domingo 5/12/21

Pobre Grecia, pobre Europa

La crisis financiera está afectando a los países en función de su modelo económico. En España el estallido de la burbuja inmobiliaria, factor fundamental de nuestro crecimiento en los últimos años, ha multiplicado los efectos de la crisis, especialmente en lo relativo al empleo.

La crisis financiera está afectando a los países en función de su modelo económico. En España el estallido de la burbuja inmobiliaria, factor fundamental de nuestro crecimiento en los últimos años, ha multiplicado los efectos de la crisis, especialmente en lo relativo al empleo.

En Grecia la situación es más grave, la crisis financiera ha actuado sobre un Estado con claras deficiencias estructurales (debilidad del sistema tributario, ausencia de un catastro creíble…) y con unas cuentas maquillas por el anterior gobierno conservador, con el visto bueno de las agencias de calificación, que las instituciones de la UE fueron incapaces (o no tuvieron interés) de descubrir.

A estas alturas parece fuera de toda duda que los griegos han vivido notoriamente por encima de sus posibilidades y les toca hacer el ajuste, que de todas formas hubiese sido doloroso, con unos gobiernos y organismos internacionales incapaces de poner coto a la tiranía del capital especulativo, en un escenario dominado por las políticas neoliberales en el que es más importante la cuenta de resultados que el bienestar de las personas.

A Grecia se le está sometiendo a una política de choque brutal, con recortes en el empleo público (150.000 funcionarios en la primera fase) y prestaciones (reducción de las pensiones entre el 20% y el 40%) difíciles de soportar. Además las ayudas han llegado tarde y mientras tanto ha tenido que pagar unos intereses desorbitados que se comían buena parte de ellas.

Pero lo importante es cuadrar las cuentas lo antes posible, la misma política impuesta en las últimas décadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a los países en “vías de desarrollo” y que solo ha logrado aumentar la pobreza sin cambiar de “vías”.

Pobre Grecia, pobres griegos. Van a ser los paganos de una política de la que no son responsables. En todo caso su responsabilidad consiste en creer a sus dirigentes, en vivir en la ficción que el Gobierno les había creado. Ahora les esperan años duros, condenados a una pobreza de la que les va a resultar difícil salir, incluso permaneciendo en el euro, si no hay un giro radical en las políticas económicas. Y para colmo no tiene ni la posibilidad de pronunciarse sobre su futuro.

Pobre Grecia y pobre Europa. La crisis financiera y su repercusión sobre los países más expuestos han evidenciado la debilidad la Unión Europea, desde el principio ha quedado claro que Europa no solo carece de instrumentos para enfrentarse a una crisis de esta naturaleza, sino que no ha existido voluntad de abordarla de forma global, como un solo sujeto. Han primado los intereses particulares, económicos y políticos, la visión cortoplacista.

Merkel y Sarkozy, obsesionados por el ajuste del déficit a corto plazo, han impuesto a Grecia unos recortes difíciles de aplicar de forma inmediata, y como los resultados no eran satisfactorios la llegada de la ayuda se ha retrasado hasta hacerla escasamente operativa (todavía no ha llegado la última partida del primer rescate y ya necesita otro), lo que ha mantenido la presión sobre la deuda de los países periféricos. No se frenan las operaciones especulativas (las prima de riesgo de Italia y España se disparan), se incrementa el riesgo de contagio y se estanca la economía hasta el riesgo de una nueva recesión. Para nota.

En todo este proceso las tensiones entre miembros de la UE se han incrementado y se ha abierto una importante brecha entre los países del euro y el resto, especialmente con Gran Bretaña. Europa no solo no consolida sus estructuras políticas sino que tampoco avanza en la integración económica. No ha sido capaz de crear instrumentos para atender las necesidades financieras de los países miembros, por lo que la ampliación del fondo de rescate depende de la voluntad de terceros países que, a día de hoy, no parece fácil de conseguir.

Lo malo no es solo no haber avanzado en integración política ni económica, también se ha producido un claro déficit democrático. Hemos aceptado actitudes autoritarias de Merkel y Sarkozy y rechazado referéndum propios y ajenos en pro de la efectividad, de la urgencia de calmar a unos mercados más crecidos cuanto más débiles nos veían.

Y por supuesto ha crecido el individualismo frente a la solidaridad entre la ciudadanía europea. Hasta el punto de negar a los griegos la posibilidad de decidir su futuro, de pensar que tienen obligación de aceptar las medidas impuestas para evitar el perjuicio que, en caso contrario, se nos puede generar a otros países. Como si a los demás nos preocupase mucho el futuro de los griegos.

Pobre Europa. Sin liderazgo, desorientada y sometida a fuertes tensiones se está debilitando, está retrocediendo. Y mucho me temo que no es para coger carrerilla y saltar.

Si es cierto que las crisis son oportunidades tenemos en este momento una enorme y multifactorial. Lo malo es que, de momento, no se ve en el horizonte quien puede aprovecharla.

Pobre Grecia, pobre Europa
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