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jueves 26/5/22

María Dolores

Yo, qué quieren que les diga, estoy con María Dolores de Cospedal. Me parece una mujer prudente, trabajadora y seria. Estamos ella y yo, posiblemente, muy lejos ideológicamente. Y, sin embargo, creo que es una buena noticia que ocupe un cargo de tal importancia en el PP.No conozco casi nada de ella, salvo lo leído y, sobre todo, la magnífica semblanza que Isabel ha hecho en estas mismas páginas (Con dos tacones) y que aconsejo que lean.
Yo, qué quieren que les diga, estoy con María Dolores de Cospedal. Me parece una mujer prudente, trabajadora y seria. Estamos ella y yo, posiblemente, muy lejos ideológicamente. Y, sin embargo, creo que es una buena noticia que ocupe un cargo de tal importancia en el PP.

No conozco casi nada de ella, salvo lo leído y, sobre todo, la magnífica semblanza que Isabel ha hecho en estas mismas páginas (Con dos tacones) y que aconsejo que lean. No tendría que ser noticia ni por ser madre soltera, ni por su enfrentamiento con la Iglesia, si es que lo hay, por más que sean datos que, sin duda, aportan claras pinceladas a su biografía. Sin ser ello lo más importante.

A lo mejor o a lo peor- me equivoco. Pero, de momento, y desgraciadamente en este país sigue siendo noticia destacada que sea una mujer la que ocupe un cargo de responsabilidad y no te cuento si, encima, es alguien que ha decidido crear su propia familia desde ella misma. Lo cual es digno, cuando menos, de respeto.

Por eso, me causa una cierta desazón leer en los periódicos que lo más destacable de su biografía sea precisamente eso. Pero no hay que ponerse estupendo, como decía Don Latino. Vaya a su favor su juventud, su condición y su valentía en una sociedad en la que, hasta los hombres que escribimos contra el machismo, lo hacemos con tintes machistas.

A María Dolores de Cospedal habrá que juzgarla por su trabajo y por sus ideas y me da la sensación de que eso es lo que ella pretende. Ha dicho que ella se siente católica y practicante, declaración de fe que tampoco se ha pedido nunca a ningún hombre. Y me parece una concesión absurda a sus correligionarios. Pero en asuntos tan íntimos como el sentimiento religioso, es mejor no entrar. Si ella, se siente así, ¿quién es nadie para llevarle la contraria? Lo que habría que preguntarse es si la Iglesia la aceptará en su seno, asunto que, en cualquier caso nada tiene que ver con sus trayectoria política.

Tampoco hay por qué creer que Mariano Rajoy ha utilizado astutamente su condición para lanzar un guiño a un electorado, el del PP, que, cada vez más, busca en el partido un espacio laico en el que quepan otras posturas que no sean las que hasta ahora asociábamos a los populares.

Tiene Rajoy, en cualquier caso, su derecho a hacerlo, como lo ha tenido José Luis Rodríguez Zapatero para colocar en su Gobierno a mujeres jóvenes y desconocidas que aporten savia fresca a estructuras anquilosadas. Bien es verdad que, pare decirlo todo, hay que recordar que el PP defendió siempre la familia tradicional y no es María Dolores, precisamente, ejemplo de ello. Afortundadamente o no. Bien está que el PP rectifique y considere que una mujer como ella se merece todo el respeto y las mismas oportunidades que cualquiera para demostrar su valía.


Bienvenida sea María Dolores. Y que se queme o triunfe por sus capacidades y no por su condición de madre, de religión o de sexo. Habrá que exigirla lo mismo que se exige a un hombre y sus noticias públicas deben de ir marcadas por su trabajo y sus decisiones como número dos del principal partido de la oposición.

Quiero terminar con unos versos de Joan Margarit, retrato fiel de una mujer joven. Y, por si le vale de algo a María Dolores.


Un tiempo fui una chica con futuro.

Podía leer a Horacio y a Virgilio en latín
y recitar a Keats completo de memoria.


Al entrar en sus cuevas, los adultos
me capturaron: comencé a parir
hijos de un hombre estúpido y creído.

Ahora cuando puedo lleno el vaso
y lloro al recordar algún verso de Keats.


Una no sabe, cuando es joven,
que no hay lugar alguno

donde poder quedarse para siempre.

Y le parece extraño si no llega
aquel o aquella en quien hallar descanso.


Una ignora, de joven, que los principios
no se parecen nunca a los finales.

María Dolores
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