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viernes. 07.10.2022

Madrid preocupa a Rajoy

NUEVATRIBUNA.ES - 2.4.2009PARA FUNDACIÓN SISTEMA De ser la joya de la corona popular, la Comunidad de Madrid ha pasado a convertirse en el mayor de los problemas para el equipo dirigente que rodea a Mariano Rajoy.
NUEVATRIBUNA.ES - 2.4.2009

PARA FUNDACIÓN SISTEMA

De ser la joya de la corona popular, la Comunidad de Madrid ha pasado a convertirse en el mayor de los problemas para el equipo dirigente que rodea a Mariano Rajoy. Justo cuando habían pensado en rentabilizar el resultado de las elecciones en Galicia, beneficiándose de la engañosa sensación de descalabro del PSdG que, al fin no ha perdido ningún escaño pero sí ha tenido que ceder el gobierno, y del papel decisivo para el cambio en Euskadi que, paradójicamente, corresponde a una formación, la liderada por Basagoiti, que ha experimentado un serio retroceso en las urnas. La maquinaria del PP, hay que reconocerlo, ha sabido hinchar tan magros resultados, tan pobres como que suponen una pérdida global de votos en la suma de ambas convocatorias, y alentar la idea de que el Partido Popular podría reafirmar el liderazgo de Rajoy con una victoria en las elecciones al Parlamento Europeo.

Pero el globo de la ilusión, inflado también con exagerados suspiros ajenos de corte jeremíaco, se está encargando de pincharlo ese prodigio de la naturaleza, esa sacerdotisa del nuevo liberalismo controlador y autoritario, que se llama Esperanza Aguirre.

Rajoy lo sabe y no oculta ya su preocupación. Ante un grupo de periodistas amigos, en la sede de la “salada claridad”, habló claro: “Mi problema es Madrid”. Razones tiene el líder popular para transmitir esa inquietud. En Madrid, como en ninguna otra parte, el PP está dividido en diversas facciones que no ocultan su confrontación tanto en la batalla por Caja Madrid, como en el enredo de espionaje, tan cierto como que políticos del nivel de Cobo y Prada han buscado amparo en los tribunales después de que el dedo imperativo de Aguirre pulsara el botón de cierre de la investigación y decretara su silencio. Tan cierto como que su segundo, Ignacio González admite en la radio de la Comunidad que se sigue sintiendo espiado. La verdad tarda tiempo en abrirse camino, como las manchas sobre las que se aplican capas y capas de secantes, hasta que desbordan y ensucian cualquier superficie. Hoy, en toda España se extiende la sospecha generalizada de que algo turbio, desde la ambición desmedida por el poder o el dinero, intenta ocultarse desde la máxima dirigente del partido conservador en Madrid. Ya no es creíble intentar desviar las culpas hacia un juez perverso o un medio de comunicación hostil. Porque son varios, en el campo de la justicia y del periodismo, quienes tienen responsabilidad en la investigación y la denuncia. Nadie se ha inventado la obligada dimisión, en distintas responsabilidades, de alcaldes y diputados del Partido Popular. Nunca había ocurrido algo así en los hasta ahora plácidos mandatos de Esperanza Aguirre, sobrevalorada por quienes tienen flaca memoria o por quienes se complacen en el lamento estéril, como invencible.

En la planta noble de la calle Génova sí están al tanto de la realidad y saben desde que baluartes se dispara contra la credibilidad de Rajoy, aportando munición, por ejemplo, contra el actual tesorero del partido. En esos despachos se hacen cruces ante la iniciativa de Aguirre de abrir por su cuenta, a su mayor gloria, la campaña de las elecciones europeas sin contar con su cabeza de lista ni con el supuesto presidente del PP. Hasta los estrategas menos lúcidos saben que el electorado castiga a los partidos divididos, aquellos en lo que la nobleza del debate abierto y la libertad de discrepancia se sustituye por el golpe bajo, mientras se mantiene la sonrisa, o por las filtraciones anónimas que ocultan la falta de coraje para defender una actitud crítica. Hasta el cansino Rajoy se ha dado cuenta. No digamos otros políticos dotados de mayor entusiasmo.

Eduardo Sotillos es periodista y, actualmente, secretario de Comunicación y Estrategia del PSM

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