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viernes. 27.01.2023

Notas entresacadas

Después de una veintena de artículos publicados en Nueva Tribuna pienso que ahora es un buen momento para hacer una especie de repaso de algunos de los contenidos que con toda mi buena voluntad he ido vertiendo sobre este Boletín de Noticias, tal como este diario se autodefine. El deseo de revisar o resumir algunas de las ideas expresadas coincide con otros acontecimientos, temporales o políticos, de especial relevancia.

Después de una veintena de artículos publicados en Nueva Tribuna pienso que ahora es un buen momento para hacer una especie de repaso de algunos de los contenidos que con toda mi buena voluntad he ido vertiendo sobre este Boletín de Noticias, tal como este diario se autodefine. El deseo de revisar o resumir algunas de las ideas expresadas coincide con otros acontecimientos, temporales o políticos, de especial relevancia. Por un lado, termina un año y comienza otro del que, algunas voces agoreras, nos dicen que poco positivo se puede esperar en el terreno de lo netamente económico o en el del empleo. Por otro lado, comienza a materializarse lo que para muchos era una evidencia  incluso antes de que el PP engatusara a una masa distraída de su propia realidad, y ganara las elecciones con el engaño y la traición a sus propios electores; la portavoz de turno, después de informar de los “zarpazos” que nos van a dar de inmediato, anuncia que éste es el “principio del principio” lo que hace que propios y extraños nos acojonemos por esta sentencia que nada dice a favor  de los que siempre hemos sufrido las consecuencias de crisis o recesiones creadas por otros.

La necesidad de la reflexión y el análisis frente a la mera opinión

En mi participación como columnista he intentado huir de la simple opinión. Así en el artículo del día 7 de agosto decía: “con el ánimo de fomentar y dar contenido al pensamiento crítico, las ideas han de quedar expresadas en el texto o en el discurso como fruto de un razonamiento inductivo; es decir, a la observación de los hechos acaecidos en el presente y en el pasado  le han de seguir la reflexión y el análisis para concluir en un resultado que sea fruto, única y exclusivamente, de la inferencia,  con el ánimo de que ese enunciado, esa expresión, se convierta en regla de acontecimientos futuros. Solamente así se evita la polémica y la reducción de la idea a una simple opinión, sólo así adquiere validez la conclusión o el pronóstico. El pensamiento crítico se ha de basar en valores intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad”.

¿Qué fue del 15M?

Aplicando el método descrito en el punto anterior al  fenómeno que tuvo lugar en torno al 15M, ya dijimos que aquello no podría conducir a otro resultado que aquél al  que estamos asistiendo ahora cuando, con un gobierno de corte puramente reaccionario y antisocial, lo que fue ese fugaz movimiento ha pasado a la triste historia más reciente del fracaso. Para justificar esa conclusión señalábamos por esas mismas fechas, agosto de 2011, que cuando “se hacen peticiones imposibles, suele enardecer a los oyentes o lectores, quiénes se unen a la reivindicación, pero esta forma de plantear  mejoras, sin contar con instrumentos o poder suficiente para obligar al contrario, se vuelve en contra del débil, del sector social más afectado por la injusticia y la sinrazón”. A lo que añadíamos: “una imagen nítida de lo que digo nos la está ofreciendo recientemente el movimiento 15M, al que se han unido en sus protestas y peticiones intelectuales y gentes de buena voluntad. La ausencia, entre otras cosas, de una herramienta que oriente el proceso de lucha, y, sobre todo, de la fuerza necesaria para derrotar al poder establecido, están convirtiendo la protesta en un azucarillo que se va diluyendo en un enorme vaso de agua. Los últimos estertores son y serán simples cabezonadas que sólo servirán para encubrir la ausencia de logros. De esta manera, la indignación se convierte en frustración, y el fracaso refuerza a quienes tienen el poder y el dominio”.

