miércoles 20.11.2019

Miserable reducción del pluralismo democrático disfrazado de populismo antipolítico

Entre las medidas anunciadas por el presidente Rajoy para hacer frente a la crisis pertinaz hay una que se cuela de rondón como un guiño a una población desengañada con la política y sus representantes: se reducirán un 30% los concejales electos.

Entre las medidas anunciadas por el presidente Rajoy para hacer frente a la crisis pertinaz hay una que se cuela de rondón como un guiño a una población desengañada con la política y sus representantes: se reducirán un 30% los concejales electos.

Dejando aparte la dimensión legal que la medida plantea y su difícil concreción final, queremos insistir en un hecho terrible: la ley electoral española cercena con crueldad el pluralismo obstaculizando la representación de las minorías. La medida propuesta viene a agravar esa situación.

El discurso presenta la reducción de la representación como una medida de ahorro económico. El presidente Rajoy ha alcanzado con está medida un grado de bajeza moral preocupante pues es conocedor de que la inmensa mayoría de los concejales no son asalariados, y en muchos casos ni siquiera cobran dietas.

Nadie -más que el pleno del ayuntamiento- establece si habrá alcaldes o concejales asalariados o con dietas. El pleno que apruebe salarios abusivos e impropios debe ser castigado electoralmente por los vecinos con su voto y su denuncia. La restricción del pluralismo favorece precisamente el secretismo y el abuso.  Claro que hay rapiña y excesos: casi siempre los hemos conocido por esos concejales que ahora quieren  eliminar.

Si en algún lugar hay transparencia, y se pueden evitar prácticas abusivas es en los ayuntamientos por ser la administración más transparente. La medida es pues perversa,  puede producir el efecto contrario: más atropellos por menor control.

Si se quiere reducir el gasto hay medidas directas de limitación de partidas en función del presupuesto municipal. Ello sería discutible pero se situaría en el marco económico, en cambio reducir representación a costa de las minorías es un atropello impropio de demócratas.

Fijarnos en estas menudencias con lo que está cayendo parece baladí pero en lo que se mete de tapadillo se descubren mejor las intenciones. Recuperar las reglas democráticas básicas se convierte en una necesidad imperiosa. No solo los derechos sociales se están pisoteando, con ellos está cayendo el decoro democrático. 

Miserable reducción del pluralismo democrático disfrazado de populismo antipolítico
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