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martes 24/5/22

Los mineros y la desigualdad social

NUEVATRIBUNA.ES - 14.10.2010PARA
NUEVATRIBUNA.ES - 14.10.2010

PARA DIARIO DEL AIRE

Era difícil superar el récord de audiencia establecido hace unos meses con motivo de la final de la Copa del Mundo de Fútbol, pero si entonces 800 millones de televidentes presenciaron el partido entre Holanda y España, el rescate de 33 mineros chilenos, enterrados desde hace más de dos meses en una explotación del desierto de Arequipa que debería estar cerrada, fue visto por mil millones de personas en los cinco continentes.

El mismo día en que ocurrió el suceso, el presidente chileno se encontraba de gira por Colombia y Ecuador. En cuanto tuvo conocimiento de la noticia, Sebastián Piñera preguntó por el número de trabajadores afectados. Desde ese momento, en contra del parecer de algunos de sus asesores, se involucró activamente en una empresa que podía repercutir para bien o para mal en la imagen de su propio gobierno.

El satisfactorio resultado final del rescate está suponiendo para Piñera un baño de popularidad que ningún medio, de los que habitualmente tildan a otros mandatarios latinoamericanos de populistas, ha calificado con este término pese al exhaustivo aprovechamiento mediático que el presidente chileno ha sabido sacar del evento.

Claro que, además de colmar de popularidad a Sebastián Piñera, lo que el accidente de Arequipa ha mostrado también al mundo es el Chile que nadie quería ver y ayer pudimos apreciar en las imágenes transmitidas por televisión. Quienes fueron rescatados del interior de la tierra eran todos indígenas o mestizos, explotados por una empresa que mal pagaba su trabajo, verificado en pésimas condiciones de seguridad. Sus rescatadores, en cambio -ministros, técnicos y demás autoridades-, eran todos de pura raza blanca, como apuntaba Carlos Enrique Bayo en un reciente artículo.

Dicen que Chile tiene como mayor virtud la de levantarse del piso cuando se enfrenta a la adversidad, pero que también es su mayor defecto el de desunirse cuando la adversidad pasa. Es un sarcasmo histórico -señalaba Bayo- que fuera un 12 de octubre el día en el que el presidente Piñera y todo su equipo de tecnócratas racialmente puros se pusieran la medalla de extraer de la madre tierra a los que su clase catira sigue explotando como hace 518 años.

Para que un hecho de tanto impacto social en la sensibilidad de los chilenos como el que acaba de resolverse no se quede en la autoimposición de esas medallas y en un mero derroche de triunfalismo, el Gobierno debería mostrar de inmediato su predisposición a corregir la deplorable situación laboral que ha puesto en peligro la vida de esos 33 trabajadores. Para ello es preciso corregir la voracidad de la patronal o la indolencia del Estado a la hora de supervisar las tareas productivas.

El mayor riesgo para convivencia en Chile estriba en la desigualdad social. Téngase en cuenta que la brecha entre ricos y pobres es en ese país la segunda más alta de América Latina: el 10 por ciento más rico de la población se lleva el 47 por ciento de los ingresos, mientras que el 1,2 por ciento más pobre sólo obtiene el 1,2, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Seguro que los explotadores de la mina San José están entre los primeros.

Félix Población es escritor y periodista

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