sábado 24/7/21

Madrileños de bien frente a la demencia nacionalista

Suenan los tambores nacionalistas con más furia en los tiempos presentes, esta vez acompañados del sonido mesiánico de trompetas celestiales que anuncian la proximidad de Canaán.

Suenan los tambores nacionalistas con más furia en los tiempos presentes, esta vez acompañados del sonido mesiánico de trompetas celestiales que anuncian la proximidad de Canaán. Los sumos sacerdotes de esta corriente política continúan con el discurso que les ha procurado tantos réditos, con su habitual panoplia de victimismo, clamando contra los otros, contra los malos, pues en este tipo de ficciones nada funciona si no hay un perverso antagonista que se ensaña con el protagonista (en este caso, porque lo esclaviza tras arrebatarle las tierras) y, en definitiva, justifica el despertar heroico del oprimido que da comienzo a la gloriosa gesta. A pesar de que los del sanedrín nacionalista últimamente se parecen más a telepredicadores incendiarios que a responsables estadistas, y deslizan auténticos disparates verbales, nada de eso concitaría la atención de los madrileños de bien, que habitan en la tierra de la tolerancia, la concordia, el respeto y la comprensión si no fuera porque en sus discursos aluden con mayor frecuencia y desatino a Madrid. Los abertzales hablan de plantar cara a Madrid al tiempo que un corifeo de la comunicación del entorno independentista catalán se despacha con que Madrid es una ciudad-estado que gobierna a (o sobre, o contra) los pobres periféricos.

Ha llegado el tiempo de dar una réplica apropiada y jocosa, por lo que lanzamos desde aquí esta proclama con seis precisiones y una convocatoria.

1. El banderín de enganche del nacionalismo radical (de todos) solo tiene dos ventanillas: la de atender a los que se apuntan por motivos viscerales y la de los motivos económicos.

2. En lo visceral, el nacionalismo comparte el patrón con los movimientos religiosos. Dios y la Patria despiertan sentimientos tremendamente movilizadores, porque los humanos poseen muchos receptores genéticos para esos mensajes (sin duda eficaces en tiempos prehistóricos). Pero la historia demuestra la peligrosidad de esas emociones cuando interfieren en la política, sobre todo cuando han sido hábilmente manipuladas por mentecatos iluminados, puesto que la exacerbación del sentimiento religioso y del nacionalismo tienen efectos cegadores (tanto más agudos cuanto menos cultos sean los individuos receptores de sus efluvios) y al amparo de ellos se han cometido (y se siguen cometiendo) las mayores atrocidades del planeta.

3. Lo que explica en gran medida el actual auge del independentismo es el factor económico. Si los nacionalistas no hubieran vendido la idea de que los catalanes aportan al estado español más de lo que reciben, y de que ese es uno de los principales motivos por los que la Generalitat tiene que hacer recortes sociales, ni la Diada hubiera tenido tal afluencia ni sus seguidores estarían presentando una cara tan antiespañola. Pero ese mensaje victimista les viene de maravilla: primero porque es tinta de calamar para ocultar su nefasta política económica y social, y después porque supone un gran avance en su proyecto independentista. Proyecto que ellos mismos, y sin pudor, presentan a la ciudadanía con la zanahoria de que la independencia acarrearía una sustancial mejora económica para Cataluña. Es más, confiesan haber escuchado la vocecita del más allá que les incitaba a romper con el Estado español tras haber fracasado las negociaciones para conseguir un estatus similar al vasco en cuanto a financiación. Dicho claramente, lo que pretenden es conseguir más pasta; cantidad que uno de los interesados (en el doble sentido) ha cifrado en trece mil millones de euros. Ese dinero no crece en los árboles  ni cae del cielo, sino que tendría que ser detraído de presupuestos que afectan a otros lugares donde vive gente (o sea, de Bembibre, de Cocentaina, de Don Benito…). Por supuesto que los que más tienen deben contribuir en mayor medida (también le ocurre a Madrid). Argumentan que no quieren que su dinero se malgaste en aeropuertos sin aviones. 1º De “su” dinero, nada. 2º ¿Es que los de Bembibre o los de Cocentaina quieren que se derroche el peculio? Y 3º ¿Opinan lo mismo las empresas catalanas que han facturado millones en la construcción de esos aeropuertos?

4. El problema de la definición de Cataluña como Estado, Nación o Región es un tanto chocarrero. Si se preguntara a los 7.000 millones de personas que pueblan el planeta constataríamos dos hechos rotundos: a) la mitad no saben leer, tienen hambre y les importa un huevo qué es España, Cataluña o Benicasim (y ese si es un problema de verdad); y b) el 99,999 % de los restantes responderían que Cataluña es parte de España, y seguramente nos mirarían como se mira a los que hacen preguntas idiotas. Ídem para el País Vasco. Pero se convierte en trascendental para los que necesitan anteojos cuando quieren ver algo más allá del propio ombligo. Y entonces comienzan los delirios…

Rasgo común de todos los tiranos y líderes mesiánicos es el de manipular los hechos pasados. Es lamentable que no se pronuncie la Academia de la Historia –o en su defecto los catedráticos del ámbito universitario– cada vez que una entidad o una institución (con respaldo público; los privados que digan lo que quieran) perpetra una atrocidad verbal, como la de decir que España conquistó Barcelona a comienzos del siglo XVIII acabando con un Estado Catalán de no sé cuántos siglos de antigüedad, o que Sancho III, el mayor, fue el rey de los vascos (y no digamos cuando se dice que Colón era catalán y miembro de la familia real catalana). Es una obligación, del mismo modo que el colectivo de científicos no puede permitir que se propaguen –con respaldo público– teorías delirantes como la del “creacionismo”. Pero los líderes iluminados no se limitan a meter la mano en la historia; lo hacen en todos los órdenes de la comunicación, confundiendo formación e información con adoctrinamiento y propaganda (véanse los casos del fascismo, nazismo, nacionalcatolicismo,  estalinismo, o los talibanes, etc.) hasta límites que, en ocasiones, llegan a rozar lo ridículo (sirva como ejemplo la información meteorológica dada por TV3 donde se mostraba la previsión del tiempo en un plano de Cataluña seguida de una previsión sobre un mapa general de Europa (poniendo en el mismo plano al resto de España que a Lituania; la idea es una idiotez que ofende).

