miércoles 16.10.2019

Obama no hubiera ganado en España

Bastante tienen lo lectores de Nueva Tribuna con soportar los miles de artículos y crónicas de radio y televisión sobre la segunda victoria electoral de Barack Obama como para que venga uno a añadir su opinión al empacho, que va a durar al menos varios días. Así que seré breve. No le den más vueltas: el demócrata se ha impuesto al republicano con escasez en el voto ciudadano y con amplitud en el colegio electoral.

Bastante tienen lo lectores de Nueva Tribuna con soportar los miles de artículos y crónicas de radio y televisión sobre la segunda victoria electoral de Barack Obama como para que venga uno a añadir su opinión al empacho, que va a durar al menos varios días. Así que seré breve.

No le den más vueltas: el demócrata se ha impuesto al republicano con escasez en el voto ciudadano y con amplitud en el colegio electoral. No es una gran diferencia haber obtenido el 50 frente al 48 %, pero ello se ha traducido en decenas de delegados más para Obama, que gobernará el país otros cuatro años.

La verdad es que se trata de una buena noticia para los Estados Unidos, por supuesto, pero también para la Unión Europea y, en su seno, para aquellos que temíamos que un Romney de Presidente se acercara a Bush hijo en política exterior y a la austeridad por la austeridad de Merkel en política económica.

Socialdemócratas y progresistas en general cuentan de nuevo con el Presidente Obama como un factor de esperanza y, si se quiere, de identificación en tiempos en que los liderazgos europeos se han vuelto tristes y muy poco ilusionantes.

Pero tampoco vayan a confundirse: más allá de las frases grandilocuentes sin mayor significado que le escriben sus ghost writers y que lee profesionalmente en el telepronter; más allá de los comentarios que ahora nos salmodiarán una vez más con que los Estados Unidos son mejores que la UE que hemos construido; más allá de toda la hagiografía que nos queda por leer, ver u oír, Obama volverá a hacer lo que pueda en y desde un país con gravísimos problemas de pobreza, marginación, desigualdad, contaminación, crisis económica y fuerte división política, que a pesar de todo nos gusta tanto a algunos de nosotros. Repito: lo que pueda, que ya es bastante.

Afortunadamente, sus votantes así lo han entendido al apoyarle a pesar de las promesas incumplidas, los errores y los cambios de rumbo. Porque además sabían que, si no iban a votar o no se decidían de nuevo por él, terminarían enviando, sin quererlo, a Romney a la residencia de la Avenida Pensilvania de la capital federal.

Por eso, la lección no deja de ser útil en esta España que nos ha tocado vivir.

Fíjense: aquí no hubiera vuelto a ganar Obama. Pónganle el nombre que quieran, pero el candidato progresista hubiera sido derrotado por sus propios electores potenciales. ¿Cómo? Muy sencillo: echen cuentas en Galicia sobre qué hubiera pasado si los más de 80.000 votos en blanco (en blanco de toda la vida o al Partido del Voto en Blanco), me temo que en su mayoría atribuibles a progresistas, se hubieran emitido efectivamente a favor del candidato socialista, del BNG o de Beiras: sí, sí, que Feijóo no sería Presidente de Galicia, cargo para el que salió reelegido al obtener 15.000 votos más que la suma de toda la izquierda. ¿Cómo son las cuentas, verdad?

Apliquen lo mismo al 20-N de 2011 quienes se abstuvieron o votaron en blanco sin ser de derechas (pero con todo el derecho) y obtendrán también una buena conclusión.

Se podrá decir que alguna vez hay que decir basta si no se rectifica por parte de los dirigentes de la izquierda. Y se llevará razón. Pero, por favor, que se haga cuando uno ya no tenga que sufrir este valle de lágrimas.

Afortunadamente, los que componían Occupy Wall Street o simpatizaban con ellos no hicieron lo mismo que una parte (no todos, por supuesto) que los del 15-M o los del 25-S en la jornada electoral.

 Debemos agradecerles permitirnos disfrutar de nuevo de Obama. Thank you very much!

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