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jueves. 02.02.2023

Mourinho: un soplo más a la burbuja financiera

NUEVATRIBUNA.ES - 28.5.2010El lunes 24 de mayo, un par de días después de la final de la Champions jugada en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, dos noticias contradictorias concentraban la atención de la opinión pública española: a) en el Boletín Oficial del Estado (BOE) se publicaba el decreto del severo ajuste económico a través del cual el gobierno pretende moderar el déficit público —y que incluye la
NUEVATRIBUNA.ES - 28.5.2010

El lunes 24 de mayo, un par de días después de la final de la Champions jugada en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid, dos noticias contradictorias concentraban la atención de la opinión pública española: a) en el Boletín Oficial del Estado (BOE) se publicaba el decreto del severo ajuste económico a través del cual el gobierno pretende moderar el déficit público —y que incluye la reducción del sueldo de los empleados públicos de entre un cinco y un 15% en el año en curso más la congelación para los venideros— y, b) el Real Madrid iniciaba el mayor desembolso en la historia del futbol profesional para fichar a un entrenador, José Mourinho, quien acababa de llevar al Internacional de Milán a conseguir el trofeo de la mayor competición de clubes del mundo.

El sábado 22 el Inter derrotó 2 a 0 al Bayern Munich, con dos goles de Milito. Fue un partido relativamente fácil, en comparación con la semifinal que confirmó a Mourinho como el estratega que venció al campeón defensor, el Barcelona de Pep Guardiola. El descalabro del equipo catalán sirvió para compensar en algo el fracaso anual del Real Madrid: los merengues habían gastado más de 220 millones de euros al inicio de la temporada y, al final, se quedaron sin Copa del Rey, sin Liga y sin Champions. Su archirrival había ganado la Liga y no pudo repetir en la Champions por el esquema defensivo del Inter de Mourinho, que blindó su portería en el Camp Nou tras una victoria en casa 3 a 1. Así, al aplicar la lógica de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, el Madrid buscó al aguafiestas del Barcelona: Mourinho.

La decisión de comprar como estrella y salvador a un entrenador va a contracorriente de lo que ha sido la línea del Real Madrid en los últimos años: la estrategia se dirigía a fichar grandes jugadores, como Zidane, Figo, Ronaldo, Kaká, Cristiano Ronaldo, etcétera. Todos ellos, junto con las figuras hechas en casa —pocas, como Raúl, Casillas y Guti—, cobraban más que cualquier entrenador del cuadro de Chamartín. Ahora el criterio se invierte: hay que hacer un futbol del estilo de un entrenador, y ese director técnico contará con unos ingresos base similares a los de los jugadores mejor pagados. Pero al final, es una operación de mercado hecha por un agente económico con un alto poder monopsónico —capacidad de compra y de imponer precios de adquisición— en la industria del futbol profesional europeo. Una vez más, el Real Madrid hace una apuesta por alta rentabilidad en el corto plazo, con una dosis de riesgo e incertidumbre elevada: no está invirtiendo en la formación de un entrenador identificado con los principios del equipo —como pudieron ser en su momento Camacho y Vicente del Bosque, o como lo es con el Barsa el propio Guardiola— sino que realiza un fuerte desembolso para buscar el campeonato el ciclo entrante.

El fichaje de Mourinho puede costar tres decenas de millones de euros este año: el pago de un cláusula de rescisión por 16 millones de euros que recibirá el Milán; cuatro millones de compensación a Manuel Pellegrini, el entrenador en activo del que ha decidido prescindir el Real Madrid a pesar de haber conseguido la mayor cantidad de puntos de la trayectoria del equipo en una liga (96 puntos en 38 partidos), y 10 millones por temporada para Mourinho. Cabe recordar que el entrenador portugués tiene algo en común con Cristiano Ronaldo —el jugador más caro en la historia de las transacciones profesionales— además de su nacionalidad: ambos tienen como representante a Jorge Mendes, especialista en hacer ventas estratosféricas al Madrid presidido por Florentino Pérez.

Mientras el gobierno español anuncia planes de recorte y contracción del gasto y el crecimiento económico, que agudizará la gravedad de un desempleo que afecta a una de cada cinco personas pertenecientes a la Población Económicamente Activa, el club más rico decide incrementar el volumen de su deuda haciendo compras que eran desconocidas aun en los periodos de vacas gordas. Si el futbol finalmente es un negocio que depende de la demanda de los consumidores —familias dispuestas a pagar entradas a los estadios, a adquirir productos deportivos y de publicidad, a contratar transmisiones de partidos por televisión de paga—, lo cierto es que no hay elementos en el horizonte que ayuden a explicar la sostenibilidad de la estrategia del Madrid de seguir inflando el volumen de sus obligaciones financieras.

La revista Forbes daba cuenta de que el Real Madrid es el segundo equipo del orbe en términos económicos —sólo detrás del Manchester United—, pero que tiene una deuda del 27% de sus activos (El País, 26-05-10). Asimismo, la deuda acumulada de los equipos de primera división española es de cinco mil millones de euros, cuando hace dos décadas no alcanzaba los 200 millones (Íbid.).

No se sabe si Mourinho asegurará un campeonato al Madrid y ya se verá si cuenta con la Kriptonita para vencer al Barcelona en la Liga. Pero puede decirse que si el Madrid es una empresa que forma parte de una industria, el comportamiento de sus directivos económicos prefigura una situación de números rojos que, en algún momento, alguien tendrá que absorber. También en el negocio del futbol, como en el de la banca, puede ser válida la sentencia de: ganancias privadas y pérdidas públicas. Al tiempo.

Ciro Murayama - Economista, es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es editor de la revista “Nexos” y en la actualidad escribe semanalmente en “La Crónica”.

ciromurayama@yahoo.com

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