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jueves. 18.08.2022

Pactos ¿para qué?

NUEVATRIBUNA.ES - 19.8.2009Hay un libro de Ortega y Gasset magnífico y sugerente –como todos los suyos-, que vio la luz con el nombre de “Ideas y Creencias”. Ahí señalaba Ortega que frente a la “idea” general de que pensamos y de que nos movemos por pensamientos y reflexiones, en realidad lo hacemos por “creencias”.
NUEVATRIBUNA.ES - 19.8.2009

Hay un libro de Ortega y Gasset magnífico y sugerente –como todos los suyos-, que vio la luz con el nombre de “Ideas y Creencias”. Ahí señalaba Ortega que frente a la “idea” general de que pensamos y de que nos movemos por pensamientos y reflexiones, en realidad lo hacemos por “creencias”. “Ideas”, según él, es un término que sirve para (1) “designar todo aquello que en nuestra vida aparece como resultado de nuestra ocupación intelectual”; por lo contrario, a las “creencias no llegamos a ellas tras una faena de entendimiento, sino que operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo”. Las creencias sería algo así como un bagaje seudo-intelectual, un fondo, un “mix” de pensamientos sobre los que no meditamos, automáticos, con los que contamos siempre en nuestro quehacer cotidiano, a pesar de que nuestro quehacer requeriría de reflexión. En definitiva, el gran peligro de las creencias es que creemos que ellas son producto de la reflexión cuando son lo contrario; cuando son esa balsa, ese madero al que se aferra cualquiera que está apunto de ahogarse, y nos permiten tomar decisiones inmeditadamente bajo la apariencia de una seudo-reflexión.

Todo esto viene a cuanto porque creo que hay que dar por sentado que en el mundo sindical y de los sindicalistas –y quizá en parte de la izquierda estrictamente política- se ha convertido en creencia la idea de que para salir de la crisis es mejor pactar con la patronal que no hacerlo; y, que en el terreno político, es mejor un pacto PP-PSOE que no que no lo haya. Pero la pregunta que hay que hacerse es el porqué de esa necesidad, porqué es mejor pactar que no hacerlo. Más específicamente –y esta es la pregunta relevante- ¿qué es lo que tiene que ofrecer y puede hacerlo la patronal para que sea mejor para los asalariados y autónomos el pacto que el no pacto? Y en el terreno estrictamente político la pregunta es: ¿puede cambiar, dar un giro de 180 grados el P.P. en su visión, en sus pinceladas ideológicas –sus dirigentes no dan para más- para que interese a los ciudadanos de este país un pacto de esta naturaleza? El P.P., por lo que dicen y por lo que sabemos que han hecho cuando gobernaron de 1996 al 2004, son partidarios de menos Estado, de bajar los impuestos, de reducir el Gasto Público -¡en plena crisis de demanda!-, de deteriorar el Estado de Bienestar, de privatizarlo (la Sra. Aguirre en la C. A. de Madrid), de abaratar el despido. A pesar de que estas políticas neoliberales han causado la crisis actual, ellos –el P.P.- confían en la ignorancia de sus posibles votantes, en la capacidad del partido de echar la culpa al contrario, en su capacidad de mentir, en su hipocresía de clase, para mantener a su feligresía votante no por debajo del 40% (2).

En cuanto a la patronal, nada tienen que ofrecer en un pacto, porque lo único que interesa a los asalariados y autónomos que quieren representar y defender los sindicatos en estos momentos es el empleo, y eso no lo puede garantizar el órgano ejecutivo de la patronal. Cada empresario, pequeño, mediano o grande –incluso con la ley en la mano-, contrata cuando y como quiere, y despide de la misma forma, sea cual sea la opinión de sus jefes de congregación empresarial. Se me dirá que ya ha habido pactos anteriores –los de la Moncloa, AN, ANE, AMI- de cuya bondad apenas se duda. Es cierto, pero eran otras circunstancias: o salíamos de la dictadura o no estábamos lejos, o había un problema de inflación gravísimo (los de la Moncloa), o estaban aún por hacer leyes laborales, o asentar leyes que determinaran el marco jurídico o institucional de nuestro Estado de Bienestar, de nuestro sistema fiscal. Todo eso es el pasado. Creo que los dirigentes sindicales deben reflexionar y convertir en ideas –según la nomenclatura orteguiana- la creencia de que es mejor pactar que no hacerlo.

Mi modesta opinión es que ahora, asentada la democracia a pesar del componente sociológico tardofranquista del P.P., se asegura mejor la salida de la crisis y el asentamiento del Estado de Bienestar –a pesar incluso de las competencias transferidas- con un pacto entre los sindicatos y la izquierda. De este pacto ambos tenemos que ganar: los sindicatos, porque asalariados y autónomos saldrán beneficiados de una política socialdemócrata –aunque sea moderada- como la actual que con un pacto PP-PSOE, donde la izquierda tendría que renunciar a esta política por otra neoliberal; la izquierda saldría reforzada si los sindicatos se comprometen políticamente a defender críticamente a la izquierda política -incluso en los períodos electorales- a cambio de políticas económicas consensuadas entre los sindicatos y la izquierda parlamentaria. Y aquí los sindicatos tienen mucha tarea que hacer, incluso en sus propias filas.

(1) “Ideas y Creencias”, en Colección Austral, Espasa Calpe, pág. 21.

(2) Véase el artículo del sociólogo Carles Castro “La minoría dominante”, en “Claves de la razón práctica”, nº 194; también el de Ignacio Urquizo “¿Unas elecciones en clave nacional?”, en el mismo número, aunque mi interpretación es la expuesta.

Antonio Mora Plaza es economista.

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