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miércoles. 10.08.2022

¿Es posible alcanzar el bienestar para todos en el Euro?

Desde hace un tiempo tengo claro que hay que superar la economía tal y como se ha entendido hasta ahora...

Hace mucho que no escribo sobre economía. Perdone el lector este comienzo que no pretende ser una justificación sino simplemente una forma de solemnizar una realidad incontestable. Soy economista de formación y fui muchos años profesor e investigador en la Universidad, pero me peleé con una disciplina que no es una ciencia por mucho que así nos la enseñaran. Varias generaciones de economistas en Occidente se han formado en torno a escuelas de pensamiento y modelos que han hecho aguas permanentemente, pero de los que sólo hoy conocemos su verdadero impacto social. Modelos basados en considerar a las personas como cerebros racionales que maximizan su utilidad, cualquiera que sea la forma en que se exprese, y que compiten entre sí. La realidad esta vez ha superado a la ficción. La crisis es una estafa, sí, pero muchos los que asesoraban a los gobiernos e instituciones que nos han traído hasta aquí ahora pretenden convencernos de lo contrario utilizando el mismo arsenal teórico averiado.

Sí, es verdad que muchos economistas amantes de los credos neoliberales y neoclásicos han sido ejecutores de estas desgracias, bien dirigiendo entidades financieras, agencias de calificación o asesorando a gobiernos e instituciones. Pero otros muchos, entre los que se encuentran keynesianos y quienes se autoconsideran defensores de lo público y enfrentados a los anteriores, también asesoraban a gobiernos supuestamente de izquierdas y ninguno de ellos (aunque ahora algunos quieran apuntarse el tanto) ni previeron la crisis, ni advirtieron sobre los graves desequilibrios, ni sobre la creciente desigualdad incluso en época de bonanza, ni hablaban de la pobreza aunque en 2007 hubiese 2 millones de pobres en España, ni tampoco acertaron a aplicar medidas correctoras. Ahora unos y otros disputan sus combates florentinos escribiendo best-sellers y dando conferencias. Economistas “twitstar” jugando con los ciudadanos como si fuesen cobayas en un laboratorio.

Desde hace un tiempo tengo claro que hay que superar la economía tal y como se ha entendido hasta ahora. Algunos lo llamamos pos-economía. No es una mera descripción acorde con los tiempos, se trata más bien de una conclusión: Resolver la profunda crisis económica y social exige desaprender buena parte de la teoría económica aprendida. No se trata de hacer otras cosas. Ya no es un problema de instrumentos. Hoy el verdadero desafío es transformar valores, principios y modelos de partida. Hace poco leí que alumnos de economía de la Universidad de Manchester pedían públicamente un cambio de los planes de estudio para poder aprender a ser útiles a la sociedad, y parece que el movimiento se está expandiendo poco a poco. Últimamente he asistido a charlas de jóvenes economistas que se han rebelado contra los vetustos principios de la academia y de la vieja losa de una economía ajena al sufrimiento humano. Todavía queda esperanza.

Llevo varias semanas leyendo documentos, escuchando debates y reflexionando sobre la crisis y sus soluciones. No se preocupen que no pienso utilizar datos y estadísticas. Hay una brutal infoxicación en torno a datos económicos que casi nadie entiende salvo una pequeña porción de personas que han hecho de la economía un arcano indescifrable. Este es otro problema de esta mal llamada ciencia: hay datos, cifras y argumentos para todos los gustos. La economía es de hecho una disciplina que permite utilizando o produciendo datos explicar y demostrar cualquier cosa, incluso la verdad. No corro el riesgo de ser criticado por la profesión porque no creo que me consideren de la familia. Es la ventaja de ser poseconomista, también la de no tener servidumbres.

He llegado a dos conclusiones. La primera es que la sociedad española no podrá garantizar el bienestar futuro para la mayoría de los ciudadanos si permanece en la zona euro tal y como hoy existe. La segunda es que a esta zona monetaria no le queda mucha vida. Creo que es imprescindible hacer pedagogía para que los ciudadanos no sólo comprendan, sino que participen de manera activa de un gran reto social y político. Trataré de explicarme.

