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jueves. 18.08.2022

Máscaras mediáticas

NUEVATRIBUNA.ES - 23.1.2010Hay 2 formas de oficiales de aprender y ejercer el periodismo: estudiando en la facultad correspondiente o leer y seguir los pasos del periódico de Pedro J. para saber lo que nunca debe ser la profesión de periodista.
NUEVATRIBUNA.ES - 23.1.2010

Hay 2 formas de oficiales de aprender y ejercer el periodismo: estudiando en la facultad correspondiente o leer y seguir los pasos del periódico de Pedro J. para saber lo que nunca debe ser la profesión de periodista. Uno de los lemas del periodismo -aparte de aquello de que el mensaje es el medio, que es una tontería a medias- es lo de separar opinión de información, porque se sobreentiende que el mero hecho de elegir la información, acotarla, redactarla y ubicarla, ya es suficiente opinión. El periódico de este tipo -porque es suyo, ahí nadie escribe sin su beneplácito doctrinal- ha hecho de esa confusión entre opinión e información su divisa y hasta su logotipo espiritual. Al menos en su información política. Este tipo, una especie de político cobarde, lleva años aconsejando, determinando -incluso conspirando- la política del P. P., escondido en su despacho desde el que habla urbi et orbe, fuertemente acorazado con sus tirantes. Este tipo y este periódico han estado engañando a sus lectores durante 6 años, haciéndoles creer que tenían la prueba suprema, la última ratio, la piedra filosofal, el cáliz templario del 11-M. Han pasado 6 años, ha habido un juicio cuasi-ejemplar en la Audiencia Nacional sobre el atentando terrorista que costó la vida a dos centenares de personas y tuvo cientos de heridos, y ni asomo de ETA. Entre la kangoo y la orquesta Mondragón, nada de nada. Sostenella y no enmendalla. Pero la rabia de este tipo y la de Aznar siguen supurando bilis por aquello que le dijo el sociólogo de cabecera al de “las armas de destrucción masiva”: “si ha sido ETA, ganas las elecciones, Jose Mari; si no, las pierdes”. Este Jose Mari, presidente del país entre 1996 y 2004, llamó a todas las redacciones de los periódicos y a las embajadas de España para que convencieran al planeta de que había sido ETA, como si esta banda terrorista no tuviera ya suficiente historial criminal en la democracia. El solícito Pedro J. y otros medios se prestaron al juego, engañando vilmente a sus lectores. Y que conste que no siento lástima de ningún lector que, tras haber sido engañado en estos hechos trascendentes, han seguido comprando los mismos medios con la misma fruición, porque el derecho a la estulticia no debe ser limitado ni un ápice. Allá ellos. Y también tenemos derecho los que leemos el periódico de Pedro J. para saber qué opinan los enemigos enmascarados del Estado de Derecho, de la democracia y de la libertad. En la democracia, tan importante es la libertad del enemigo de la democracia como la del amigo. Es necesario saber dónde y a qué juegan estos tipos que no dudarían en interpretar el papel de salvapatrias si la ocasión y las ventas les fueran propicias.

Un caso diferente es el del ABC, el periódico fundado por el Sr. Torcuato Luca de Tena en 1905. También se apunta al baile de la confusión entre opinión e información, pero con algo más de estilo. El problema del ABC es moral, de dignidad y de conciencia. Esta rotativa -como se decía antes- ha sido columna mediática fundamental de la dictadura franquista. No se entiende la dictadura sin el ABC y sus famosas “terceras”. Es verdad que siempre ha presumido de monárquico, aunque yo creo que era más bien para disimular y como coartada. Por cierto, he esperado alguna opinión de este periódico y de algunos de sus articulistas predicadores sobre el divorcio de la infanta Elena; también cuando se produjo “la suspensión de la convivencia” entre ésta y su marido, novedosa aportación jurídica al derecho de familia, junto con la separación y el divorcio. Es posible que se me haya pasado. Pero dejemos esto y veamos lo que decía el ABC en 1940, en el 2º año de la victoria fascista: “El error del Estado liberal consistía en creerse el único depositario del derecho. Mas el estado totalitario hace su ley fundándola en un estado de conciencia y en una unidad de destino, y con su ley protege las situaciones que a su amparo nacieron”. Son palabras del presidente de la Junta Política, Serrano Súñer, el “cuñadísimo” del “generalísimo”. Los dictadores gustan de las esdrújulas y de los superlativos, sobre todo si tienen complejos que curarse. El ABC recogía el discurso entero en su página 7 del 20 de enero de 1940. Ya satisfecho el ABC, sus dueños y sus redactores, concluía el comentarista del periódico diciendo que: “El presidente de la Junta Política acaba de trazarnos una línea de acción. Sus consignas de gobernante ejemplar se ciñen a un puro espíritu jurídico y son fuertes, briosas y rotundas. España camina”. Insisto que esto ya lo ponía el periódico de su puño, letra y tirada. Podrán argumentar los dueños actuales, el director actual, los articulistas predicadores, incluso los simples redactores, que eso era otra época. Veamos lo que decía este mismo periódico en las postrimerías de la dictadura, allá en 1973 (el 24 de enero), hablando del “desarrollo político y el desarrollo constitucional: “Es evidente que el conjunto de nuestras Leyes Fundamentales, verdadero entramado constitucional del Estado -literal, yo no pongo nada-, supone de jure lo que en otras latitudes se llama Constitución. Parte de estas leyes, concretamente la Ley Orgánica del Estado, entre otras...”. Esto es lo que defendía el ABC a través del Sr. Juan Miguel Arrieta Valentín para el futuro de España dos años antes de la muerte del dictador. Al día siguiente, el mismísimo Anson -sin acento en la A-, este señor de gustos líricos-amatorios exquisitos en su vejez, decía en una de esas “terceras” -no digo yo que “tor-ticeras”- de ABC que “dejo aparte los desórdenes políticos porque, a mi manera de ver, estos no deben combatirse salvo contadas excepciones, con la fuerza, sino perfeccionando, dentro de nuestras Leyes Fundamentales, los cauces representativos”. Dentro de las Leyes Fundamentales, es decir, de las leyes de la dictadura. Y este tipo sigue dando lecciones, ahora de democracia, en la democracia. Tiene todo el derecho a expresarse, tanta como repugnancia merece sus palabras, su arribismo y su indignidad. Siempre es molesto que los demás tengamos que cargar con la indignidad de otros, porque a veces pesa demasiado y la edad no perdona. Son simples ejemplos. Además tenemos que dar las gracias al propio ABC que nos permita ver lo que ha representado en la historia reciente de España para escrutar y temer lo que podría de nuevo representar si la historia se repitiera, aunque yo les diría a los Pedro J., a los Anson, a los Cesar Alonso de los Ríos, etc., y de paso también a los aznares, aguirres, arenas, orejas, etc., que no se hagan ilusiones, que no se hagan ilusiones: España va a seguir siendo una democracia.

Antonio Mora Plaza - Economista.

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