domingo 24/10/21

Las mujeres: retos, logros y cuidados

NUEVATRIBUNA.ES - 8.3.2010El 8 de marzo de 1977, la Organización de las Naciones Unidas declaró ‘El Día Internacional de Mujeres Trabajadoras’, y eligió el color lila para simbolizar los esfuerzos de las mujeres que murieron luchando por sus derechos.
NUEVATRIBUNA.ES - 8.3.2010

El 8 de marzo de 1977, la Organización de las Naciones Unidas declaró ‘El Día Internacional de Mujeres Trabajadoras’, y eligió el color lila para simbolizar los esfuerzos de las mujeres que murieron luchando por sus derechos. Le precedieron hechos trágicos en la lucha por conquistar la igualdad y el fin del trabajo infantil. El más conocido, el triste hecho de 1908, cuando 129 mujeres murieron quemadas en un incendio provocado por los dueños de un fábrica de Nueva York, en pleno proceso de reivindicaciones.

Las mujeres trabajadoras del capitalismo industrial sufrían discriminaciones en la jornada laboral y en los salarios, situación que aun hoy persiste. Independientemente de que tengan igual o mejor formación que la de los hombres.

Aunque mucho se ha avanzado, sobre todo en las sociedades occidentales, las leyes que pretenden garantizar la igualdad tienen lagunas y resultan insuficientes. Ser mujer y pertenecer, además, a una etnia o clase determinada son obstáculos, lo que pone de manifiesto un déficit democrático.

La puesta en práctica de las leyes de la igualdad encuentra escollos en una cultura conservadora dominante que provoca que todavía no se haya conseguido la igualdad. Desafortunadamente aunque vivan en el mismo territorio, las migrantes ponen de relieve la necesidad de plantear las serias contradicciones de postulados que a veces se vuelven retóricos.

Se han cumplido 100 años del derecho de las mujeres españolas a la enseñanza universitaria, cuya efectividad fue importante en aquellos tiempos de repúblicas, y que después la dictadura de Francisco Franco echó por tierra, limitando el papel de la mujer a lo puramente testimonial.

LOS CUIDADOS DOMÉSTICOS

Entre los retos más importantes de las trabajadoras destaca conseguir que las miles de mujeres que se desempeñan en los cuidados y los servicios a terceros tengan el mismo régimen laboral y reconocimiento del que gozaron las españolas cuando se instauró la democracia. A finales de los años 70 miles de españolas se vincularon de nuevo a la universidad y a la vida profesional.

Sin negar los logros de más de 30 años de democracia, se hace imprescindible recordar que estamos dejando a mujeres en el camino. La brecha entre países crece. De los millones de persona pobres que pueblan el planeta un 70% son mujeres con responsabilidades familiares y económicas que les impiden avanzar o lograr lo que han conseguido otras mujeres en la sociedad. Sus niveles de ingresos están por debajo de cubrir las necesidades básicas.

Nos encontramos a sólo cinco años del plazo establecido para el cumplimiento de los objetivos del milenio y tristemente los debemos revisar porque ya se nos presentan inalcanzables las metas propuestas. Uno de ellos es el de eliminar la feminización de la pobreza, y, precisamente, este año 2010 ha sido nominado como el año europeo con tal fin.

Esta feminización de la pobreza causa migraciones de mujeres. Por ello hablamos de migración feminizada, (¡Vaya ironía!), porque ellas han sido el soporte de miles de mujeres de las sociedades occidentales que han podido incorporarse al mercado laboral, la vida pública y a un estado de bienestar limitado.

A pesar de que los cuidados son una labor poco reconocida y valorada en la sociedad, hay que matizar que sin ellos no podríamos vivir. Nuestros menores y mayores y demás dependientes necesitan de otros que les cuiden. La sociedad actual valora más lo que se tiene que lo que se es y a menudo se cambia la calidad de vida por el consumo.

Se recurre generalmente a mujeres de terceros países para liberar de la carga de los cuidados a las autóctonas.

Las migrantes también tienen hijos, que dejan solos o al cuidado de parientes y amigos. Los cuidados son transnacionales, y por eso deben tener el reconocimiento que se merecen. Se hace necesario profesionalizar y dignificar así esta actividad. Las sociedades necesitan cuidar el bien más valioso que poseen y que representa el futuro: esas nuevas generaciones, lo que no es poca responsabilidad para las personas que sufren tan inmerecida discriminación y tan lamentables condiciones laborales en pleno siglo XXI.

Yolanda Villavicencio M. es diputada Socialista Asamblea de Madrid. Es licenciada en Económicas y Ciencias Empresariales, especialista en Cooperación Internacional al Desarrollo, especialista en Mujer y Desarrollo, máster en Migraciones y Relaciones Intracomunitarias y en los últimos ocho años ha dirigido la entidad AESCO, especializada en migraciones, cooperación al desarrollo y codesarrollo.

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