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lunes 16/5/22

Pobreza y trabajo

Igual rompo la tradición y me alargo, pido disculpas por anticipado, nada me disgustaría más en estos momentos que aburrir.

Igual rompo la tradición y me alargo, pido disculpas por anticipado, nada me disgustaría más en estos momentos que aburrir. El caso es que va para un año de gobierno del Partido Popular en España y según todos los indicios al contrario que los huracanes meteorológicos que cuando tocan tierra descienden algún punto en su escala de intensidad, el huracán liberal parece haber subido de intensidad precisamente cuando tocó tierra (20/10/2011).

A  lo largo de este periodo de demolición, quien más quien menos, ha hecho su particular lista de fechorías, que un gobierno aparentemente a la deriva ha ido realizando; desde la subida del IRPF hasta la más reciente de excluir a las lesbianas de los tratamientos de fertilidad que proporciona el Sistema Nacional de Salud. Sin embargo a mi lista  le faltaba el elemento que realmente caracterizará a ese conjunto de medidas, que tomadas de una en una se asemejan a un tratamiento homeopático, pero que contempladas en su conjunto son una intervención quirúrgica invasiva de primer orden.

Y ha sido de forma casual, repasando el Real Decreto-ley 21/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad, dicho entre paréntesis toda una nueva Carta Magna, donde he encontrado aquello que resume el ideario político de quienes nos gobiernan; “Se refuerza la vinculación entre el derecho de acceso a los subsidios y el patrimonio personal de los beneficiarios. En la actualidad, el patrimonio del solicitante del subsidio solo se tiene en cuenta de forma indirecta, a través de la imputación de rentas al patrimonio a una tasa del 50% del interés legal del dinero”.

Toda una obra maestra que confirma la teoría de Foucault, aquella por la cual el poder construye siempre un discurso propio adecuado a cada época civilizatoria. En este caso el discurso opaco, fraudulento y corrupto, que corresponde al ejercicio del poder en los albores del siglo XXI.

Este párrafo realmente satisface lo que desde mi punto de vista representa hoy el neo-liberalismo español y europeo.

Pero de repente pensé donde he leído eso mismo pero mejor escrito y lo recordé, había sido en un texto de Thomas Mckeown, investigador social ingles que ha dedicado su vida al estudio de los sistemas públicos de salud, en el que entrecomilla la siguiente referencia; “Será obligación del padre, abuelo, madre, abuela, esposo o hijo de una persona pobre, anciana, ciega, lisiada o impotente para trabajar, si posee suficientes medios, ayudarla y mantenerla”.

Desde luego me reafirmé, este segundo párrafo me pareció mucho mejor escrito, con una calidad literaria infinitamente superior y como es lógico tuve curiosidad por saber de dónde había sacado Mckeown la referencia y resultó que es una declaración del Acta Isabelina de la Ley de Pobres de la Inglaterra de 1601.

No están nada mal 400 años para no haber evolucionado ni un ápice, no ha sido posible, el liberalismo español para gobernar vuelve la vista a la Inglaterra del XVII para desenterrar una concepción moral por la que los pobres de solemnidad que se les llamaba entonces morían a mansalva, que no es otra, que la de que cada uno es individualmente responsable de lo que le pase, entonces como ahora el liberalismo pensaba que los pobres no trabajaban porque holgaban y promulgaron la Ley de Pobres para combatirlo, pero ¿Quién  podía trabajar en la  Inglaterra de 1600?

Ahora como entonces el Partido Popular piensa que los desempleados no trabajan porque cobran el subsidio y promueven el decreto 21/2012, de 13 de julio, pero ¿Quién puede trabajar en la España de 2012, con 6.000.000 de desempleados?

A pocos días del aniversario del triunfo del neo-liberalismo en España, me gustaría establecer una última comparación en la que por increíble que parezca los pobres del XVII estaban en mejores condiciones. Entonces la iglesia tenía el monopolio de los cuerpos, de las almas y de la muerte y cada parroquia tenía su hospicio, única esperanza para ellos. Hoy la iglesia por fortuna ha perdido el monopolio de los cuerpos y de la muerte, por eso se dedican al blanqueo, porque con el monopolio de las almas no les llega para mantener la parroquia.

La construcción de los estados democráticos como los conocíamos hasta hace solo una década, no era sino el relato de la perdida de esos monopolios, un proceso que ha durado 400 años, que debe continuar y en el que precisamente el trabajo ha sido el eje sobre el que se ha podido construir el “progreso”. El hospicio había dado paso a un sistema de dignidad social, que es patrimonio de todos, por insólito que parezca ese sistema está siendo demolido, de ninguna manera eso puede ocurrir con nuestra pasividad.

Pobreza y trabajo
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