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viernes. 27.01.2023

No es lo mismo predicar que dar trigo

El otro día, recostado en mi sofá viendo la televisión, se estropeo el mando a distancia, ¡No funcionaba! súbitamente me di cuenta del valor de ese chisme.

El otro día, recostado en mi sofá viendo la televisión, se estropeo el mando a distancia, ¡No funcionaba! súbitamente me di cuenta del valor de ese chisme. Nosotros, los de la generación anterior al mando a distancia, casi nos hemos olvidado de que hasta hace relativamente poco tiempo, para encender, apagar o cambiar de canal teníamos que hacer el “esfuerzo titánico” de levantarnos, ir hasta la televisión y apretar con el dedo el botón requerido para obtener la opción deseada. La generación del mando a distancia, la posterior, cuando se les estropea el mando quizás cambia de televisión y piensan que, sin mando, no hay televisor que valga.

Una de las opciones que más me gusta del mando a distancia es aquella que pone “mute”, es decir: mudo. Me es útil y divertido utilizar esa opción particularmente en algunos programas de debate, da lo mismo escucharlos que apretar el botón “mute”, porque o no dicen nada o lo que dicen mejor no oírlo.

Hablando de “mute”, mudo está Rajoy, no hay Dios que le saque de la boca una sola palabra. ¿Será porque se está dando cuenta de que una cosa es predicar y otra dar trigo? ¿O quizás está digiriendo la aplastante victoria con digestivos varios? Lo cierto es que parece que cuanto más tiempo pasa más se le atragantan las promesas electorales, que no sabe como abordar tanto compromiso sin desdecirse de lo pregonado en campaña y fuera de ella: “Vamos a decirle a Europa que no queremos que nos den órdenes”, “Hay que bajar impuestos para ganar recaudación”, “No hay que subirlos, eso va contra la inversión y el consumo”, “La subida de impuestos es perjudicial, innecesaria e insolidaria”.

La flamante Vicepresidenta dijo en su primera rueda de prensa que las medidas tomadas en el primer Consejo de Ministros son el inicio del inicio y, es evidente, que no se van a cortar un pelo en hacer lo que les dé la gana con el fin, según ellos, de enderezar el rumbo. Personalmente creo que así será si no se les paran los pies, pero lo que no esperaba es que en cuanto llegaran al poder, empezarían el “inicio” por donde más atacaron y de manera feroz al anterior Gobierno: la subida de impuestos y el sometimiento al dictado de la señora Merkel.

Todo esto puede ser llevadero hasta cierto punto, pero lo que me impacienta, lo insoportable, es no oír la voz de Rajoy aunque sea para repetir aquello de ¡“viva el vino”! Siendo marroquí me hubiera gustado escucharle afirmar de viva voz su deseo de efectuar próximamente una visita a Marruecos, en vez de leerlo en la prensa, porque a pesar de ese “mute” pienso sinceramente que si se confirma, es una decisión correcta y sensata. Más allá de los discursos y las demagogias, la razón de Estado y los intereses de los dos pueblos requieren en primer lugar sosiego, lucidez y altura de miras.

Hablando de Marruecos, el martes pasado, el Rey designó a los miembros del nuevo Gobierno y nombró jefe del ejecutivo, al dirigente del partido islamista que ganó las elecciones. Se trata de Abdelilah Benkirane y le ocurre lo mismo que a Rajoy, no en cuanto al habla, porque el marroquí si por algo se destaca es por su faceta de predicador, sino porque también se está dando cuenta precisamente de eso, de que predicar es una cosa y dar trigo es otra totalmente diferente.

Yo siempre he sido partidario de darles la oportunidad de gobernar a los islamistas si ganan las elecciones, porque la democracia consiste en hacerlo así y si además son capaces de sacar al país del atolladero social en que está metido, seré el primero en levantar mi gorro y gritarles “chapeau”, pero viendo el panorama y la composición del nuevo gobierno tengo más dudas que certezas.

Entiendo las razones de Estado que han inducido al partido ganador de las elecciones a hacer coaliciones con formaciones políticas antagónicas ideológicamente y aceptar ministros “sugeridos” por palacio, lo que no se puede aceptar es que mientras en la nueva constitución se consagra la paridad, en el nuevo Gobierno formado por treinta carteras, una sola le haya correspondido a una mujer. Es un mal comienzo por más democrático y consensuado que sea el nuevo ejecutivo.

Todos los que componen la coalición tienen la misma responsabilidad, y la sensación que dan es que se han preocupado más en cómo configurar el gobierno, en cómo repartirse las cotas de poder, que en fijar prioridades y atender a lo más urgente. Ese es un síntoma que me inquieta particularmente, de la misma manera que me preocupa el hecho de volver a ver las mismas caras de siempre en el ejecutivo, especialmente a aquellos que tienen vínculos familiares con los dirigentes de sus respectivos partidos. A lo mejor son competitivos y eficaces pero como con el número de mujeres en el ejecutivo, la política también se nutre de los gestos, porque algunos gestos están ligados a las decisiones, y las decisiones no se toman porque si.

No es lo mismo predicar que dar trigo
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