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domingo. 26.06.2022

Las Navidades de Rajoy

Por Antonino JoyaTenemos todo el derecho a gritar que la crisis no ha terminado, aunque estemos deseando que acabe...

Tenemos todo el derecho a gritar que la crisis no ha terminado, aunque todos estemos deseando que acabe

Que Mariano Rajoy despidiera a Ana Mato, una de las ministras de sanidad más incompetentes de la democracia, no fue una sorpresa, aunque parecía que no iba a salir ni con agua caliente. Sus políticas sanitarias, en medio de una gigantesca ola de recortes, así como sus desconocidas medidas para proteger a los consumidores no pasarán a la historia de nuestro país. Tampoco sorprendió que la cartera de sanidad estuviera esperando dueño durante una semana, demostración clara de que mañana podrían cerrar ese Ministerio y nadie sufriría lo más mínimo. Lo que no resultó muy coherente fue el nombramiento de Alfonso Alonso en lugar de Pilar Farjas, hasta entonces Secretaria General de Sanidad y Consumo, médico y de perfil más técnico, que dimitió a las pocas horas de conocer que no contaban con ella.

Pero a estas alturas de legislatura no le vamos a pedir al presidente del gobierno que sea coherente. Doña Coherencia y el señor Rajoy suelen coincidir en muy pocas ocasiones dentro de la misma habitación. Además, después de prometer todo lo que él sabía que no podría cumplir (lo que sin duda es un excelso ejercicio de populismo) tampoco le vamos a pedir que sea consecuente. Y mucho menos vamos a esperar de él que demuestre apego con los que están sufriendo las consecuencias de esta crisis total -esta tormenta perfecta de estafa, corrupción, pobreza y desigualdad-, sobre todo después de escucharle, como Presidente de todos los españoles, hablar de las “Navidades de la recuperación” y de “La crisis es historia”. Todo un dechado de empatía.

Ante tamaño atrevimiento –por no utilizar palabras más gruesas- el presidente tuvo que edulcorar sus palabras a los pocos días. “Demasiado insensible, incluso para mí”, debió pensar. Así que la recuperación –reconoció- “no ha llegado a todos ni a todos por igual”. Y yo me pregunto ¿Tan complicado era darse cuenta de ello? Bastaba con echar un ojo a los más de 5 millones de parados; o a los 740.000 hogares sin ningún ingreso; o a los 13.341 desahucios de viviendas del tercer trimestre (un 7,3% más que hace un año); o al 1.789.400 hogares con todos sus miembros en paro; o a Letonia, el segundo país más desigual de la Unión Europea… después de España. Bastaba, señor Rajoy, con echar un vistazo al índice de precios al consumo, que será negativo en 2014, muestra del encefalograma plano en el que se encuentra nuestra economía. Por no hablar de la bajada de los salarios reales, cercana al 12% en los últimos tres años. Además, que Rajoy firme con la patronal y el bi-sindicalismo un pacto social -a cualquier cosa le llaman ya “pacto social”- para ayudar a los 450.000 desempleados de larga duración demuestra que la cosa sigue estando mal, bastante mal, no solo para ese colectivo sino para muchas otras personas y para cientos de miles de familias españolas. Y sospecho que los señores Méndez y Fernández Toxo también lo saben. De hecho, ahí estaban, serios como cipreses, como preguntándose “qué diablos hacemos aquí” y desubicados como un par de playmobil en un portal de Belén, mientras la ministra Báñez no dejaba de mostrarnos una virginal y desconcertante sonrisa.

Optimismo, sí. Todo. Pero desde el respeto a la ciudadanía y con los pies en el suelo. Porque para millones de españoles estas no serán las navidades de la recuperación. Pero tampoco deben ser las navidades de la resignación, aunque nos den ganas de echarnos a llorar cada vez que uno de estos políticos escupe por su boca tanta sandez junta. Tenemos todo el derecho a gritar que la crisis no ha terminado, aunque todos estemos deseando que acabe. La ciudadanía solidaria, los consumidores responsables tenemos la obligación de seguir ayudando todos los días a los que más lo necesitan. Y ese es un trabajo que no podemos delegar en ningún gobernante.


Por Antonino Joya | Abogado, experto en Derecho del Consumo

Las Navidades de Rajoy