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sábado. 02.07.2022

Nuestro Calvario

Días antes de la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE para diseñar la estructura de los presupuestos con que Europa va a enfrentarse a uno de los momentos más críticos de la historia reciente, un grupo de científicos laureados con el Nóbel en distintas disciplinas  remitían una carta al cogollo de la soberanía, a los jefes de Estado y Gobierno, para recordarles que probablemente solo la ciencia podría

Días antes de la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE para diseñar la estructura de los presupuestos con que Europa va a enfrentarse a uno de los momentos más críticos de la historia reciente, un grupo de científicos laureados con el Nóbel en distintas disciplinas  remitían una carta al cogollo de la soberanía, a los jefes de Estado y Gobierno, para recordarles que probablemente solo la ciencia podría enfrentar con posibilidades de éxito la encrucijada en la que Europa se encuentra. Apelando al espíritu de la agenda de Lisboa que fijaba para la UE el ambicioso objetivo de ser la economía más evolucionada por la aplicación del conocimiento, abogan por mantener e incrementar el fondo de la agenda, esto es la apuesta por la ciencia y la investigación como motor de la economía y la sociedad europea para el siglo XXI.

Y, digamos que en principio, hay una especie de consenso sobre la importancia de la investigación y la promoción del conocimiento como base de desarrollo socioeconómico. Que ello se traslade a la fijación de un marco presupuestario consecuente, es otra cosa. Por esta razón su carta juega un papel esclarecedor en la fijación y recuerdo de cuales son los verdaderos objetivos y de cómo deben logarse: Con apoyos, con dedicación, con inteligencia  y con recursos financieros.

La carta viene firmada por 42 premios Nóbel. Ningún español se encuentra entre los firmantes. No por insolidaridad o por divergencia de criterio sobre el modelo de impulso a la economía del conocimiento, sino por que no existen.

Éste es nuestro drama. Cuando en la oscuridad del futuro sólo se atisba una tenue luz que proviene del mundo de la ciencia, nosotros hace años que hemos soplado la vela. No hay recursos, ni, si me apuran, voluntad para impulsar la ciencia en nuestro país. Y sabemos por propia experiencia la importancia de aplicar recursos en ciertas áreas del comportamiento humano. El dinero invertido en el deporte y los logros de los deportistas españoles nos muestran a las claras que sabemos aplicar de manera eficiente los recursos cuando existen y hay voluntad de hacerlo

De modo que nuestro retraso en el desarrollo de la ciencia y la investigación no es atávico, no tenemos ninguna hormona refractaria al conocimiento y su aplicación a la economía. Seguramente, si se dispusieses de los recursos y la voluntad necesaria, nuestra economía del conocimiento estaría a la altura de lo demostrado en fútbol, baloncesto, tenis y hasta sincronizada.

Pero no parece haber recursos y desde luego resulta palmario que lo que de verdad no hay es voluntad de llevar adelante un proceso de modernización del país basado en la economía del conocimiento, en la promoción de la ciencia y el saber, y en desarrollar el entramado institucional de universidades excelentes, centros de investigación y oficinas de difusión del conocimiento bien implantadas. Este es nuestro calvario.

Peor aún, pues si nuestro Calvario es la indiferencia ante el saber y el conocimiento, nuestro Gólgota es la incomprensión del modelo de modernización, que está basado en la potenciación de la creación a partir de la aplicación de hallazgos del saber propios de cada comunidad. La modernización a partir de la aplicación de los conocimientos científicos es un proceso endógeno generado por la particularidad de cada comunidad científico cultural, que está relacionada con el medio en el que se desarrolla.

La tecnología avanzada del siglo XXI, orientada a la facilitación de la vida en cualquier ámbito geográfico, tiene su origen en las escuelas de física e ingeniería noreuropeas (alemanas, suecas y danesas) del siglo XX obstinadas en convertir en circunstancial el habitar territorios hostiles, fríos e infértiles. La modernización no es un proceso endogámico, pero es un proceso ligado de manera inextricable a las fuerzas dominantes de los ámbitos en los que se desarrolla, basada en las características identitarias de los mismos, en sus fortalezas digamos.

En España el rasgo más determinante, su fortaleza, es su herencia cultural. Todo periodo histórico del arte y la cultura tiene en nuestra tradición a los mejores ejemplos, de Goya,  Cervantes y Velázquez, a Picasso, Falla y Lorca, pasando por Granada, por Toledo, por Tarrágona… La creación cultural es nuestra seña de identidad. Almodóvar, Ferran Adría o el Bilbao del Guggenheim son símbolos arquetípicos de la producción en nuestra casa del sur.

Nuestra fortaleza reside en la producción cultural y a partir de ella puede iniciarse un proceso de modernización de valor añadido tan extenso como cualquier otro. Pero debe invertirse en promover voluntades y sobre todo en aportar los recursos necesarios. En lugar de ello, la producción cultural está sufriendo el acoso más hiriente de cuantos se conocen, incluida la corona de espinas.         

Nuestro Calvario
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