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miércoles. 08.02.2023

Política y pueblo

Los políticos que no están con el pueblo están contra el pueblo. Una democracia es tal cuando las decisiones últimas son tomadas por la sociedad. Ella es la depositaria del poder. Los políticos deben permanecer a la escucha de su voluntad para llevarla a cabo si no quieren convertirse en seudo dictadores.

Los políticos que no están con el pueblo están contra el pueblo. Una democracia es tal cuando las decisiones últimas son tomadas por la sociedad. Ella es la depositaria del poder. Los políticos deben permanecer a la escucha de su voluntad para llevarla a cabo si no quieren convertirse en seudo dictadores. Y cuando dan la espalda a los electores que le dieron carta de representación, se enfrentan a quienes son los auténticos responsables de su destino.

Hace treinta y tantos años España se emancipó de la espuela militar. Por Cuelgamuros anda como un exvoto sacrílego. Exhumar su cadáver sería un acto más de valentía de una libertad que manchó de sangre las paredes blancas de los cementerios y sembró de muerte las cunetas. Se nos puso orgullosa la alegría y nos echamos a andar por los caminos anchos del futuro. Hoy elegimos a nuestros representantes y se nos llena la boca proclamando un estado de derecho, una libertad de expresión, una democracia amplia de movimientos.

Hay grupos ciudadanos que exigen “una democracia real ya” ¿Pero no estábamos en ella? Hay un grito por las aceras: “Que no, que no nos representan, que no”. Y cuando estos gritos se echan a rodar y se engrosan con adhesiones cada vez mayores, ciertos políticos tachan hasta de terroristas a esa masa que reclama lo que en cualquier democracia se debe reclamar: que sea auténtica y que los elegidos por la soberanía popular sean nada más que eso y nada menos que eso: representantes del pueblo. Porque nadie quiere ser suplantado, proscrito, arrinconado del quehacer común que nos corresponde. La democracia es la responsabilidad de la ciudadanía toda. Es una marcha hombro con hombro hacia el futuro haciendo un presente fecundo, gozoso y equitativo en libertad.

Cuando se exige una democracia real y una representación estamos despreciando la usurpación que los políticos hacen de esa democracia. Un gobierno elegido democráticamente es sólo un oyente del pueblo y un ejecutor de su voluntad sin suplantar a nadie bajo la responsabilidad de alta traición y de prevaricación. Juran o prometen cumplir y hacer cumplir la Constitución. Después meten ideologías autoritarias en sus carteras de piel y dejan fuera a los electores y a esa norma suprema que juraron o prometieron.

A los ciudadanos nos están convirtiendo en moneda y mercado. El antropocentrismo ha sido sustituido por la mercadotecnia. Y uno siente la propia dignidad arrinconada, pisoteada, prostituida. Ni siquiera es lo más grave la destrucción de la enseñanza pública, del estado de bienestar, la sanidad, los salarios basura, el egoísmo empresarial, la vejez vilipendiada, la dependencia despreciada por la dependencia sufrida. La pobreza impuesta conlleva una destrucción de humanidad. Lo que realmente le escuece a la democracia es que la destruyan en nombre de la propia democracia. Una democracia tiranizada es una dictadura encubierta, aunque a veces sea demasiado evidente ese desprecio. Los dirigentes democráticamente elegidos se convierten en dictadores de smoking y chaqué, en opresores de etiqueta que han olvidado su origen y sus promesas o juramentos.

La democracia es una responsabilidad asumida y ejercida entre toda la ciudadanía. Quien la profana arrogándose un autoritarismo nunca otorgado está situándose en la orilla opuesta al libre ejercicio democrático. Por eso es urgente tomar conciencia de nuestra dignidad como pueblo, como depositario únicos del poder y de la libertad y exigir una democracia real cuanto antes vigente y una representación que como tal consiga alzar la voz de forma valiente y decidida frente a un economicismo que vulnera la grandeza del ser humano. Las demás aspiraciones vendrán como consecuencia de ese ejercicio humanizante.

No nos representan ni son demócratas reales quienes nos roban a puñados la dignidad de ser libres.

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