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martes. 16.08.2022

Movilización y pedagogía, dos tareas sindicales

Ciertamente, tal como anunciaron Rajoy y de Guindos, la reforma laboral aprobada por el Gobierno es muy dura. No es la reforma equilibrada que decía la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez, ni la del empleo; tampoco es la reforma de la flexibilidad sino de la desregulación.

Ciertamente, tal como anunciaron Rajoy y de Guindos, la reforma laboral aprobada por el Gobierno es muy dura. No es la reforma equilibrada que decía la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez, ni la del empleo; tampoco es la reforma de la flexibilidad sino de la desregulación. En la entrada, en la salida y en la permanencia en el trabajo, la reforma solo consiste en dar más poder a los empresarios, que implica un debilitamiento de la negociación colectiva, esencial para buscar vías no traumáticas de adaptación a las distintas coyunturas.

De la llamada del Gobierno a los agentes sociales poco se puede esperar. Si hubiese tenido voluntad de negociar los hubiese llamado antes de publicar el decreto y hubiese respetado el acuerdo para la Negociación Colectiva firmados entre CEOE, CCOO y UGT

Es evidente que el movimiento sindical tiene que responder a la iniciativa del Gobierno pero sería poco útil centrar el debate en torno a si hay que convocar o no una Huelga General ahora. En primer lugar porque, aunque hay razones para hacerla, la HG no es solo cuestión de razones, hay que valorar la capacidad de respuesta de los trabajadores y el nivel de comprensión de la sociedad en general. Además el movimiento sindical, sin renunciar a la Huelga General, tiene que buscar nuevas formas de intervención, sostenidas en el tiempo, que faciliten la participación de parados, jóvenes, precarios…

De entrada la situación no es la mejor. Meses de bombardeo ideológico sobre la inevitabilidad de la reforma, las presiones de Bruselas y el cambio de política del PSOE, hace ahora casi dos años, han hecho que calara el desánimo y la resignación en amplios sectores sociales, sin olvidar el miedo que generan el paro y la inseguridad en el futuro.

Hay que empezar a movilizar y ya tenemos dos convocatorias para los días 19 y 29, pero la movilización más importante ahora consiste en hacer pedagogía, en explicar las repercusiones de la reforma (a los trabajadores y al conjunto de la ciudadanía) y las alternativas sindicales para salir de la crisis con un reparto equilibrado de los costes, fortalecer la negociación colectiva para hacer frente a los vaivenes de la economía y cambiar el modelo productivo dominante en España. Paralelamente tenemos que ir retomando confianza en nuestras fuerzas, sacudiéndonos el miedo de encima y pasando de la resignación a la acción.

Con este propósito CCOO y UGT tienen que hacer un gran esfuerzo, movilizar todos los recursos disponibles para llegar a las empresas, los barrios, organizaciones juveniles, partidos políticos, asociaciones, ONGs…, a la sociedad en general, afectada por la revolución conservadora emprendida por el PP que también tiene como objetivos debilitar el Estado del Bienestar y recortar derechos y libertades.

Movilización y pedagogía, dos tareas sindicales
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