5. Es importante no confundir a los “catalanes” con los “nacionalistas catalanes”. Los catalanes son gente maravillosa e interesante, y es indudable que forman una comunidad (en el sentido de colectividad o de sociedad) con unos rasgos culturales propios y muy loables (lo mismo se puede decir de los vascos y de otras comunidades que también forman parte de España). De hecho, a los nacionalistas les encanta que nos confundamos y que hablemos de que “los catalanes dicen” lo que dicen ellos, los nacionalistas. Los independentistas vascos, sin el menor recato, hablan constantemente por boca del pueblo vasco. Además de por sufrir este síndrome de médium, se distingue a los nacionalistas radicales de los no nacionalistas en que los primeros, como el ladrón, piensan que todos son de su condición, es decir, nacionalistas (suyos o de sentido contrario), resultando que no dejan espacio a los que no tenemos orgasmos cuando nos mencionan a la patria o nos enseñan sus enseñas, que no quiere decir que no sintamos cariño por nuestras tierras. Creen que ser patriota es sacralizar a la patria, que es una entelequia; pero estamos otros que pensamos que ser patriota es pensar en nuestros compatriotas. Así como laico es “independiente de cualquier organización o confesión religiosa” (DRAE) y se habla de Estado laico y de Enseñanza laica, no hay otra palabra para referirse a los que nos oponernos a los soberanistas que la de antinacionalista. Los avezados gurús del márquetin recomiendan no utilizar palabras que empiecen por anti. Al carajo los gurús del márquetin; si se limitaran a vendernos coches, detergentes, operadoras de telefonía… sin meterse en las cosas del gobierno de la sociedad, podríamos pensar que son latosos como moscas, pero no corresponsables de que los políticos anden todo el día maquinando cómo decir lo que hay que decir sin decir lo que parece que dicen para no decir lo que no deben decir (o algo así) porque les hace perder votos.

6. Se puede ser de izquierdas y ser contrario al nacionalismo. Se puede, si se considera que ser de izquierdas es ser gente de mente abierta, que siente empatía por sus semejantes, que busca la justicia social, la igualdad de oportunidades y el predominio de la razón. Si además se considera el carácter visceral e insolidario de los independentistas-soberanistas, no solo se puede sino que además se debe ser contrario al nacionalismo. Se puede ser de derechas y no ser un carpetovetónico de los que dicen que Cataluña es España y propugnan un boicot a una parte de España, haciendo gala de un estrabismo mórbido. En este maremágnum de líderes carismáticos a lo Gran Timonel, gurús del márquetin y políticos tartajas se escucha con frecuencia la fórmula del Estado Federal como panacea, pero siempre es a modo de titular, sin que nadie concrete la propuesta. A los nacionalistas más radicales les indigna que se ponga al mismo nivel a su comunidad con otras a las que ¿Dios? o ¿la Historia? no han otorgado ese merecimiento. Es de suponer que se refieren a Andalucía, Canarias, Valencia, Asturias, Navarra…y todas las demás. ¿Qué hay que hacer para que estos señores no se indignen? ¿Un Estado Federal integrado por Cataluña, el País Vasco y Castilla? ¿O por Cataluña con Valencia y las Baleares, por el País Vasco con Navarra y por Castilla? ¿O por las mismas comunidades que hay ahora? Si es así, es todo igual, pero con cambio de nombre. Y si es así, pero con asimetría, entendiendo por asimetría que unos tienen privilegios y otros no, volvemos al principio: ¿tendrían privilegios Cataluña frente a España, el País Vasco frente a España y Castilla frente a España? Esto es imposible. Y, además, es de locos. Y a todo esto, Madrid por aquí, Madrid por allí.

Por ello, hartos de la situación y considerando que la cultura del bar es un hecho diferencial común a todo nuestro país, lugar de encuentro y de concordia, envidia de bárbaros y extranjeros:

a) Convocamos a todos los madrileños (*) de bien para que el próximo día 21 de noviembre, a las 11 horas de la mañana, acudan al bar (taberna, cantina, bodega, cafetería, tasca o cervecería) que les pille más cerca.

b) Se ruega a los nacionalistas españoles (en especial a los catalanistas, españolistas y vasquistas, por orden alfabético) que tengan la amabilidad de abstenerse durante esos minutos de acudir a los citados establecimientos, permitiendo a los demás disfrutar del momento sin su presencia ni la de su flatulento argumentario.

c) Se ruega a los convocados que brinden al grito de ¡Diferentes, sí; Desiguales, no! ¡Café para todos!

Colectivo T.A.B.E.R.N.A. (Todos Acudimos al Bar Empeñados en Responder al Nacionalismo Antipático) 

(*) Se entiende por madrileños a todos los que sean, vivan, se sientan o les apetezca serlo, aceptándose la doble o triple nacionalidad.

Madrileños de bien frente a la demencia nacionalista
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