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miércoles. 10.08.2022

Nos quieren hacer creer "que la muerte es el silencio"

Nos quieren hacer creer “que la muerte es el silencio, aun que lo sea” (Benedetti). Pero nosotros, no lo creemos. Prueba de ello es que muchos ciudadanos no paramos de gritar para acallar el silencio, para reclamar memoria, justicia y reparación para las víctimas del franquismo. Y no pararemos. Seguiremos ahí, resistiendo, para que la muerte nunca sea el silencio.

Nos quieren hacer creer “que la muerte es el silencio, aun que lo sea” (Benedetti). Pero nosotros, no lo creemos. Prueba de ello es que muchos ciudadanos no paramos de gritar para acallar el silencio, para reclamar memoria, justicia y reparación para las víctimas del franquismo. Y no pararemos. Seguiremos ahí, resistiendo, para que la muerte nunca sea el silencio.

Tampoco para el juez de la audiencia nacional Baltasar Garzón, la última víctima del franquismo. A Garzón le quieren matar la vida laboral, le quieren dejar sin voz jurídica, le quieren apartar de la carrera judicial por medio de una argucia legar insostenible y bochornosa, que ha trascendido las fronteras de España y ha colocado a nuestro país en la picota de la vergüenza internacional por el uso troticero que se está haciendo de las leyes. Desde Naciones Unidas, hasta Human Rights Watch y Amnistía Internacional han denunciado la persecución a la que está siendo sometido Garzón.

El Tribunal Supremo ha inhabilitado al juez durante 11 años, los suficientes para sacarlo de la judicatura. Se ha quitado a un juez molesto de encima, un juez cuyos delitos principales han sido atreverse a pretender juzgar los crímenes de la dictadura y del franquismo y la mayor trama de corrupción política que ha existido en España y que implica a altos cargos del Partido Popular, la trama Gürtel.

El resultado de la primera sentencia del Supremo contra Garzón (es la primera de tres causas pendientes) pone la justicia del revés en España. Mientras la toga de Garzón, el juez que se atrevió a juzgar la corrupción de la Gürtel es pisoteada y ensuciada, los primeros corruptos de la trama que se han sentado en el banquillo, Camps y Costa, han sido absueltos. El mundo al revés.

Ahora toca la sentencia sobre los crímenes del franquismo, que han llevado al Juez nuevamente al banquillo del supremo durante las dos últimas semanas. Dos semanas en las que la Plataforma de Apoyo a Garzón no ha parado de convocar actos solidarios con el juez, que han hecho de las calles de Madrid un clamor de voces de ciudadanos reclamando memoria, justicia y reparación.

Dos semanas en las que se han escuchado, por primera vez en España en sede judicial, emotivos testimonios de personas que aun buscan a sus seres queridos en las cunetas de nuestro país, personas desaparecidas desde el maldito día en el que los golpistas de Franco se alzaron en armas contra el Gobierno democrático de la república española, y decidieron que lo blanco era negro, y que la ilegalidad y la barbarie iban a darle la vuelta al país, convirtiéndolo durante mucho tiempo en un moridero para arrancar “hasta la última raíz” (Franco dixit) del republicanismo español.

Está documentado, por las asociaciones que reclaman la recuperación de la memoria histórica y que fundamentaron el auto de Baltasar Garzón para abrir una causa para juzgar los crímenes del franquismo y la dictadura, que todavía hay más de ciento veinte mil personas desparecidas y enterradas en las fosas o en las cunetas de muchas localidades de España. Personas que fueron asesinadas y mancillado su recuerdo y cuya memoria debe ser reparada. Sus familiares y descendientes todavía los buscan y exigen recuperar sus restos para honrarles como se merecen. Es una causa justa, cuyo reconocimiento es necesario para cerrar esas heridas abiertas desde 1936. Nuestra democracia necesita reconocer, recordar y reparar esos hechos terribles para poder caminar hacia delante. Durante estos días se ha recordado en la prensa internacional que España es el segundo país del mundo, detrás de Camboya, que tiene más personas desaparecidas enterradas sin nombre en las cunetas o en las fosas comunes. Es un triste dato, que nos debería hacer reflexionar como país. ¿Qué democracia puede continuar tapando estos hechos y seguirse llamando así, “democracia”?

He pegado unas cuantas fotografías de algunas de las manifestaciones que se han venido realizando para apoyar a Garzón. Estas marchas también se han realizado para que los rancios poderes conservadores y derechistas, que mantiene nuestra democracia vigilada y que todavía hoy ejercen su fuerza y su influencia en el poder judicial, el político y en el económico -no hay más que ver le última ley de reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP sin contar con los sindicatos, por decreto, que asegura de hecho el despido libre y deja sin garantías de protección a los trabajadores, una ley que es el sueño del empresariado español-, sepan que estamos ahí, que Garzón no está solo, que el pueblo que reclama justicia, reparación y memoria es tozudo y le acompaña.

Porque nos negamos a creer “que la muerte es el silencio” recogemos el testigo y seguimos luchando por aquello que creemos que es justo.

A continuación pego un poema sobre la memoria que somos:

Los versos del pasado golpean mi puerta.

Llaman los del ayer inmediato,
con arrugas incipientes en la piel limpia,
vestidos de adolescentes en plena edad media
y resistiendo al acomodo complaciente
al que nos invita un sistema que publicita oropeles,
mientras nos saca del camino
o nos engulle en la atonía cómplice de la clase media.

Llaman también los del otro ayer,
ése que vio a nuestros abuelos
explorar las posibilidades de la razón,
y los lanzó a la conquista de un presente igualitario
¡sin dioses ni caudillos
y con el pecho abierto a espirales de sueños!
Seres lúcidos, que se enfrentaron a una ley
que sólo permitía alimentar el cuerpo y el alma con cebolla.

Los versos del pasado se hacen presentes,
se acercan, me tienden la mano,
y con un susurro liviano,
que me hace cosquillas y me eriza los cabellos,
me explican el significado de la palabra “memoria”
y vuelvo a ser consciente
que la fortuna de seguir arropada por los míos
me acompañará siempre.

Nos quieren hacer creer "que la muerte es el silencio"
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