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martes. 06.12.2022

Los chinos comienzan a despertar

Miles de trabajadores chinos han comenzado a protestar por sus bajos salarios, sus malas condiciones laborales, la corrupción y la expoliación de tierras. ¿Comienza una nueva era en el país más poblado de la tierra?.

Miles de trabajadores chinos han comenzado a protestar por sus bajos salarios, sus malas condiciones laborales, la corrupción y la expoliación de tierras. ¿Comienza una nueva era en el país más poblado de la tierra?.

Resulta vergonzoso leer cómo los mil empleados de la empresa Jingyuan Computer, que fabrica componentes para Apple, LG o IBM, tuvieron que ir a una huelga ilegal ya que la empresa les obligaba a hacer entre 100 y 120 horas extras al mes, según informaciones de la China Labor Watch.

La reacción de las autoridades fue fulminante, ya que la represión es la única respuesta a estas incipientes pero continuas protestas.

La ralentización de la demanda global de sus productos hace que los trabajadores de otras muchas empresas se lancen a la calle a reclamar derechos y dignidad laboral. La lista, aumenta día a día, ya que la población no se resigna a vivir como esclavos.

Recientemente los habitantes de Wukan, un pueblo de pescadores de 20 mil habitantes, al sur de China, se lanzaron a la calle acusando a las autoridades locales de quedarse con sus tierras, de corrupción y de haber torturado a uno de sus líderes. Tras la denuncia pública echaron del pueblo a sus dirigentes.

Estos hechos no hubiesen trascendido si no fuese que tras una población va otra y a continuación de Wukan se sublevaron los vecinos de Haimen, que viven a unos 100 Kilómetros ya que exigen que desmantelen una central térmica de carbón altamente contaminante.

Sin los nuevos medios de comunicación, el mundo no se hubiese enterado de estos hechos. Hoy en día los videos y fotos que describen estas protestas se difunden rápidamente a través de las redes sociales a pesar de la férrea censura en internet.

Las autoridades chinas no saben cómo enfrentarse a esta situación. Zhou Yongkang, destacado miembro del Politburó ha declarado que el Gobierno “no está preparado para afrontar este tipo de disturbios”, informaba la BBC. Y daba como posibles soluciones un mayor control de internet y mejorar el seguro de desempleo. Quizás esa segunda medida pueda servir para algo pero desde luego cortar las redes de información es imposible, como hemos podido ver las recientes revoluciones árabes.

También hay que tener en cuenta que en China no existen los sindicatos libres, sólo los oficiales a los que están afiliados toda la población ya que a través de ellos se recibe el seguro de desempleo, las vacaciones por nacimiento o seguros de vida mínimos.

Paralelamente a esta cadena de rebeliones, personajes como el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, nos alertaba del inminente estallido de la burbuja inmobiliaria que vive el país.”Ahora la burbuja se está pinchando y hay verdaderas razones para temer una crisis financiera y económica” asegura.

Un estallido de este tipo sería dramático para esos millones y millones de trabajadores chinos que no tienen un sistema de protección social que los ampare. El 95% cobra menos de lo que les corresponde, los retrasos y los impagos de los salarios son constantes, especialmente en la construcción. No hay cifras de siniestralidad y sólo el 30% de los trabajadores urbanos tienen seguro de jubilación. Algunos empresarios retienen salarios para que no abandonen la empresa y existe un régimen de esclavitud en fábricas de ladrillos y minas donde también se utiliza a niños.

Un ejemplo irrespirable de las condiciones laborales son las fábricas de vaqueros de Xintang donde se fabrican cerca de mil millones de prendas al año con unas jornadas laborales de 12 horas diarias, los 7 días de la semana respirando contaminantes como manganeso, cadmio, mercurio o cromo, según una denuncia de Greenpeace. Descansan sólo media jornada cada quince días y la mayoría de las 700 mil personas, dedicadas a fabricar un tercio de la producción mundial de vaqueros, son mujeres y niños.

Por lo tanto son muchas las razones que tiene la población para salir a la calle. Además de las antes citadas, nos encontramos con unos alimentos cuyos precios se han disparado, grandes desigualdades sociales: los trabajadores urbanos ganan tres veces más que los campesinos y los multimillonarios aumentan año a año.

Cincuenta millones de campesinos se han visto afectados en la última década, por la expropiación de terrenos para dedicarlos a la construcción. La urbanización ha sido uno de los principales motores de crecimiento pero también es el sector donde se acumula la corrupción. Alrededor de un 40% de los ingresos de los gobiernos locales provienen de la venta de terrenos expropiados a unos campesinos que obligaron a vender a precios ridículos o nulos.

Las mejores condiciones se dan en las empresas estatales donde trabajan 65 millones de personas de los 800 millones de chinos que están en activo, pero afortunadamente poco a poco comienzan a despertar.

Los chinos comienzan a despertar
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