La sociedad española, al igual que otras economías del sur de Europa, está atrapada entre la espada y la pared. No tiene instrumentos propios para mejorar la situación económica y social del país, pues ha ido cediendo soberanía en materia de política económica, y quien la tiene en estos momentos (Troika, Banco Central Europeo, Comisión, Alemania..) no va a actuar en contra de sus intereses o de a quienes representan. Ello condiciona lo que está pasando y se puede recrudecer en un futuro: salarios cada vez más bajos, incremento de la desigualdad y la exclusión, pobreza que alcanza incluso a trabajadores asalariados, vuelta a un modelo de servicios de bajo valor añadido en la que quedan atrapados desempleados y trabajadores cada vez más precarizados en sus condiciones laborales.

La Deuda Pública española que alcanza ya prácticamente el 100% del PIB no se va a pagar nunca. Es políticamente incorrecto decirlo así, pero esa es la verdad, y muchos gobernantes lo reconocen en privado. Es una irresponsabilidad no decirlo en público. El país no puede utilizar ni el tipo de cambio para ganar competitividad exterior, ni otros instrumentos de política monetaria para afrontar la falta de liquidez del Estado que cada vez ingresa menos por la crisis y la caída de la recaudación, entre otras cosas por las políticas y compromisos a los que el Estado español se ha ido comprometiendo, y ha reconocido y firmado ante sus socios. Dentro de poco, si se consuma la Unión Fiscal y la Unión Bancaria, se perderá la poca soberanía económica que le queda al país y ya ni siquiera se podrá aprobar un presupuesto nacional que incurra en mayor gasto público para mejorar el bienestar pues no lo permitirán nuestros compromisos. La Deuda así no hará más que crecer. Brillante futuro ¿verdad?

Los que abogan porque la solución a la crisis está en Europa y no en España en el fondo llevan razón. Con el panorama antes descrito los gobiernos nacionales poco pueden hacer. Pero ¿alguien se cree que el Banco Central Europeo va a prestar a los gobiernos? ¿Alguien se cree que se van a producir transferencias entre países y regiones ricas y países más pobres para compensar la falta de instrumentos correctores y de redistribución de rentas? Sí, se puede hacer en teoría: cambiando los Tratados. Pero es casi inverosímil. Debería producirse un tsunami electoral en todos los países de la Unión para que nuevos Gobiernos impulsaran una nueva Unión Económica Europea y luego esperar ¿cuánto? ¿cinco? ¿diez? ¿quince años para modificar dichos Tratados? Como es obvio los millones de parados y de pobres en Europa no pueden esperar tanto.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿Hay soluciones? Me atrevo a esgrimir unas cuantas, algunas ya advierto que no las encontrarán en los grandes altavoces mediáticos de los distintos poderes.

En el plano político, es preciso hacer pedagogía y concienciar a la mayoría de la población de que es preciso conformar un espacio social y político que sea capaz de articular soluciones radicalmente distintas a lo que se ha venido haciendo en las últimas dos décadas para resolver la grave situación económica.

Un nuevo proceso constituyente que modifique las prioridades de las instituciones y que de lugar a un gobierno dispuesto a enfrentarse de verdad a los intereses del establishment europeo, utilizando la única medida de presión que por desgracia tenemos: Nuestra Deuda. Dicen que si debes 1 millón de euros tienes un problema, pero si debes el 100% del PIB el problema es de los acreedores. Utilicemos estratégicamente esta cuestión. Hagamos una Auditoría ciudadana y democrática de la deuda, y exijamos el cambio radical de las políticas comunitarias.

Un país no va a poder hacer todo esto en solitario. Por ello es absolutamente necesario que esos espacios sociales y políticos nacionales se articulen de manera transversal en varios países del Sur de Europa que están sufriendo las consecuencias del modelo dual que ha generado el euro. La unión hará la fuerza.

