jueves 9/12/21

Paralelismos engañosos

macron

La irrupción de Macron como candidato con serias probabilidades de victoria en las elecciones a la Presidencia de la República Francesa ha desencadenado una ola de comentarios cargados de la evidente intención de subrayar su perfil como el más adecuado para la escena española, incluso para el proceso de primarias en el Partido Socialista. Fácil tentación si se olvidan rasgos absolutamente distintos en ambos procesos y en ambas sociedades. Y el primero -y fundamental- es la propia naturaleza de los comicios. Lo que eligen los franceses es un Jefe del Estado con poderes ejecutivos, no el líder de un partido que puede luego -o no- convertirse en aspirante a la presidencia del Gobierno. En segundo término, el sistema de “segunda vuelta” obliga a encontrar una persona y un programa que pueda aunar voluntades frente a un enemigo común que, en Francia ,tiene nombre y apellidos: Marine Le Pen y el Frente Nacional. ¿Sería deseable un sistema a doble vuelta en las primarias del PSOE? Es un debate abierto pero que, en todo caso, no va a aplicarse en las actuales circunstancias. No vale, pues, la pena, perderse en elucubraciones.

Lo que llama la atención del fenómeno Macron es la consolidación de lo que fuera una aventura personal, un acto que algunos consideraron de puro orgullo intelectual, sin recorrido posible frente a las fuerzas tradicionales del centro y de la izquierda. La celebración de las primarias del centro-derecha -el Partido Republicano- se saldaron con un éxito de participación y la victoria clamorosa de Fillon, al que inmediatamente se le consideró como el próximo Presidente “in pectore”. Hasta que surgieron los casos de presunta corrupción, su cotización cayó por los suelos de las encuestas y los conservadores quedaron sin cabeza y sin alternativas por el desistimiento de otras figuras de referencia, como Juppé.

Macron, mientras tanto, recibía apoyos de los desencantados del centro.

Las primarias del PSF depararon la sorpresa del triunfo rotundo del representante del ala más a la izquierda. Hamon se impuso con holgura al ex primer ministro Valls, lo que suponía de paso un voto de censura al todavía Presidente Hollande. Se abría el paso a un posible entendimiento con otras fuerzas a la izquierda para elaborar una sólida candidatura conjunta. Una vez más, ese acuerdo se ha evidenciado imposible, sin que se hayan ofrecido razones de fondo para explicar la falta de sintonía entre Hamon y Meléchon, condenados a ocupar un papel de comparsa en las presidenciales al acudir en solitario. Y con negras perspectivas para el PSF, el día después.

Macron, mientras tanto, recibe apoyos de los desencantados de la izquierda.

No hay que establecer paralelismos imposibles, pero sí convendría analizar cómo puede configurarse un proyecto político nuevo, en un país con una democracia consolidada como es Francia, en torno a una figura que, por si misma, no despierta entusiasmos y ni siquiera representa un modelo “antisistema” como el de Marine Le Pen. Pareciera que el viejo lema “no se vota a favor, sino en contra” cobrara cada día más fuerza entre nosotros, y que estuviéramos obligados a asumir la teoría del mal menor. Todo hace prever que con ese sentimiento acudirán los franceses a las urnas, sin conocer muy bien cuál haya de ser la política que desarrolle un Macron que se mueve con comodidad entre los círculos de los Rothschild y las Juventudes Socialistas, que fueron su origen.

Sinceramente, no veo todavía ningún Emmanuel Macron en España. Pero podría haberlo. Sobre todo si nos empeñamos en que lo haya.

Paralelismos engañosos