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domingo 22/5/22

No hagamos del velo un debate identitario

NUEVATRIBUNA.ES - 2.5.2010Según un estudio de la Fundación BBVA, presentado hace unos días en Madrid, a la mitad de los españoles les parece bien que un alumno muestre en clase símbolos cristianos, pero ese mismo porcentaje rechaza que las alumnas musulmanas lleven el hiyab, el pañuelo islámico. Según el estudio, la clase social, ideología política o género no influye apreciablemente en la respuesta.
NUEVATRIBUNA.ES - 2.5.2010

Según un estudio de la Fundación BBVA, presentado hace unos días en Madrid, a la mitad de los españoles les parece bien que un alumno muestre en clase símbolos cristianos, pero ese mismo porcentaje rechaza que las alumnas musulmanas lleven el hiyab, el pañuelo islámico. Según el estudio, la clase social, ideología política o género no influye apreciablemente en la respuesta.

Es habitual que reaccionemos con rechazo a lo desconocido y también es posible que todavía pese en nuestro subconsciente, por unas u otras razones, cierto nivel de islamofobia que nos dificulte un análisis sosegado del fenómeno musulmán, pero habrá que hacer esfuerzos para evitar los debates viscerales y la toma de decisiones precipitada.

Dos son las razones más esgrimidas (aunque en algunos casos, detrás hay otras menos confesables) en contra del uso del hiyab: un Estado aconfesional no debe permitir signos religiosos en los espacios públicos y el pañuelo islámico es un signo de sumisión de la mujer.

En cuanto al carácter religioso, parece ser que el pañuelo no es una imposición del Corán (tampoco dice nada al respecto la Biblia y era difícil ver en los años 50 a mujeres mayores, del medio rural, salir de casa sin cubrirse la cabeza) pero aun aceptando que tenga un carácter religioso, ¿qué hacemos, lo prohibimos en los espacios públicos?

Por supuesto se entiende que la prohibición sería para cualquier emblema religioso pero, ¿podemos prohibir los agnósticos y ateos a la mayoría de la humanidad, que son creyentes de una u otra religión, que muestren en público símbolos de sus creencias? La respuesta a esta pregunta solo puede ser positiva cuando estos distintivos supongan un problema para el normal funcionamiento de la sociedad y esto no pasa ni con el crucifijo o medalla colgados del cuello ni con el hiyab (otra cosa es ir con el rostro tapado), estos signos no tiene por que producir anomalía alguna en el funcionamiento de una clase. Además, ¿qué signos prohibimos y dónde?, ¿también las barbas, elemento significativo de ciertos musulmanes?, ¿también en la calle, espacio público por excelencia desde que se lo arrebatamos a Fraga?

El Estado aconfesional debe evitar toda vinculación institucional con cualquier religión, es decir, ningún símbolo religioso debe presidir dependencias públicas, pero esto no implica que los ciudadanos no puedan exhibirlas cuando las utilizan; de la misma manera que ninguna institución del Estado debe participar en actos religiosos, pero sí pueden acudir a ellos, a título personal, los dirigentes de dichas instituciones.

Por otra parte, cuando tanta presencia tiene la simbología católica en la vida pública española (el alcalde de Zaragoza, del PSOE, impone la presencia del crucifijo en los plenos del Ayuntamiento y el juez titular del Juzgado de lo Contencioso- Administrativo número 3 le ha dado la razón) es difícil que la comunidad musulmana no considere un acto de agresión xenófoba la prohibición del pañuelo islámico. El rechazo del hiyab en nombre del Estado laico tendría mucha más credibilidad si hubiésemos conseguido, al menos, la neutralidad de lo público en relación con la Iglesia católica.

Tampoco me parce razonable el argumento de no permitir el pañuelo porque es un signo de sumisión. No tengo ninguna duda de que en muchos casos es así (en otros no, responde a otro tipo de motivaciones) pero tampoco la tengo de que no se puede “liberar” a la gente por decreto, sin su convencimiento, contra su voluntad. Este tipo de planteamientos es muy peligroso, nos acerca al abismo de la defensa del discurso único, a la imposición de nuestros valores y sirve de coartada para acometer verdaderas atrocidades.

Recuerdo que una de las razones que daba una dirigente sindical para apoyar la intervención en Afganistán, era poder liberar del burka a las mujeres afganas. Evidentemente era una argumentación demagógica, nunca se pretendió este objetivo, pero siempre hay gente sensible a este tipo de valoraciones. Igualmente, entre los motivos para invadir Irak aparecía en primer plano el de llevar la democracia a ese país, algo que quizás se consiga con el tiempo pero, en todo caso, como un beneficio colateral, sin que formase parte de las prioridades de los invasores.

A mí no me gustan ni los velos ni los signos identitarios cuyo objetivo es remarcar las diferencias y tienden más a la segregación que a la unión, pero estoy convencido de que prohibirlos no es la mejor forma de abordar el problema. Vivimos en sociedades muy diversas, la convivencia necesita cierto nivel de integración de esta diversidad e integrar es sumar, no imponer. Algo de las diferentes culturas deberemos aceptar y el uso del pañuelo islámico ni distorsiona el normal desarrollo de nuestra vida cotidiana ni supone un peligro para las conquistas sociales y de libertades que hemos alcanzado.

Si impedimos el uso del hiyab, debilitaremos los espacios de convivencia, se crearán guetos, abocaremos al aislamiento a muchas jóvenes musulmanas e incentivaremos la creación de escuelas musulmanas y, probablemente, con ellas el integrismo y el conflicto religioso-racial. No pretendamos resolver los problemas complejos con soluciones simples, no hagamos los laicos, los progresistas, un nuevo debate identitario de la utilización del pañuelo.

Enrique Tordesillas es colaborador de El Periódico de Aragón y Radio Zaragoza y miembro del Observatorio de la Fundación 1º de Mayo "Sindicalismo y cambio en el mundo del trabajo".

No hagamos del velo un debate identitario
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