jueves. 20.06.2024

Pasto de la decadencia

El que la crisis se soporta de desigual forma por las distintas personas y colectivos, no es nada nuevo. No es que los ciudadanos lo hagan de forma voluntaria...

El que la crisis se soporta de desigual forma por las distintas personas y colectivos, no es nada nuevo. No es que los ciudadanos lo hagan de forma voluntaria, ni mucho menos, sino que los gobernantes adoptan decisiones que afectan por desigual.  No hay que esperar que cambie nada, porque se trata, contrastado ya suficientemente, de enfoques ideológicos. Así discurre la crisis de nuestra vida. Por cierto la mayor, más extensa e intensa crisis de nuestras vidas. ¡Esto sí que es una situación histórica!

Pero este desigual tratamiento se ceba en algunos sectores con especial virulencia. La educación es uno de ellos y la investigación es otro de los grandes episodios nacionales, cuyas repercusiones se extenderán en el tiempo y sus letales consecuencias tendrán largo recorrido. Aquí, una vez más, los discursos gubernamentales distan demasiado de los hechos constatados. Mientras el gobierno proclama que hace un “esfuerzo importante” para mantener la inversión pública en I+D, lo cierto y verdad es que la inversión ha caído un 33,1% en la presente legislatura y acumula una caída de un 45.7% desde 2009, lo que nos  sitúa por debajo de  la media europea, al referir la cifra al PIB. El gobierno que trampea en todos los frentes, también en este lo hace y aduce que incrementa los fondos que destina a créditos al sector privado. Trata a los españoles como niños que no se dan cuenta de lo que ocurre. Es infantil el argumento, cuando el sector privado ya hace mucho que arrojó la toalla, si es que la tuvo decente alguna vez. Los primeros que cerraron sus organizaciones de I+D, son los privados, que creen que copian, compran o se apropian del desarrollo y con incorporar un ordenador a la empresa, ya están legitimados para afirmar que innovan. Pobre país este en el que quien más innova es el basurero y no necesariamente para cuidar el  medio ambiente.

El Gobierno, dice estar preocupado por mantener el nivel alcanzado en I+D. Pero lo hace un Ministro que poco o nada conoce la I+D+i, pues los méritos conocidos, lo sitúan en Lehman Brothers y cobrando en algunas Cajas de Ahorro, sin saber por qué, ni a cambio de qué trabajo se le  pagaba. Con la sensibilidad advertida en su cuidado al frente de una de las financieras que ha  provocado la caída en cascada y los escrúpulos que debe exigir tal talante, no es de esperar ninguna acción demasiado audaz acudiendo a salvar la I+D+i española. Quizás, debe estar más próximo a no importarle hundirla con tal de hacer florecer otro tipo de negocios, esta vez con otros productos distintos a los financieros, que el debe dominar. Por si fuera poco, ahora se habla de proyectos orientados. Los hechos cantan: la convocatoria de los proyectos de investigación del Plan Estatal correspondientes a 2013 debió salir en diciembre de 2012, y hemos perdido, al menos un año. A ver, quiere decir la cosa no que se pretendan resolver determinadas cuestiones científicas, sino que, como mucho se resuelvan algunos problemas, que puede que nadie sepa de donde han salido o quienes los han planteado. Con más cara que espalda se les ha dicho a los investigadores que se les ha dado un año más para justificar, pero sin un euro más por ello, sino que bajo la fórmula de alargar un año más la justificación, pretenden que no nos demos cuenta de que se han saltado un año de financiación, con más cara que espalda. Eso sí, se publicó la medida en el BOE, porque la cosa era de enjundia.

No se han conformado con lo narrado, que ya es demasiado, sino que los fondos para los proyectos de investigación de los Universidades de las CCAA que no habían controlado el déficit que el Gobierno Central había impuesto, no los transfirieron y es posible que no hayan revocado en todas partes la medida. Es posible, que algunos del gobierno culpen a Hacienda del descalabro, pero el gobierno, que sepamos, es uno, ¿o no?, como diría el ínclito Rajoy, ¡ojalá fuera trino! Pero hay otras cuestiones que son ideológicas plenamente. Se ha establecido la llamada tasa de reposición plantilla de las Universidades en un 10%. Aplicado este criterio a ciegas, es decir de igual modo en una fábrica de producción de viruta de madera o en una Universidad, es una barbaridad de tamaño natural. Si se da el caso, como es frecuente, que las jubilaciones acontezcan en algún Departamento universitario que ha acumulado gente de una edad similar, bien puede darse el caso de eliminar sin discriminar a suficientes profesores e investigadores como para vaciar la dependencia. Debería prepararse el Ministro o alguno de sus secuaces para dar cobertura y suplir las faltas. Por si fuera poco, el criterio se refiere a número de profesores o investigadores, no a cuantía en euros de la plantilla, con lo que no distingue clases de profesores ni dedicaciones. Disparate tras disparate. Los programas Juan de la Cierva y el de incorporación Ramón y Cajal se han reducido en un 30%, acumulando retrasos que dan lugar a un intervalo de más de un año sin financiación. Los jóvenes huyen espantados. Y nos han costado muchos esfuerzos y recursos prepararlos, como para que ahora se les desprecie. Acabamos constituyendo un geriátrico en los centros de docencia superior e investigación.

Ahora viene el circo de los presupuestos. Nos dirán, seguramente, lo contrario de lo que figura en los papeles, para que de nuevo les creamos ingenuamente. Pero ya no tenemos aliento. ¡Ya estamos hartos! Ya solo nos debatimos en curar las heridas que la decadencia que se ha iniciado, nos provoca. Esto no parece ser más que una caída libre, en la que las mentiras nos resbalan. España se encamina hacia la decadencia más rutilante de su Historia, cuando empezaba a levantar cabeza. De Guindos anuncio en 2013 que subía el presupuesto, ocultando que había disminuido en un 13.7%. Los papeles oficiales no dicen nada en contra, pero  los hechos son bien diferentes. Ahora veremos. Lo dicho, todo indica que somos  pasto de la decadencia. Si llegó a Roma, ¡no va a llegarnos a nosotros! Otra cosa es como nos llega, la verdad no cambio a César por Rajoy, ni loco.

Pasto de la decadencia