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miércoles 25/5/22

Monedero, Albert Rivera y la cocaína

Moraleja, tengan cuidado con las bocas giratorias. Porque se acaba siendo el pito del sereno. 

A un servidor no le gusta nada Ciudadanos, tampoco Albert Rivera. Si algún día me acuerdo daré las razones sobre este particular, ahora tengo cosas más importantes que hacer. Lo que no haré es inventarme y propalar infundios para mostrar mi desagrado. Lo que tampoco haré es seguirle la corriente a Juan Carlos Monedero cuando -en un arranque desmesurado de nueva política- informa a la ciudadanía que Albert Rivera «consume cocaína». Porque, si es verdad, ¿qué nos importa? Y si es un infundio, por la boca muere el pez Monedero. Digamos que el ataque de este paisano tiene tanto valor como si yo dijera que Monedero tiene afición a la cazalla de garrafón, cosa que retiro en el acto. Finalmente, el podemita ha rectificado y ha pedido perdón. Esto me lleva a una arriesgada afirmación: de la misma manera que existen puertas giratorias, hay también numerosas bocas giratorias, que primero dicen Diego y después rectifican y dicen digo.  

Ahora bien, en este caso concreto no estamos hablando de la ética de las izquierdas, ni tampoco de las de derechas. Porque no siendo Monedero ni de babor, ni de estribor –así se define Podemos--  carezco de información suficiente acerca de la ética ni-ni: de la ética que no es de derechas, ni de izquierdas.

Con todo, no sería un servidor quien se extrañara de las palabras del podemita. ¿Por qué un brillante profesor no iba a sacar de su faldriquera una expresión (que no argumento) de matriz carajillero en un intento de rematar a un contrario? ¿Acaso un doctor en Ciencias Políticas no puede solventar una situación dada mediante un regüeldo de cantina? Seguramente habrá recordado que un tosco Berlioz calificó al divino Haendel de «saco de cerveza». O que un sofisticado Bertrand Rusell intentó golpear al exquisito Wittgenstein con un atizador del fuego por un quítame allá esas pajas.

Díganme ustedes si tienen alguna referencia de que Togliatti le propinara a De Gasperi un insulto o una coz de estas características monederianas. Pero, gracias a las bocas giratorias, retiro lo dicho porque don Palmiro era de izquierdas. En apretada conclusión, este monederamente tabernario engancha su sintaxis a la de la vieja política de la caverna. Con lo fácil que hubiera sido decir lo siguiente: «Ciudadanos barniza sus propuestas de centro para cubrir sus apariencias». Claro, en el caso de que hubiera caído en la cuenta de que está hablando de política y no en una zahúrda.

No hace falta decir que no estamos reclamando un lenguaje remilgado o versallesco. Sino de razonar con fundamento. Lo que puede implicar expresiones aceradas, cierto. O llenas de áspero humor. Por ejemplo, el famoso ripio que se atribuye a nuestra segunda Isabel que se dirigió al Espadón Narváez de esta guisa: «Porque nunca se te afloja, te nombro Marqués de Loja», y ella sabía de qué hablaba. 

Moraleja, tengan cuidado con las bocas giratorias. Porque se acaba siendo el pito del sereno. 

Monedero, Albert Rivera y la cocaína