Y en tercer lugar, una cosa de la que no hablan ni los grandes líderes de opinión, ni las fuerzas  políticas antes mayoritarias, ni por supuesto los poderes económicos y financieros: Si no modificamos radicalmente los principios y valores en los que se sustentan económicamente nuestras sociedades, no habrá nada que hacer. Los pragmáticos dirán que esto es un unicornio. Yo les contesto que entonces dejen de mentir a la mayoría de la gente porque entonces no saldrán nunca de la pobreza y la exclusión. Europa que fue cuna de grandes avances sociales necesita un Renacimiento Económico. La Europa Social ha sido engullida por la Europa de los Mercaderes. Si las finanzas siguen mandando, poco se podrá cambiar. Si seguimos esa carrera alocada por la competitividad, además de perderla frente a países como China, dejaremos al borde de la exclusión social y la pobreza a la mayoría de los europeos. Hay que cambiar el sistema económico por un modelo de economía colaborativa y cooperativa, basada en el procomún, en el conocimiento libre y en la economía verde ecológicamente sostenible. Hoy sabemos que la trampa de la escasez es un artificio, hagamos de la abundancia y la accesibilidad libre del conocimiento, de las nuevas tecnologías y de los recursos la base de una nueva economía. Frente a la competencia, la cooperación. Frente a la clásica dicotomía entre privado o estatal, apostemos por lo común. Hay que frenar esta obsesión enfermiza por un crecimiento económico que ya no puede generar redistribución pues los amos del capitalismo depredador se apropian inmediatamente de las nuevas rentas.

Pero casi nadie, salvo algún movimiento o fuerza de las llamadas minoritarias hablan de ello. He leído los programas electorales de los partidos que se presentan a las elecciones europeas del 25 de mayo. El panorama es desolador. Los partidos mayoritarios que han gobernando este país y que en sus distintas etapas de gobierno han alentado este modelo de unión económica y monetaria que nos ha conducido al desastre, ahora dicen, unos con la boca pequeña, otros con la boca grande, que hay que cambiarlo. No lo harán. Ni pueden, ni probablemente quieran hacerlo. Ultimamente recomiendo a mucha gente un ejercicio un tanto heroico, lo reconozco: releer los debates parlamentarios de principios de los 90 cuando se discutía en el Congreso de los Diputados el Tratado de Maastricht que dio origen a la unión monetaria. Es muy relevador escuchar 20 años después quienes llevaban razón y quienes no.

Cada vez tengo más claro que la zona euro tal y como la conocemos desaparecerá en breve tiempo. Puede que Alemania decida salirse del euro si ve que comienza a tener más costes estar dentro, como por ejemplo sucedería si algún país se planta en el pago de la Deuda (al fin y al cabo Alemania se encargó de que el diseño de Maastricht fuera a la imagen y semejanza de su marco, su principal activo). Los asesores de Merkel ya tienen preparados extensos informes ante dicha eventualidad. Puede que, si los países y regiones más afectados por el austericidio se uniesen, podrían forzar la transformación del Euro en una federación de monedas para eliminar las rigideces actuales, permitiendo recuperar soberanía en la política económica de los Estados, y reduciendo a corto plazo el coste real de una salida abrupta. Pero tampoco podemos ya descartar la ruptura en mil pedazos de la zona euro. El tipo de ruptura de la zona euro dependerá de muchas cosas, pero estén atentos al resultado en las europeas de la Syriza griega liderada por Alexis Tsipras y, sobre todo, de las elecciones que habrá en Grecia en 2016.

Lo peor que podría ocurrir para la mayoría de la gente que lo está pasando mal es que no pasase nada. Que se mantuviera el status quo. Que se hablara de reformas parciales, cuando se necesitan procesos constituyentes. Que no se toquen los Tratados y se aprueben Planes de Empleo que no funcionan o Planes Estructurales impotentes para revertir la situación actual pues apenas suponen unas décimas del PIB europeo. ¿Quiénes ganarían con el mantenimiento de la arquitectura actual? No sólo las grandes finanzas, los bancos y el establishment. También millones de europeos, entre los que se encuentran varios millones de españoles, que viven muy bien con este modelo. Eso sí, se volvería a dejar en la cuneta por varias décadas a la inmensa mayoría de la ciudadanía europea. A los que ya eran pobres incluso en época de vacas gordas, y a los que han caído en la pobreza y en la exclusión durante la crisis. De esto van las elecciones europeas aunque el ruido pretenda confundirnos. Votemos en las europeas a favor de una gran mayoría social que garantice una nueva sociedad más justa y equitativa. Pero sobre todo empoderemos a la gente para que seamos más y más en esta ardua batalla que queda por delante para recuperar una economía humana y al servicio de las personas.

¿Es posible alcanzar el bienestar para todos en el Euro?