miércoles 11.12.2019

No ofende quien quiere

Partiendo de la máxima que "no ofende quien quiere sino quien puede" y por ello titulares como "Sindicalistas acarreados en 850 autobuses piden un referéndum" aparecido en El Mundo el domingo 16 de septiembre no tienen más valor que la reiteración de un línea editorial por todos conocida El contenido del curioso artículo de D.

Partiendo de la máxima que "no ofende quien quiere sino quien puede" y por ello titulares como "Sindicalistas acarreados en 850 autobuses piden un referéndum" aparecido en El Mundo el domingo 16 de septiembre no tienen más valor que la reiteración de un línea editorial por todos conocida

El contenido del curioso artículo de D. Luis María Ansón, publicado en el mismo periódico el lunes siguiente día 17, titulado “Los liberados sindicales se manifiestan en Madrid”, merece una detenida lectura a pesar de que el tono y el contenido puedan provocar dudas sobre la propia firma del mismo: “Luis María Ansón es miembro de la Real Academia Española”. Los fundadores de ésta, que le asignaron la tarea de velar por “la propiedad, la elegancia y la pureza del idioma”, dudo que se sintieran demasiado satisfechos por esta nueva entrega del erudito firmante.

Las manifestaciones del pasado 15 de septiembre son calificadas por el erudito firmante con expresiones como “desfilaban aborregados”, “la responsabilidad del cierre de la mayoría de las medianas y pequeñas empresas, también de los EREs que se han multiplicado, corresponde a las centrales sindicales”, “me acordé enseguida de las manifestaciones de los sindicatos verticales de Franco” y otras lindezas por el estilo en las que destila de nuevo su ya conocido odio a las organizaciones de los trabajadores.

Sorprende sin embargo que como base de su diatriba diga “recorrí el domingo el paseo de la Castellana ...”, “los manifestantes del domingo …”. Sorprende que quien tan bien recuerda las manifestaciones franquistas no recuerde que la movilización promovida por los sindicatos y decenas de organizaciones sociales no se desarrolló el domingo, ¡sino el sábado!. Quizá lo que pasó es que fue efectivamente a pasear el domingo por la Castellana y confundió a otros paseantes con furiosos manifestantes rojos.

En cualquier caso, convendría que el Sr. D. Luis María Ansón acudiera a un especialista que le diagnosticara y tratara estos síntomas de estridencia insultante y falta de rigor, que le ayudara a entender que sus fobias le imposibilitan realizar una sosegada, sabia y constructiva reflexión, lo que sería más propio de su edad y supuesta experiencia, y de la que tan necesitada está hoy nuestra difícil realidad social. Digamos que si algún deporte necesitamos practicar –y ser los campeones-, es remar en la misma trainera y en la misma dirección, y no el común y destructivo tiro al plato, donde el insulto y la descalificación de brocha gorda son los rasgos básicos del discurso, como se desprende de este desafortunado artículo.

El sábado 15 de septiembre se llenó Madrid, el número lo podemos dejar al gusto del consumidor, de personas venidas de todos los rincones de España para expresar democráticamente sus inquietudes, problemas y preocupaciones, pero también para criticar, reclamar y exigir lo que consideran ha de hacerse para seguir construyendo una sociedad mejor. Madrid se llenó, el número lo seguimos dejando al gusto del consumidor, de gente de todo tipo, origen y condición: enseñantes, químicos, textiles, metalúrgicos, bomberos, empleados públicos, periodistas, estudiantes, parados, pensionistas......

Gente dispuesta al esfuerzo compartido, equilibrado, pero gente contraria a la actual política económica del Gobierno, que se niega a que le recorten los derechos sociales y laborales y a dar el visto bueno a que los sectores más débiles de la sociedad sean los que paguen los platos rotos de la fiesta. El sábado, la Castellana se llenó de gente buena y trabajadora, consciente del difícil momento que estamos atravesando, pero que se niega a quedarse callada, pasiva o inmóvil, gente normal como la que Sr. Ansón vio “el domingo en el paseo de la Castellana y otras calles”, y que observó con tanta atención el ilustre periodista pero sin querer entender nada, según se desprende de su violento articulo. Lo dicho, no ofende quien quiere.

No ofende quien quiere
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