jueves 05.12.2019

Política fiscal ambiental europea y la economía baja en carbono

Si todos proclamamos que la prioridad es la creación de empleo en Europa, habrá que descifrar cuales son las claves para desarrollarlo. Una de las claves para ello es la fiscalidad ambiental y la apuesta por la ecoinnovación.

Si todos proclamamos que la prioridad es la creación de empleo en Europa, habrá que descifrar cuales son las claves para desarrollarlo. Una de las claves para ello es la fiscalidad ambiental y la apuesta por la ecoinnovación. Y es que la reinversión en ecoinnovación de los fondos procedentes de impuestos ambientales podría generar en Europa más de un millón de puestos de trabajo, además de contribuir de forma importante a la reducción de emisiones de CO2. Así se desprende de los datos del informe técnico de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).

La contaminación atmosférica procedente de los 10.000 complejos contaminantes más grandes de Europa nos costó a los ciudadanos nada más y nada menos que entre 102.000 y 169.000 millones de euros en 2009. Una política fiscal ambiental inteligente, debería introducir impuestos que graven actividades y productos contaminantes a cambio de rebajar otras tasas como el impuesto de la renta y las contribuciones a la Seguridad Social a las actividades industriales y económicas con efectos positivos para el medio ambiente (reducción de la contaminación, potenciación de la innovación ambiental y creación de empleo). Tampoco hay que inventar nada nuevo, sino aplicar las buenas prácticas simulando el modelo en Alemania y Países Bajos.

La AEMA ha realizado la investigación del impacto de la Reforma Fiscal Ambiental en Europa en el contexto de tres escenarios posibles diferentes. Uno de estos escenarios es el que tiene como objetivo el cumplimiento de la reducción del 20% en 2020 de los gases de efecto invernadero en la UE. En este escenario, los resultados de la investigación apuntan a que una reinversión en tecnologías ambientales del 10% de los fondos del gravamen ambiental (cantidad que supone un 0,04% del PIB) podría crear más de 1 millón de puestos de trabajo en Europa. Para una economía avanzada como la de la Unión Europea, este esquema facilita la creación de nuevas tecnologías innovadoras que pueden ser exportadas a nivel mundial, añade el Informe.

La Reforma Fiscal Ambiental (Environmental Tax Reform, ETR en inglés) que plantea la AEMA penalizaría actividades y productos dañinos para el medio ambiente, como el uso insostenible de los recursos o la contaminación, produciéndose un encarecimiento de los mismos. Una fórmula que conciencia al consumidor final de que, si opta por productos contaminantes, tiene que pagar por el daño ambiental causado. A cambio, el 90% restante de lo obtenido con el gravamen ambiental se emplearía para rebajar el impuesto de la renta y las contribuciones a la Seguridad Social. El impacto en el empleo serían muy positivas para la mayoría de los estados miembros, ya que la rebaja de los costes laborales lleva aparejado el aumento de la demanda de trabajo, mostrando los mayores incrementos se muestran en Alemania, Países Bajos, Italia y el Reino Unido.

Por eso España tiene que ponerse las pilas y caminar hacia ese modelos e desarrollo sostenible y de empresas que obtengan su ventaja competitiva en modelos de producción y servicios basados en una economía baja en carbono. Ese es el camino de futuro, lo demás paños calientes que apuestan por el pan para hoy y hambre para mañana.

Política fiscal ambiental europea y la economía baja en carbono
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