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lunes. 15.08.2022

Madrid, territorio y vida

NUEVATRIBUNA.ES - 13.8.2009El “aire de las ciudades” ya no hace a los hombres tan libres como se propagaba en la Baja Edad Media. Los enferma1, los hace anónimos y solitarios. A la vez, el desarrollo económico y el Estado de Bienestar han permitido la resolución de múltiples “incertidumbres” que condicionaban la vida de las gentes en las zonas rurales.
NUEVATRIBUNA.ES - 13.8.2009

El “aire de las ciudades” ya no hace a los hombres tan libres como se propagaba en la Baja Edad Media. Los enferma1, los hace anónimos y solitarios. A la vez, el desarrollo económico y el Estado de Bienestar han permitido la resolución de múltiples “incertidumbres” que condicionaban la vida de las gentes en las zonas rurales. Las infinitas oportunidades que ofrece la gran ciudad quedan en mero espejismo y frustraciones para las mayorías. La ciudad se construye para espejo de gobernantes y escaparate para los visitantes. En detrimento de los trabajadores residentes que la construyen, la mantienen, la hacen prosperar y soportan sus inconvenientes. La atraviesan aceleradamente, a diario, sufriéndola2, sin vivirla.

Madrid se ha convertido en una de las regiones más densamente pobladas de Europa. Todo ha sucedido en un plazo muy corto de tiempo, a golpe de inmigraciones, interiores y exteriores. Y a golpe de negocio privado de lo público. Sin una voluntad planificadora a largo plazo. Se ha pensado más en el crecimiento del PIB regional que en la vida de sus ciudadanos. Y las ciudades las hacen sus gentes. Sin pensar en la calidad de vida que precisa la mayoría de su población: los trabajadores y los sectores sociales más débiles.

Rapidez, intensidad e imprevisión, han dado lugar a un desenvolvimiento caótico con medidas siempre a posteriori. Las tomadas a priori sólo han tenido en cuenta los beneficios para la iniciativa privada. Los problemas de movilidad cotidianos y los de especulación inmobiliaria son un buen ejemplo de esta situación. Ambos aspectos tienen graves repercusiones en las condiciones de vida y trabajo de nuestra región y de las regiones fronterizas.

Según datos del Consorcio Regional de Transportes, en la Comunidad de Madrid se producen más de 10 millones de desplazamientos diarios, la mayoría por motivos de trabajo; y el tiempo que los madrileños dedicamos a desplazarnos a trabajar se ha incrementado significativamente en los últimos años.

Las ventajas y atractivos de Madrid no están al alcance de los trabajadores. Por eso los habitantes de Madrid huimos en masa cada fin de semana, cada puente, en las vacaciones. Inundamos espacios fronterizos y transfronterizos. A la vez en dichas fechas Madrid se llena de forasteros que vienen a disfrutar de un turismo pasajero de placeres. Una ciudad de paso, no para vivir. Cada vez más parecida a esas ciudades construidas para el ocio de otros, como parques de atracciones, lugares de paso.

El Madrid me mata y el De Madrid al cielo, han tenido siempre ese doble significado, tan radicalmente contrapuesto, tan propio del descaro y chulería con que afronta la vida el madrileño. Y como desahogo ante lo irremediable. Para algunos sería más adecuado: Madrid, un gran negocio.

Gregorio Benito Batres - Analista de Salud Laboral

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