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miércoles 25/5/22

Nuevo ciclo en Europa y Estados Unidos

El próximo 1 de enero se abrirá un nuevo ciclo político tanto en la Unión Europea como en los Estados Unidos de América. De cumplirse las previsiones referéndum irlandés mediante-, la Unión contará con un Tratado reformado que, sin ser la Constitución Europea que elaboramos en la Convención y el pueblo español respaldó en las urnas, se le parecerá bastante.
El próximo 1 de enero se abrirá un nuevo ciclo político tanto en la Unión Europea como en los Estados Unidos de América. De cumplirse las previsiones referéndum irlandés mediante-, la Unión contará con un Tratado reformado que, sin ser la Constitución Europea que elaboramos en la Convención y el pueblo español respaldó en las urnas, se le parecerá bastante. Europa será así, si la voluntad política acompaña el ejercicio de desarrollar a fondo esa norma básica, más democrática y más eficaz, por este orden.

Por su parte, George Bush hará las maletas a mediados de enero para dejar paso a un Presidente que, aunque llegara a ser el republicano McCain, difícilmente repetirá sus tremendos errores en política exterior. Miel sobre hojuelas si su sucesor es un o una demócrata: Barack Hussein Obama o Hillary Rodham Clinton, que en ambos casos ya han manifestado su disposición a abrir una nueva etapa en las relaciones con aquellos países que, en palabras del senador de Illinois, no estaban contra los Estados Unidos, sino que no respaldaban la agenda del actual inquilino de la Avenida Pensylvania.

Sea como sea, España está bien posicionada para ese cambio de ciclo. Nuestro país ha estado a la cabeza en el avance hacia la unión política europea y ha vuelto a situarse en el centro de la toma de decisiones de Bruselas, restableciendo todos los puentes dinamitados en su día por Aznar.

Además, ha tomado decisiones pioneras que hoy siguen otros países, empezando por la retirada de las tropas de Irak y continuando por la propuesta de la Alianza de Civilizaciones. Objetivamente, lo que le conviene a los Estados Unidos de enero de 2009 es una España europeísta y distanciada del unilateralismo y el uso de la guerra para la defensa de intereses políticos y/o económicos. Así les será más fácil desembarazarse de la herencia militarista de Bush en un momento en el que el mundo desarrollado necesita concentrarse en prioridades tan básicas como la crisis económica, la crisis alimentaria en el Sur o el cambio climático.

Sin embargo, una sombra planea sobre ese horizonte: el predominio conservador instalado en las capitales de la mayoría de los países europeos, que en algunos casos está protagonizando una acelerada carrera para hacerse con el discurso populista en torno a asuntos como la inmigración. Si el Consejo de la UE va a tener algunos años por delante de hegemonía de derechas, la única posibilidad que hay por delante para contrarrestar esa correlación de fuerzas será conseguir una mayoría progresista en las elecciones al Parlamento Europeo que tendrán lugar entre el 4 y el 7 de enero de 2009.

La izquierda europeísta y de gobierno, en consecuencia, afronta las euroelecciones más relevantes desde que se elige al Parlamento Europeo por sufragio universal directo, treinta años después: deberá vencer a la abstención demostrando que nuestro día a día se define cada vez más en el nivel de la Unión, tendrá que derrotar a la derecha con un discurso que haga frente a la deriva populista y estará obligada a hacerlo con un auténtico programa de profundización política y social de la construcción europea, favorable a los trabajadores y las clases medias.

En ello está empeñado el Partido Socialista Europeo desde que comenzó hace un año la elaboración abierta y participativa de su Programa Electoral a través de Internet (http://manifesto2009.pes.org/en), en un ejercicio que culminará en el Consejo que celebrará en Madrid los días 21 y 22 de noviembre de este año. El ejercicio merece la pena.

  • Vicepresidente del Partido Socialista Europeo

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