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lunes. 26.09.2022

La oportunidad del nuevo Estatuto de los Trabajadores

Se mire por donde se mire, la propuesta del PSOE interpela especialmente al sindicalismo confederal...
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Este cuadro es obra del pintor Jordi Serrau El Maño, el retratado es Carlitos Vallejo, hace cuarenta y tres años en la CárcelModelo de Barcelona

1.- Joaquim González reincidía atinadamente sobre un asunto de gran importancia, que ya hemos tratado en otras ocasiones en este mismo blog: «Me refiero a la [propuesta] que ha presentado el PSOE, concretamente su responsable de Empleo, María Luz Rodríguez, al afirmar que, en caso de gobernar, su partido se compromete a abrir y dirigir un proceso de diálogo y negociación con los agentes sociales para abordar la construcción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Una propuesta que va mucho más allá de la promesa, como se venía afirmado hasta ahora, de que su primera medida, si gobierna, sería dejar sin efecto la última reforma laboral del Partido Popular.» Léase bien, por favor: el PSOE va a abrir un proceso de diálogo con los agentes sociales y, a partir de él, se harán las novaciones legislativas pertinentes. Hablando en plata, cabe la posibilidad de abrir un debate sobre «el trabajo» y los derechos del conjunto asalariado. Naturalmente, se trataría de una discusión que fuera más allá de los círculos de los grupos dirigentes para abrirse a todo el universo del trabajo que cambia aceleradamente.

No es necesario explicar la importancia de esta propuesta. Pero sí es oportuno recordar que tamaña operación se va a dar cuando se ha agotado el ciclo largo de los derechos sociales de los últimos treinta y cinco años en España y de los últimos setenta años en los países más avanzados de la Unión Europea. No se trata de un agotamiento natural del «ciclo largo» sino, por una parte, del envejecimiento de no pocos derechos tras la irrupción masiva y fulgurante de las nuevas tecnologías y de los sistemas de management de las empresas y, de otro lado, por la violenta agresión contra tales derechos por parte de la mayoría de los gobiernos: la más reciente la reforma laboral italiana (Jobs Act), que ya han comentado en este mismo blog Luigi Mariucci y Umberto Romagnoli.

Se mire por donde se mire, la propuesta del PSOE interpela especialmente al sindicalismo confederal. Es más, le incita a debatir  en todos sus ámbitos (especialmente en los centros de trabajo) en torno a una cuestión de la mayor importancia. Lo que comportaría que dicha discusión no quedara reducida a los círculos concéntricos dirigentes.  Porque serían las nuevas reglas de eso que comúnmente se llama las relaciones laborales. De ahí el esfuerzo colectivo por plantear una reflexión crítica del pasado y solicitar una nueva mirada sobre aquellas ideas y esperanzas concretas, sobre aquellos trabajos culturales que se mostraron fructíferos aunque tuvieran una vida corta.

Nuevas reglas: pongamos que hablo, por ejemplo, de la «codeterminación», que no debe confundirse con la cogestión. Esto es, la codeterminación como: la fijación negociada, como punto de encuentro, entre el sujeto social y el empresario, anterior a decisiones "definitivas" en relación, por ejemplo, a la innovación tecnológica, al diseño de los sistemas de organización del trabajo y de las condiciones que se desprenden de ella. A mi juicio, la codeterminación es el derecho más importante a conseguir en el centro de trabajo en el incansable esfuerzo por la humanización del trabajo y la autorrealización en el trabajo. La codeterminación como elemento corrector de la pereza en considerar las formas de trabajo como definitivamente dadas.

En resumidas cuentas, se abre una oportunidad con un nuevo Estatuto de los trabajadores de intervenir –no sólo en el centro de trabajo--  «de utilizar los instrumentos fundamentales de la investigación, de la formación, de los incentivos a la innovación, no sólo de la tecnología, también de la organización del trabajo. Y de la socialización de las innovaciones, las sinergias de los proyectos a nivel europeo y de las transformaciones de la organización del trabajo, especialmente a través de la negociación colectiva, el papel y la autonomía de la persona que trabaja, ante todo en la programación de su propio trabajo y actividad», sobre los que tanto insistió Bruno Trentin.

2.- He sentido voces de algunos conocidos y saludados que han tachado la propuesta del PSOE como electoralista. ¿En qué quedamos? Si no plantea nada sacamos la espingarda y criticamos la ausencia de proyecto; si hace lo contrario hablamos de electoralista. Otros hablan así: ¿por qué no lo hizo estando el PSOE en el poder? Eso mismo me digo yo. Pero, ¿a qué nos lleva esa justa crítica? En todo caso, a sacarle los colores a Zapatero. Así pues, darle la espalda a dicha propuesta sería perder una oportunidad. De la que, también nosotros, seríamos responsables.  Vale

P/s. Juan Blanco Blanco me manda esta nota en la que comenta la entrada de Joaquim González. La copio y pego: «Entusiasmante mirada la del autor, si la considerásemos como inductora de una forma de acceder a análisis concretos de las realidades complejas en que se desenvuelven las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población que, en un determinado momento, se relaciona en un espacio social, político, cultural y económico, también concreto, y también complejo.

Generadora de entusiasmo, desde el origen de la elevación de la manifestación de la responsable de Empleo del PSOE a la categoría de "apertura de un proceso inclusivo de los actores económicos y sociales para la construcción de un nuevo Estatuto de los Trabajadores", por rupturista con la muy mayoritaria dinámica actual (ésta, más bien parece que enrocada en los "ida y vuelta" de no más de 140 caracteres, eso sí, "con mucho carácter" y radicales pretensiones electoralistas) que, en la dimensión de las condiciones de empleo (y de desempleo), nos martillea con las "nuevas centralidades" identitarias que han desplazado del corazón de las lógicas sociales y políticas, de la pulsión central de las personas "la cuestión social", ya antigua, del sustento (Karl Polanyi), de las relaciones conflictivas por esenciales para las condiciones de vida (no sólo de trabajo) de la inmensa mayoría de la ciudadanía, de los proyectos efectivos de desarrollo social, tecnológico, económico; en fin, quizás, estirando animosamente el artículo, lo que nos sugiere es tratar de alimentar el entusiasmo por una reestructuración estratégica de las relaciones sociolaborales como uno de los centros que soportan (y, a su vez, expanden) condiciones esenciales y concretas de vida.

En fin, gracias por esa perspectiva y las sugerencias que desliza el autor.»

La oportunidad del nuevo Estatuto de los Trabajadores