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domingo. 26.06.2022

Madrid ha despertado

El letargo de un mal sueño está terminando. Hace apenas unos meses un Madrid sin movimiento, mostraba una sociedad dormida y resignada. Pero la inteligencia colectiva, la suma de capacidades personales puestas en común, ha sido capaz de crear, multiplicar la creatividad y extender a mayor velocidad las ideas que cada uno crea en solitario.

El letargo de un mal sueño está terminando. Hace apenas unos meses un Madrid sin movimiento, mostraba una sociedad dormida y resignada. Pero la inteligencia colectiva, la suma de capacidades personales puestas en común, ha sido capaz de crear, multiplicar la creatividad y extender a mayor velocidad las ideas que cada uno crea en solitario. La participación colectiva impide que los individuos sean meros instrumentos manipulables, y a su vez hace de ellos una fuerza más eficaz que cualquier otro intento de movilización humana si el conjunto de gente se siente representada y participa de manera plural

Lograr la construcción de propuestas políticas, realizadas socialmente desde el consenso y avanzar por medio de la no violencia son instrumentos esenciales, que han demostrado su eficacia política ante situaciones injustas. Y los cambios que propone el 15M, entrañan también modificación de metodologías. Ahora parecen una utopia, pero son la fuerza de la movilización. Aun con los riesgos ya vistos en Cataluña, y por supuesto reprobables, en realidad se quedan en anécdota y difícilmente por esta vía podrán deslegitimar a este movimiento.

La inteligencia colectiva y el ambiente de colaboración y solidaridad son, desde mi punto de vista, dos de los grandes potenciales del 15M. Y deben extenderse para humanizar Europa siendo ejemplo de nuevos paradigmas. Está ocurriendo a la par de este proceso un cambio paulatino de nuestras estructuras mentales y organizativas hacia un paradigma de cooperación y de no violencia, los motores que pueden cambiar nuestro colapsado mundo. En el 19J consignas como “violencia es cobrar 600 euros”, nos dicen mucho de una comprensión holística de la violencia.

La participación social es algo distinto de la mera formalidad de dar aquiescencia y delegar en mecanismos formales de participación y en representantes que se toman la molestia de actuar por los demás. El poder ciudadano y el aprendizaje del trabajo en grupos solidarios han emergido, así como la educación para no hacer de éste un mecanismo perverso o tiranizante. Se están recuperando para realizar una política alternativa a la vigente. Una política que confíe en las personas de a pie no como clientes de una oferta más o menos dibujada, sino como sujetos llamados a diseñarla, construirla, ejecutarla, desarrollarla y enriquecerla directamente. Evaluarla en pie de igualdad y sin mediadores que los suplanten.  La capacidad social de la desobediencia, una de las principales bazas del autopoder junto con la participación social para luchar contra las injusticias.  La participación social y política de los “indignados” - entendida como participación efectiva - nos hace conscientes y responsables. No hay necesidad de esperar a que los “mediadores” accedan a los postulados para ponerlos en marcha, basta con el poder popular o ciudadano para lograr transformaciones.

Claro… que es a largo plazo. Así lo expresaba una pancarta en la manifestación del 19J: “Vamos despacio, que el camino es largo”. Tal vez los partidos piensen como lo han dado a entender algunos de sus portavoces, que esto del 15M no tiene futuro, porque no se canaliza en representación formal ni en organización al uso. Se equivocan. Porque no toman en serio las demandas de democracia, transparencia y justicia de la ciudadanía. Tampoco vale la demagogia.

Un primer paso ha sido el debate solicitado por Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados para saber que piensan los partidos de este movimiento. Aguardo con paciencia que tengan altura de miras para comprender lo que se está moviendo y comprendan la oportunidad para lograr consensos en torno a las reformas que la sociedad demanda.

Seria muy triste que el “que no, que no, que no nos representan” pueda llegar a generalizarse por no cambiar la la ley electoral, porque los partidos no profundicen en su democracia interna, no se luche con coherencia contra la corrupción en las instituciones, los responsables de la crisis no la paguen, o se siga apostando porque las personas estén al servicio de los poderes económicos.  La ciudadanía plantea reformas al sistema, transparencia, mecanismos reales de control y sanción a la corrupción. Exige democracia más participativa, mediante referéndum, iniciativas legislativas populares y presupuestos participativos. Reclama un valor justo para cada voto y poder elegir libremente a los representantes.

Para el próximo 15 de octubre promueve un referéndum, y puestos a soñar, si éste convocase a millones… ¿harían los oídos sordos ‘la clase política’? Este movimiento reivindica una economía justa y sostenible, una Europa de los ciudadanos y dicen no a la entrega a los mercados y al poder financiero, cuando corean: “No es una crisis, es una estafa”.

Sean 47.000 o muchos más los que se han movilizado, la realidad es que hay un Madrid en movimiento y una España emergiendo mirando a la Europa. La que soñó el músico que quiso unir las voces del mundo en una sola sinfonía universal, en canto a la libertad, a la paz y a la solidaridad mundial. Esa Oda a la alegría, que el 15M quiere recuperar.

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