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martes. 16.08.2022

El Ministro Fernández y Rodrigo Rato cara a cara

El Ministro Fernández no ha tenido más remedio que reconocer que se entrevistó con Rodrigo Rato, el prestidigitador de los dineros ajenos.

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El Ministro Fernández no ha tenido más remedio que reconocer que se entrevistó con Rodrigo Rato, el prestidigitador de los dineros ajenos, en los mismísimos despachos del Ministerio. La reunión tuvo lugar el día 29 de julio pasado, festividad de Santa Marta, patrona de cocineras, sirvientas, amas de casa, hosteleros, casas de huéspedes y lavanderas, todo un pluriempleo digno de la mejor causa.

Se trata de una extraña reunión. Porque no es habitual que se vean en las covachuelas ministeriales el responsable de Interior (o de cualquier otro departamento) y el agobiado por la Justicia por sus presuntos negocios, el antiguamente todopoderoso Rato, el que pudo haber sido y no fue. Pues bien, como hemos dicho, Fernández, que guardaba la reunión en la caja de caudales como oro en paño, ha tenido que explicarse, aunque sólo a medias. En efecto, hubo encuentro «cordial» (cosa que no dudamos ni un ápice, dada la camaradería entre ambos personajes) que duró «una hora». Y nada más.

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Así las cosas, sentado el precedente, no es cosa que Fernández discrimine a otros antiguos conmilitones como el beato Bárcenas y los alistados en la batalla púnica. Un creyente militante como lo es este Fernández no puede hacer discriminación porque, según reza la tradición, ante Dios todos somos iguales (Corintios 1. 11).

Ahora bien, ¿de qué hablaron el que es y el que fue? Nada se sabe. ¿Comentaron las cosas de Cataluña? ¿Hablaron de la Ley Mordaza? ¿De la reforma de la Constitución? ¿De la candidatura de Esperanza Aguirre a dirigir el Fondo Monetario Internacional? Ni siquiera La Vanguardia, con ser La Vanguardia, nos pone al tanto, lo que prueba que o nada ha trascendido o se trata de un secreto amparado por la razón de Estado. Sin embargo, el rotativo barcelonés, de manera pícara, ofrece la noticia en la sección de Economía (de hoy domingo, concretamente en la página 60). Y, para más señas, debajo de otra que titula «Puerto Rico avanza otro paso hacia la bancarrota». Digamos, pues, que nada es gratuito en la composición de un rotativo, especialmente cuando se trata de La Vanguardia: el Conde se las sabe todas.  

¿Acaso el diario barcelonés insinúa que hablaron de negocios? ¿de los negocios de quién, de uno o del otro, o de ambos? De los negocios de Fernández nada sabemos todavía; de los de Rodrigo estamos al tanto de lo mucho que se conoce hasta la presente; empero, de los de ambos (si es que los hay) tampoco sabemos nada.

Por lo demás, nosotros tenemos una hipótesis aproximada: dado el carácter servilón de Fernández es dudoso que haya aceptado esta reunión sin que lo supiera y autorizara Rajoy, el de los pies alados. Y otra más: no se recibe a nadie de esas circunstancias sin saber qué quiere y pide a cambio. ¿Qué trato hubo entre ambos? Sigamos escarbando.

Lo que sí parece claro es que estamos dejando chiquito lo sucedido en tiempos de la famosa monja Sor Patrocinio, llamada en el siglo María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga y Capopardo.  

El Ministro Fernández y Rodrigo Rato cara a cara