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miércoles. 07.12.2022

Un país donde todo es posible todavía... Portugal

Para componer la necesaria mayoría parlamentaria de cambio, hará falta aún conseguir el respaldo de los diecinueve diputados del Bloco.

Cumpliendo un compromiso, sin ningún entusiasmo informativo, los medios de comunicación españoles despacharon las recientes elecciones generales en Portugal con unas crónicas de escasas líneas en las que daban prácticamente por cerrado el proceso de formación de Gobierno, más atentos a fijar un titular que complaciera a los editores españoles y sus mentores políticos que a la realidad. El mensaje deseado era fijar la idea de que el triunfo de la coalición PSD-CDS habría refrendado la política de austeridad del actual Gobierno, continuadora en cierta medida de la que se vio obligado a implementar el socialista Sócrates en los momentos iniciales de la crisis bajo el imperativo de la troika. Muy significativamente, el único mensaje de felicitación procedente de España que ha trascendido es el enviado por Mariano a Rajoy a su homólogo portugués Passos Coelho. Ni siquiera el sensible avance del Bloco de Esquerda, una formación que algunos asimilan a Podemos, mereció la atención de la formación dirigida por Pablo Iglesias. No me consta tampoco un pronunciamiento de los socialistas españoles sobre los resultados del PSP, que incrementa su número de escaños aunque no lograra el objetivo de convertirse en la primera fuerza.

Desde el pasado domingo, silencio sobre Portugal. Incomprensible desinterés hacia un país que históricamente ha ido un paso por delante en el camino de los cambios políticos respecto a España. Por eso, hoy, los españoles ignoran que Antonio Costa, secretario general del Partido Socialista Portugués, a quien se había adjudicado ya la condición de líder de la oposición, colaborador necesario en la investidura de un primer ministro del centro-derecha, ha abierto la puerta a un entendimiento con los partidos de izquierda para presidir un Gobierno que refleje la realidad  social salida de las urnas.

El salto cualitativo se ha producido la noche del miércoles, cuando Antonio Costa ha acudido a la sede del PCP y ha sido recibido por un Jerónimo de Sousa, inusualmente encorbatado, y han abierto la vía para un entendimiento que parecía imposible atendiendo a divergencias radicales como la pertenencia al euro o la renegociación de la deuda. En aras al objetivo principal, que es el desalojo de la colación gobernante, los comunistas portugueses están dispuestos a facilitar la investidura de Antonio Costa, superando así una confrontación que tiene su raíz en los tiempos de la Revolución de los Claveles, personificada en Mario Soares y Alvaro Cunhal, y explícita en la última campaña electoral. El reto al que se enfrenta el socialismo portugués no es fácil. Un sector del partido cuestiona abiertamente la continuidad de Costa, precisamente aquellos que reclaman el giro a la izquierda, y en los que parece haber pensado el ex -alcalde de Lisboa.

Para componer la necesaria mayoría parlamentaria de cambio, hará falta aún conseguir el respaldo de los diecinueve diputados del Bloco. Su brillante dirigente, Catarina Martins, a quien se considera la auténtica revelación electoral, mantiene un discurso radicalmente de izquierda, y fue la primera en adelantar la misma noche del domingo electoral que no consentirían en ningún momento la validación de un gobierno de centro-derecha y retó al Partido Socialista a liderar un acuerdo para el cambio. La aritmética opera a favor, pero…

El “pero” estriba en que, simultáneamente, el Presidente de la República, del mismo partido que Passos Coelho, ha encargado formar Gobierno al PSD y ha lanzado un mensaje de responsabilidad al PS como miembro de un denominado “bloque de centralidad” unido por las mismas convicciones respecto a Europa. Y que ese mensaje lo hizo suyo inmediatamente la coalición gobernante con una oferta de colaboración con el Partido Socialista que no excluiría su participación en el Gobierno.

Establecer una asimilación automática e interesada sobre el curso de los acontecimientos en Portugal -una vez más “tan cerca y ten lejos”- es tan absurdo como cerrar los ojos a un proceso que guarda bastantes rasgos de similitud con el previsible escenario español surgido del 20 de diciembre. Harían bien los dirigentes de los grandes partidos políticos españoles en desplazarse a Lisboa, conversar con sus correligionarios, y tomar nota. Está ahí ,al lado, aunque en España no queramos enterarnos.

Un país donde todo es posible todavía... Portugal
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