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jueves. 18.08.2022

Las corazonadas de Gallardón

NUEVATRIBUNA.ES - 7.10.2009La larguísima campaña –cuatro años -orquestada por Gallardón para conseguir los Juegos Olímpicos de 2016 no pasará a la historia por su carísimo y colosal fracaso ya que el tiempo, y un oportuno tupido velo, todo lo borra.
NUEVATRIBUNA.ES - 7.10.2009

La larguísima campaña –cuatro años -orquestada por Gallardón para conseguir los Juegos Olímpicos de 2016 no pasará a la historia por su carísimo y colosal fracaso ya que el tiempo, y un oportuno tupido velo, todo lo borra. Bastaron apenas veinticuatro horas para que las noticias sobre el fiasco olímpico quedasen relegadas en muchos medios a decimonona noticia del día tras, por supuesto, el último entrenamiento del Real Madrid, el enésimo paso hacia el abismo de Zapatero, los pelucos de Richi Costa y la implantación del chino mandarín en la escuela valenciana.

Desde luego no se puede negar que la talentosa campaña de la Corazonada-diseñada por esos monstruos de la publicidad que son la Sra.Rushmore- logró cautivar el corazón y la expectación de miles de madrileños ante lo que se vendía: el pack de una virtual final de la copa del mundo de fútbol entre Brasil y España y una súper bonoloto con la se iba a forrar todo quisque residente en la capital del reino.

Ahora, para justificar la ominosa derrota se recurre al viejo cuento chino del árbitro prevaricador: hemos sido los mejores pero los príncipes electores del COI estaban comprados (se supone que por el potentado Lula y no por el paupérrimo Obama) y,una vez más, España/Madrid ha sido traicionada por los enemigos envidiosos de siempre (otra vez el rollo ese del desleal gabacho, de la pérfida Albión, del desagradecido indio, del traidorzuelo moro, del negro zumbón, del despótico asiático y demás sandeces del patrioterismo patrio).

En realidad, el montaje de la burbuja olímpica de Gallardón es una desvergonzada historia de manipulación política pagada con el dinero público a mayor gloria de ese ambicioso personaje: en ningún momento hubo opción a que Madrid fuese sede olímpica en 2016 debido a la inexorable Ley de la Rotaciones Continentales instaurada por los aristócratas olímpicos in illo tempore.

A tenor del resultado de las votaciones, o bien Gallardón ha engañado a los ciudadanos, empleando a conciencia poderosísimos medios de persuasión de masas para crear falsas expectativas (sueño llaman ahora a la vulgar mentira), ocultando bajo siete llaves las nulas posibilidades de conseguir los votos necesarios; o bien nos encontramos ante un caso de incompetencia sin parangón tras haberse gastado muchos (¿sabremos cuántos alguna vez?) millones de euros en la subasta abierta de presunta compra de votos de los señores de los anillos. ¡Cuatro años y millones de fondos públicos para conseguir dos votos más que en Singapur! ¿Para qué, entonces, tantos expertos, consultores, asesores, viajes, regalos, cohechos impropios y propios, promesas infundadas, comités, fundaciones e instituciones pagadas a precio de oro? ¿Es que nadie sabía nada, nadie sospechaba lo previsible, nadie contaba los votos, nadie quería escuchar lo obvio? Esto es como en los turbios manejos de la Cosa Nostra: nadie vio, ni oyó, nada, aunque todos estaban en el lugar de los hechos con el arma humeante en la mano.

En vez de pedir cuentas a esa gente por este dislate, aún habrá quien prefiera aumentar sus sueldos y contratos, al menos un 52% , como han hecho esos tipos de la banca luego de trincarse tropecientos mil millones de los dineros públicos. La próxima vez sería aconsejable que los gestores contratados por Gallardón fueran de más nivel que los actuales, gente tipo el jubilado Goirigolzarri, el gran político Quintás, el mecenas Díaz Ferrán y/o el gran reformador laboral MAFO. De no ser así, no habrá más remedio que esperar que Don Vito Gürtel y el yernísimo de Aznar superen sus pequeños contratiempos con los jueces prevaricadores y la Gestapo de Rubalcaba para diseñar una estrategia vencedora para el 2020.

Mientras tanto, Gallardón se hace el longuis como si el asunto no fuera con él: fiel a su estilo llega a Madrid con cara compungida ; le cuenta al ABC que él es muy obediente y Mariano le ha dicho que sea el candidato a alcalde; poco después organiza un paripé ante los medios haciendo como que planta un arbolito y, ni corto ni perezoso, no contesta una sola pregunta ni sobre los ocho mil millones de euros de deuda del ayuntamiento, ni sobre nada de nada. Así que -como dijo el clásico- fuese y nada pasó.

Las corazonadas de Gallardón, más que una metáfora lírica, podrían ser una arritmia desenfrenada, síntoma de un infarto agudo de miocardio del que Madrid solo se restablecerá a base de dosis de caballo de euros obtenidos con aumentos desenfrenados de impuestos municipales (dizque un 150% para las clases medias), de pulverizar todos los récords mundiales de endeudamiento para pagar la inacabada M-30 y los fastuosos equipamientos deportivos -que según se dijo ya están terminados en un 70%- y, por supuesto, endilgar a los gobiernos de turno el muerto.¡Menudo es Gallardón!

Orencio Osuna



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