realidad está todo por hacer, porque la crisis ha demostrado que lo hecho durante la Transición y en estos años de democracia ha sido tan frágil que le ha bastado a la derecha nacional nueve meses de gobierno para destruir o mordisquear brutalmente todas las conquistas sociales: la ley del aborto está en peligro; vamos a la cadena perpetua; la enseñanza pública con menos dinero y más alumnos; la sanidad en trance de privatización y de eliminación del derecho universal para los ciudadanos sin excepción; la ley de la dependencia destruida, y el derecho laboral volcado a favor de los llamados empresarios. A Rajoy, el mentecato, nada de esto le puedes decir porque el está centrado en la economía y en el empleo. Eso sí, de economía entiende lo mismo que un calamar de Teología: nada. Sólo hay que oírle hablar. Y el empleo sólo le importa si eso le quita votos. Y cuanto más se centra más se equivoca.

Las encuestas señalan la caída de intención de voto del PP desde el 44,6% de las elecciones al 30% actual. Aún son muchísimos, porque la mayor parte de los que votan al PP no les interesa la política económica del PP, aunque ellos no lo saben y no quieren saberlo. La reducción del gasto público lleva a menores ingresos fiscales por la reducción de la actividad económica, y eso perjudica a los pequeños empresarios, a los autónomos, incluso también a la grandes empresas. A nadie le conviene. Surge aquí una cuestión peliaguda desde el lado de la sociología empresarial. Si esto es así, ¿cómo es que la cúpula empresarial aplaude las decisiones de Rajoy que llevan a perjudicar sus negocios? Una parte de ese aplauso demuestra la cretinez de la clase empresarial española, pero no todo lo puede explicar eso. Incluso banqueros como Botín aplauden o corresponden la sonrisa estúpida de Rajoy, cuando al sector financiero le convendría siempre una economía en expansión con el límite de una inflación tolerable. Un análisis clásico de clases no podría dar con la pista. En realidad se trata de una lucha por los privilegios que se derivan al estar cerca del poder jurídico. Forma parte de la tradición empresarial española, desde la época del Imperio que no se ponía el Sol. En realidad los grandes empresarios españoles no son liberales en el sentido actual, no creen en la libre competencia, en la competitividad, en el libre mercado. Por el contrario, prefieren estar al lado del poder, al socaire de sus posibles prebendas, para estar el primero a la hora del privilegio, porque hasta los favores del poder son limitados dado que los recursos son siempre escasos, incluso los públicos. De ahí el cabreo de los Botín y compañía con la solución de Bankia: ya no es posible otra Bankia, es decir, otra solución tipo Bankia a costa de nuestros impuestos (ya veremos cuanto se recupera cuando el FROB venda las acciones en su poder). Es el do ut des latino (doy para que me des): yo te aplaudo, pero a cambio quiero ser el primero en la lista en la soluciones de privilegio no vaya a ser que no haya para el segundo.

El PP se ha convertido en un enemigo de la democracia española porque ésta no es ya en España ni en el mundo democrático un mero sistema electoral. Detrás, encima y debajo de la democracia está un Estado de Derecho y un Estado de Bienestar, y todo lo que hace este partido tiene como objetivo su destrucción. Es un target a medio plazo, pero el camino ya se lo han mostrado a la Aguirre, al Aznar, a El Mundo –y quizá a algún otro que masculla inglés– la extrema derecha yanqui. La economía, según criterio neocon, no es cosa de los políticos. La política hay que privatizarla. El Parlamento ha de convertirse en un mero Consejo de Administración de una empresa privada. O quizá ni eso. La política la han de hacer personas de mucho dinero con tiempo y libre y/o grandes empresarios en su tiempo libre (la propuesta de la Cospedal lleva a eso). Por eso parece necesario la destrucción política del PP. No se trata sólo de que pierda las próximas elecciones, sino de que no renazca de sus cenizas, porque nuevas legislaturas del PP después de esta puede llevar, no a las dos Españas que ya existen y que Aznar y Rajoy ha reforzado, sino de nuevo al enfrentamiento entre estas Españas. Y si eso es inevitable, que esta vez tengamos los demócratas la garantía de que vamos a ganar. Un partido de derechas parece inevitable en la democracia, pero éste no, éste es la herencia de lo peor de nuestra historia y su tiempo se ha acabado. En realidad su aspecto programático se acabó en la Transición, pero si sobrevive es gracias a un rescoldo sociológico, rescoldo que ha de renunciar al franquismo por mucho que le pese. Y si no puede renunciar, pues habrá que obligarle, porque la democracia está por encima de la nostalgia de los que estuvieron al lado del genocida y de sus herederos.

El PSOE debiera convertirse rápidamente en un partido al menos socialdemócrata e IU tirar del PSOE, criticarle, pero sin que eso le lleve a dar ventaja al enemigo (el PP). Lo de Extremadura debiera ser una excepción. Socialdemocracia supone al menos dos cosas: defensa a ultranza del Estado de Bienestar y redistribución de la renta y la riqueza en un sentido de mayor igualdad. Las medidas de Zapatero de mayo del 2010 fueron un torpedo en la línea de flotación de estos requisitos. Mejor sería reconocer el error; reconocer que fue el primero en recortar a pesar de que el PP ha hecho creer a sus votantes –aprovechando su casi nulo nivel intelectual– que era un manirroto. Y sin embargo los hechos están demostrando que ambos estaban equivocados, que los barros de los recortes de Zapatero (15.000 millones) y los de Rajoy (65.000 millones, pero aspira a ¡220.000 millones!) están provocando los lodos de la espiral contractiva en la que ya estamos. La crisis les sobrevino, es cierto, porque luchar contra ella supondría un nivel intelectual y un coraje del que ambos carecen. Pero ahora estamos ya en las consecuencias de sus políticas. Es verdad que su margen de maniobra es limitado porque la que se ha quedado con casi toda la tarta de la maniobra es la Merkel, la heredera de Hitler (el III Reich por otro medios), pero en lugar de empujar su margen en la dirección adecuada, Rajoy –como antes en mayo del 2010 Zapatero– se ha subido al mismo carro que la teutona. Y ese carro nos lleva al abismo.

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