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viernes. 03.02.2023

No es un cuento de Navidad

nuevatribuna.es | 26.12.2010Aparentemente todo sigue igual dentro de la casa: el mismo salón, similar menú, algunos adornos, un poco mas de frio ¡hay que ahorrar en calefacción!. Todos se esfuerzan por parecer alegres, aunque ellos sienten que no son los mismos.

nuevatribuna.es | 26.12.2010

Aparentemente todo sigue igual dentro de la casa: el mismo salón, similar menú, algunos adornos, un poco mas de frio ¡hay que ahorrar en calefacción!. Todos se esfuerzan por parecer alegres, aunque ellos sienten que no son los mismos.

Un goteo de despidos y paros ha ido jalonando su vida durante los últimos meses, algunos aun cobran el paro y siguen buscando empleo, otros están a punto de finalizar el paro, y siguen buscando empleo, algunos cobran los 425 euros, y siguen buscando empleo. Han dejado de ser personas asalariadas, para ser un número, que junto a otros muchos suman más de cuatro millones de parados, a los que poco a poco se les termina el paro y el subsidio, y la esperanza.

Algunos de ellos ya forman parte de ese ejército de nueve millones de personas que en nuestro país ingresan menos de 6.000 euros al año y temen que en breve pasaran a ingresar menos de 3.000 euros al año. Temen pasar de trabajadores a pobres, a excluidos sociales, a los que no se les permite ni soñar.

La esperanza la mató el Gobierno con su decisión de situarse al lado de los poderosos, de doblegarse ante los mercados y la remató el 3 de diciembre, el día que decidió que la crisis no podía soportar que los parados cobraran una ayuda de 425 euros, el mismo día que extendió una gran cortina de humo que tapaba todo el cielo que los controladores cerraron.

Y no solo son los trabajadores, son sus hijos. Hay dos millones de niños en Europa, de los cuales el 24,1% vive en España, es decir 482.000 niños y niñas que desde la cuna sufrirán la desigualdad en sus carnes, en sus alimentos, en su educación.

No estamos, afortunadamente, en la Inglaterra que describe Dickens, ni los cuentos de Andersen son otra cosa que cuentos, pero no puedo evitar el recuerdo “la pequeña cerillera”, y la visión de aquella niña descalza que enciende el fosforo que no ha podido vender, para calentarse. Aquella niña apareció muerta de frio, pero eso es un cuento de Navidad que Hans Christian Andersen escribió en el siglo XIX.

No es un cuento de Navidad
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