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miércoles. 10.08.2022

Las reformas del gobierno y los daños colaterales

Entendiendo la reforma como la innovación o aquello que mejora en algo la situación actual, o sea, modificar algo con la intención de mejorarlo, parece que a priori el partido en el gobierno o no sabe lo que es, o realmente lo que pretende es otra cosa y llamándoles reformas sólo trata de que las iniciativas tengan más aceptación popular que si fuera otra la denominación utilizada.

Entendiendo la reforma como la innovación o aquello que mejora en algo la situación actual, o sea, modificar algo con la intención de mejorarlo, parece que a priori el partido en el gobierno o no sabe lo que es, o realmente lo que pretende es otra cosa y llamándoles reformas sólo trata de que las iniciativas tengan más aceptación popular que si fuera otra la denominación utilizada.

Fácilmente cualquier ciudadano de buena fe puede observar, sin mayor esfuerzo, el buen número de decisiones tomadas por el ejecutivo en apenas tres meses de gobierno que bajo el nombre de reforma y el apellido correspondiente sobre la materia de la que trate la misma, lejos de modificar algo con la intención de mejorarlo, como correspondería al concepto y definición claro de la reforma, como decía. Se ha convertido realmente en un catálogo de recortes de toda clase de derechos, en unos casos, y/o en un compendio o listado de buenas intenciones en otros. Pero en ningún caso ninguno de los acuerdos adoptados por el consejo de ministros, desde diciembre hasta el día de hoy, puede ser considerado reforma en sentido estricto, por mucho que los miembros del gobierno constantemente lo repitan.

Las decisiones tomadas por el gobierno de la nación, en este corto periodo, lejos de innovar o mejorar, como nos cuenta que pretenden, sólo han causado hasta ahora perjuicios y, sólo es el comienzo, el resto vendrán después. No trato de negar rotundamente cualquiera de las decisiones adoptadas por el el Sr. Rajoy, ni por ideología, tozudez, o simple y llanamente por llevar la contraria. Si no porque lisa e igual de llanamente ninguna de las decisiones que conozco pueden enmarcarse en lo que supondría mejorar, ni individual, ni colectivamente.

Tras el eufemismo de las necesarias reformas, en terminología del gobierno, los ciudadanos con empleo, ganamos menos, por el incremento del IRPF, nuestra situación laboral se ha debilitado gravemente, nos pueden despedir mejor y más barato, sin cambiar un ápice la relación laboral que mantenemos. Además por efecto de las mal llamadas reformas: todos tenemos una peor sanidad pública, una peor enseñanza pública, una peor asistencia social, unas peores condiciones crediticias, los desahucios por el impago de hipotecas se siguen produciendo y el desempleo aumentando, pues son muchas las empresas que habiendo iniciado los correspondientes Eres, han utilizado el atajo de la reciente reforma laboral para rematar la jugada iniciada. Sin olvidar, por otra parte, los riesgos que hoy tiene el trabajador que desgraciadamente enferme.

Los ciudadanos sin empleo, tras las múltiples reformas, tampoco han mejorando las expectativas de trabajo, los cambios producidos no aportan esperanza de mejora alguna, y el empresario sólo contratará, cuando el mercado le exija más recursos humanos, porque éste inicie una mínima mejoría y se atisbe una aunque pequeña mejora en la demanda.

Por ello, y a pesar del riesgo de ser calificado de tiquis miquis, por favor no lo llamen reformas, señores del gobierno, hablen de ajustes, de recortes, de limitación de derechos, de que Vds. entiende la solución sólo y exclusivamente por la vía que han iniciado, porque seguramente en su ideario no existirá otra, pero no le llamen lo que no es.

Comprendo su legitimación para, con la mayoría conseguida el pasado 20-N, gobernar como mejor consideren y adoptar las medidas que estimen oportunas y convenientes. Pero, por favor, llamen a las cosas por su nombre, involucionar, esto es retroceder, no ha sido nunca ni será reformar, no nos modifiquen la lengua, que bastante tenemos ya con lo que por todos es sabido, para tener que aceptar también las trampas en el lenguaje.

Las reformas del gobierno y los daños colaterales
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