La crisis: una herramienta más de dominio para la pervivencia del sistema

La “crisis económica”, tal como observamos, se ha convertido en un instrumento en manos de quienes ostentan el poder para continuar con su dominio en el marco de un sistema agotado. Para mantener esas relaciones de poder lo único que se les ha ocurrido a los de arriba es ir eliminando eso que conocemos como estado de bienestar, conseguido en décadas pasadas por la lucha y el esfuerzo de la clase trabajadora. Esta torpe medida no será motivo de prosperidad, por el contrario potenciará la inestabilidad y el desasosiego. A primeros de septiembre señalábamos: “ahora, cuando lo que de verdad está en crisis es el propio sistema en su totalidad, la vida se ha convertido en una farsa, y (la vida) está montada sobre el absurdo y la provisionalidad”. Y en noviembre añadíamos: “lo que llaman crisis económica es ahora la máscara de un sistema agotado que, tal vez por cobardía, muchos se niegan a admitir. No se observa, en estos momentos, ninguna fisura por donde empezar a romper con esta agonía”.

La democracia como estrategia del poder económico

Con respecto a la práctica política al uso, allá por ese mismo mes de septiembre, decíamos que “el término democracia se ha convertido ahora en el parapeto político de un sistema injusto tras el cual toda actuación de poder se legitima por una sencilla cuestión nominal del modelo, aunque, en realidad, no es otra cosa que una mera fachada para mantener la mansedumbre de las masas y para contener cualquier intento de rebeldía”. Incluso antes de esa fecha, es decir, en agosto nos preguntábamos: “¿Qué pasa con los gobiernos de las democracias de occidente?”, para añadir a continuación: “la UE, cargada de burócratas bien pagados para cumplir con su función, ha eclipsado la política local. Los gobiernos como el nuestro actúan al dictado de lo que dicen en Bruselas. El espacio de autonomía que les queda se limita a elaborar cuatro leyes relacionadas con aspectos insustanciales. Los recortes, los ajustes y el resto de medidas económicas son dictadas desde la burocracia europea, sometida a las decisiones de ciertos organismos internacionales (FMI, BM, BCE, etc.) que, a su vez, son manejados por los grandes magnates del dinero. A través de esta escala es cómo funcionan  sociedades como la nuestra, excluyendo cualquier participación de la población. Esta forma de funcionamiento ha engullido por completo el contenido político de las denominadas democracias occidentales, que mantienen únicamente la formalidad para engañar y contener, aún más si cabe, a una sociedad dormida e inerme”. Nada más gráfico para dar validez a estas afirmaciones que se hicieron hace tiempo que lo que ha ocurrido en Grecia y en Italia.

La evolución del capital

Ahora escuchamos a supuestos expertos decir que los bancos reciben dinero barato para después comprar deuda de los estados del sur de Europa. En junio del pasado año, describíamos cómo ha ido  evolucionando el capital para obtener la máxima rentabilidad hasta llegar a lo que hoy tenemos: “en estos momentos, con una tremenda burbuja dineraria, los capitales están centrados en la deuda pública, asfixiando a los países del sur europeo”. Y en julio matizábamos: “el colmo de la sinrazón, lo encontramos ahora en el tratamiento de la deuda pública de algunos países de la zona euro, es decir, en el negocio de los especuladores que juegan con la vida de la clase trabajadora de determinados Estados del sur de Europa. Lo que está pasando en estos últimos años raya en la más irritante y perversa actuación llevada cabo por  una panda de descerebrados, a los que los políticos les sirven de comparsa”.

El papel de los medios de comunicación

 Finalizaremos haciendo referencia a los grandes medios de comunicación que están al servicio del poder, y que juegan un nefasto papel en contra de las clases populares. Ya por el mes de junio señalábamos: “en particular los medios se han encargado de envenenar a la sociedad y crear un diccionario maldito con términos tales como revolución, subversión, comunismo, clase dominante, explotación, enajenación y otros muchos entre las que se encuentra antisistema”.  Y un mes más tarde continuábamos: “se ha conseguido el control de los sentimientos y de las emociones a través de los medios de comunicación y el adiestramiento escolar; se ha alcanzado, en suma, un grado extremo de maleabilidad de hombres y de mujeres, abandonados a la suerte del más hábil, del más mentiroso, del más sinvergüenza”. 

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