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miércoles. 28.09.2022

Objetivos poco claros

Aunque uno ponga empeño en trivializar, cambiar de conversación, pensar en otra cosa como medida terapéutica para olvidar el panorama de erial que poco a poco nos desertiza, es inútil.

Aunque uno ponga empeño en trivializar, cambiar de conversación, pensar en otra cosa como medida terapéutica para olvidar el panorama de erial que poco a poco nos desertiza, es inútil. La falta de objetivos, los objetivos poco claros y las medidas aprobadas por el Gobierno, y que no son verdaderas reformas financieras para salir de la crisis, como explicó Mario Conde en el artículo publicado en Fundación Civil, me tiene desvelado noche sí y tarde de siesta también.

Mi deambular inquieto e insomne suelo atemperarlo con la lectura. Y así como es un hecho que el libro elige al lector, en ocasione y en descenso, el tema también. Esta es una de las ocasiones. Uno de mis autores predilectos es Eduardo Mendoza. Siempre estoy al acecho de una nueva publicación y, entre tanto, le releo. En su última obra maestra El enredo de la bolsa y la vida, he hallado unos párrafos que reflejan la situación actual y ponen cierta nota de esperanza, ejem... Antes de transcribirlos imagínense, visualícenlo y ponga voz, al Sr. Presidente del Gobierno dirigiéndose al parlamento como colofón de una sesión plenaria: ‘Este intercambio de ideas ha sido muy provechoso y os agradezco a todos vuestras respectivas aportaciones. Ni una sola idea ha caído en saco roto, os lo puedo asegurar. Es cierto, haciendo balance de la situación, que parece que no hayamos avanzado, y es muy probable que no hayamos avanzado. Incluso es posible que hayamos retrocedido, cosas ambas difíciles de determinar cuando no se conoce el punto de partida ni el objetivo último de nuestro caminar. Pero también puede darse lo contrario, es decir que hayamos avanzado sin darnos cuenta. Bien es verdad que avanzar sin enterarse de que se avanza es lo mismo que no avanzar, al menos para el que avanza o pretende avanzar. Visto desde fuera es distinto. Aun así, yo abrigo la esperanza de que este avance, real o imaginario, dentro de poco nos conducirá a la solución definitiva o, cuando menos, al principio de otro avance.’

Aplausos nutridos y unánimes de la Cámara puesta en pié y algunos ¡torero, torero! …Y lo patético es que pudiera ser verdad.

Gracias, don Eduardo, ¡cómo estamos!

Objetivos poco claros
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