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martes 17/5/22

Poco dinero, mucha hambre

Malo cuando se dicen estas cosas. El presidente del BCE se ha despachado advirtiendo de que podrían subir los tipos el próximo verano. Es decir, mañana mismo. O sea, que el dinero va a ser más caro en unas semanas. Y dicho en lenguaje de la calle: que vamos a pagar más por la hipoteca, por el crédito bancario y por todo lo que se mueve en torno a la cesta de la compra.No hay ni una sola buena noticia. Y lo peor es que no la va a haber en mucho tiempo.
Malo cuando se dicen estas cosas. El presidente del BCE se ha despachado advirtiendo de que podrían subir los tipos el próximo verano. Es decir, mañana mismo. O sea, que el dinero va a ser más caro en unas semanas. Y dicho en lenguaje de la calle: que vamos a pagar más por la hipoteca, por el crédito bancario y por todo lo que se mueve en torno a la cesta de la compra.

No hay ni una sola buena noticia. Y lo peor es que no la va a haber en mucho tiempo. Es como, si de pronto, todo se pusiera en contra del hombre de la calle, de la vida. ¿Subirán de nuevo las hipotecas? ¿Subirá el precio del dinero para las empresas que necesitan invertir y resistir?

Pues todo parece indicar que sí. Y uno se pregunta cómo van a poder llegar las familias a atender los plazos de ese piso que tanto esfuerzo costó. Uno se pregunta si es verdad, como dicen, que este país es capaz de aguantar lo que le echen. Tiempos difíciles en los que todo sube y ni siquiera baja el hambre.

Porque lo cierto es que los 138 países reunidos en Roma han sido incapaces de lograr lo que se habían propuesto: un acuerdo para "erradicar el hambre y garantizar los alimentos para todos". El hambre no se erradica con declaraciones solemnes y los alimentos para todos no se consiguen con buenos deseos.

Y en Roma no ha habido otra cosa más que palabras e intenciones y deseos que ni siquiera eran buenos. La falta de solidaridad de unos pueblos con otros ha quedado patente en una reunión que, en palabras de uno de los asistentes, no ha pasado de ser una conferencia más de las muchas que se celebran en el mundo.

Poco trigo y nunca mejor dicho- saldrá de esta cumbre, por mucha prédica que haya habido. Y, al final, el hambre, la desesperación, el abismo brutal entre países seguirá siendo la tónica en un mundo globalizado y tan a mano.

Eso sí, gracias a las nuevas tecnologías de los medios de comunicación podremos asistir en el más riguroso directo a la agonía de millones de personas, lejanas eso sí de nuestros falsos paraísos. Y las naciones, sus dirigentes, orgullosos de su participación y de sus intervenciones grandilocuentes, volverán a sus casas con la conciencia mucho más tranquila. Que no se diga que no han hecho, que no hemos hecho, todo lo que estaba en su/nuestras manos.

¡Qué terrible, qué amarga actualidad tienen, siguen teniendo los versos de Miguel Hernández!:

El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.

Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.

Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.


Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.


Nota: El agudo lector puede decir, sin duda, que estas líneas y estos versos son pura demagogia. Y qué vamos a hacerle.

Poco dinero, mucha hambre
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