#TEMP
lunes. 15.08.2022

Las cloacas del poder

Cuando una persona cree en el Estado de Derecho, en la separación del poder político del judicial o en los Derechos Humanos produce angustia, asco e indignación tener que opinar de las cloacas del poder. Pero éstas existen y pobre del que se enfrente a ellas porque se revuelven y escupen miseria y podredumbre por todas partes. Y eso es lo que está sucediendo en España en los últimos tiempos.

Cuando una persona cree en el Estado de Derecho, en la separación del poder político del judicial o en los Derechos Humanos produce angustia, asco e indignación tener que opinar de las cloacas del poder.

Pero éstas existen y pobre del que se enfrente a ellas porque se revuelven y escupen miseria y podredumbre por todas partes. Y eso es lo que está sucediendo en España en los últimos tiempos.

A pesar de que desde el Jefe del Estado hasta el último concejal de pueblo insisten en alabar nuestra transición y la salud de nuestra democracia, la realidad es muy diferente.

Últimamente las cloacas huelen mal, muy mal.

Si quisiésemos explicarles a nuestros hijos por qué se produce ese hedor les podríamos explicar que hubo una vez un juez que venía de un pueblo de Jaén, que no pertenecía a ningún “clan familiar” de jueces, ni siquiera de abogados, pero que tenía ganas de hacer bien su trabajo y de triunfar. Por eso comenzó a luchar contra el terrorismo, el narcotráfico, el terrorismo de Estado o la corrupción y acabó expulsado de su carrera judicial. Inhabilitado 11 años el 23 de febrero, el mismo día que el Coronel Tejero asaltaba el Congreso de los Diputados.

Mientras tanto, el Ministro de Justicia, declaraba a las televisiones que él acataba las sentencias (siempre que le fuesen favorables, claro) y el Presidente del Poder Judicial afirmaba en el Congreso que lamentaba los ataques a los administradores de justicia, convirtiendo a los ejecutores en víctimas.

¿Pero de qué justicia estamos hablando?

La realidad es que hoy en día lo primero que hace un posible imputado es preguntar a su abogado de qué pie cojea ese juez. Los hay conservadores, progresistas, los que tienen vínculos con poderes económicos, los que coquetean con el mundo de la política, los que tienen muchas ansias de trepar, los que tienen sus juzgados bloqueados y atascados por su ineficacia y también, sin duda, los que quieren hacer las cosas bien.

Baltasar Garzón será engreído, apasionado, ambicioso, pero ha sido valiente. Cuando nadie se atrevía a hincar el diente a los narcotraficantes gallegos él estaba ahí, cuando ETA mataba a diestro y siniestro, también. Instruía casos a pie de calle junto a la Guardia Civil y a la Policía Nacional en el País Vasco. Detuvo al todopoderoso y sanguinario Pinochet, persiguió la corrupción política y ya para rematar intentó ayudar a las víctimas del franquismo.

Su forma de ser y de actuar le creó muchos enemigos en todos los sectores. Se enfrentó a todos los poderes establecidos de un Estado y ese ha sido su fin. Era un tipo incómodo y decidieron que lo mejor era quitárselo de en medio. El fin ha justificado los medios.

Una coalición de personajes vinculados al mundo de la justicia ha llevado a cabo su “vendetta” y lo han quitado del medio. Eso son las cloacas del poder.

Un triste mensaje para las nuevas generaciones. Me imagino que a partir de ahora en las oposiciones habrá un temario que explique que si uno tiene la osadía de meterse con “ciertos poderes”, pueden acabar con él.

Garzón, por su prestigio internacional podrá trabajar en el extranjero, pero los miles de jueces y fiscales repartidos por la península ya se cuidarán muy mucho a la hora de comenzar una instrucción. Triste y escandaloso.

Confiemos en su valentía.

Las cloacas del poder
Comentarios