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viernes. 12.08.2022

Pozuelo, "los niños" y la derecha

NUEVATRIBUNA.ES - 11.9.2009La derecha, defensora del orden, la familia y los principios está preocupada: 200 jóvenes asaltaron una comisaría en Pozuelo, un pueblo de Madrid, 20 de ellos están detenidos. La culpa la tiene, advierten, la falta de principios morales, la sociedad tan permisiva, la educación que es un fracaso. Y la familia, desgarrada por tanto relativismo moral.
NUEVATRIBUNA.ES - 11.9.2009

La derecha, defensora del orden, la familia y los principios está preocupada: 200 jóvenes asaltaron una comisaría en Pozuelo, un pueblo de Madrid, 20 de ellos están detenidos. La culpa la tiene, advierten, la falta de principios morales, la sociedad tan permisiva, la educación que es un fracaso. Y la familia, desgarrada por tanto relativismo moral. El diario ABC da un paso más y pone cara y ojos a los responsables, apunta a las causas más profundas. “Los jóvenes de izquierdas y ateos son más permisivos con los gamberros” coloca en su portada del día jueves 10.

Detrás de los grandes titulares y, con cuentagotas, van llegando otros datos. La letra pequeña esconde párrafos que se camuflan, con las marrullerías de siempre, como si su destino fuera pasar lo más desapercibidos posible. Nos enteramos que uno de los chicos es nieto del marques de Feria; que los guardas de seguridad de las urbanizaciones habían facilitado coartadas a “los niños” para dificultar su detención; que sus papás sacan pecho de la buena educación y del respeto a las leyes que les han inculcado mientras se oponen, con los mejores abogados, a la sanción impuesta por el juez, que les ha condenado a tres meses sin salir después de las 10.

¿Lo entiende ya? ¿No? Entonces es que le faltan otros datos. Por ejemplo, que Pozuelo es una de las ciudades élite del noroeste de Madrid, uno de los feudos de las clases medias acomodadas donde el PP, sacó en 2007 el 67% de los votos, 12 puntos más que cuatro años antes. Sin recuperar esa información no entenderá lo que pasa y le quieren ocultar: que “esa sociedad en crisis” no es exactamente, exactamente, la nuestra sino el prototipo de la que la derecha quieren generalizar a toda España, con unos chicos que tienen de todo menos educación para la ciudadanía; que la familia fracasada es la regida por la jerarquía y el orden de siempre, con un padre cargado de autoridad y “respaldado siempre por mamá”; que la enseñanza que apuntan como causa de la crisis la imparten los colegios privados en la que se educan los niños, con profesores mal pagados e instalaciones estupendas; que el orden fracasado correspondía garantizarlo a las policías locales de sus municipios, “americanizados” con motos y todoterrenos de lujo, arropada por una pléyade de guardias de seguridad privada que trabajan en sus urbanizaciones, cerradas para que nada les perturbe, dispuestas a dar coartadas a los niños cuando la policía de Rubalcaba quiere detenerlos.

El alcalde de Pozuelo ha culpado de los incidentes a un grupo de "energúmenos de fuera" pero, en realidad, los culpables son energúmenos de dentro, de bien dentro. Es esa “España profunda”, con sus recetas de orden aparente y superficialidad en sus soluciones, la que está especialmente en crisis.

La izquierda duda y sabe que no tiene soluciones para todo. Y hace bien. Pero mal hacemos cuando no respondemos a los ataques que nos señalan como culpables, directamente o a través del circunloquio de atacar a los progres y ateos o cuando se estigmatiza a la generación del 68 como origen y fuente de todos los relativismos morales. Son artilugios utilizados por los neocons para construir, contra su experiencia pero sobre nuestras espaldas ideológicas, los más diversos integrismos autoritarios. El objetivo es liquidar todos nuestros símbolos y conquistas: el impulso la liberación de la mujer y el desarrollo de las libertades individuales; la ruptura con los moldes tradicionales, incluida la moral familiar y sexual, o con la autoridad tradicional, la misma que ha amparado, durante tantos siglos, la violencia de genero como algo legitimado por corresponder a los espacios privados.

El PP aboga porque se “restaure” el principio de autoridad, pero es su sentido de autoridad el que está en crisis, el mismo que apadrinó el camino iniciado en 2002, en plena vorágine del orden aznarista, cuando la solución era “meter en cintura a los jóvenes” y prohibir el consumo de alcohol en la vía pública, a excepción de las fiestas patronales. Aquella ley del botellón que Gallardón impulsó como presidente de la Comunidad no era la “solución”.

La izquierda debe entrar, sin complejos, en el debate sobre el orden y el botellón, pero no enredarse en él. Hay que ampliar el foco, no es posible despreciar una ocasión como ésta para entrar en el debate ideológico. Hay que denunciar la privatización de la sociedad por incapaz de estar a la altura de lo que “vende” y los simplismos de su modernidad aparente trasladados a la familia, la enseñanza o la seguridad. Podemos y debemos reclamar soluciones que aporten mayor participación y eficacia en la gestión de lo público e interclasita, o sentirnos corresponsables de una necesaria revisión del sentido de autoridad en las escuelas o en las familias, pero nunca debemos oscurecer nuestra mirada para condescender con soluciones que recuperen el autoritarismo más rancio. Y las falsas alternativas.

Ignacio Muro Benayas es economista y profesor de periodismo en la Universidad Carlos III. Autor de “Esta no es mi empresa” (Ecobook, 2008).

www.ignaciomuro.es

Pozuelo, "los niños" y la derecha
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