sábado 24/7/21

Las carga el diablo

Pues parece que la aristocracia también se ha metido de lleno en el ojo del huracán. A veces los hechos cotidianos traen consecuencias imprevisibles y por eso la historia es como es. Porque para los aristócratas es habitual juguetear con armas que de vez en cuando se disparan… Ellos corren los riesgos propios de su condición social.

Pues parece que la aristocracia también se ha metido de lleno en el ojo del huracán. A veces los hechos cotidianos traen consecuencias imprevisibles y por eso la historia es como es. Porque para los aristócratas es habitual juguetear con armas que de vez en cuando se disparan… Ellos corren los riesgos propios de su condición social. Evidentemente no se caen de los andamios o se ahogan en una zanja o se les para el corazón por estrés, en cambio se decapitan con un cable abandonado a la altura exacta mientras bajan lanzados por una pista de esquí, le levantan la tapa de los sesos al hermano o se llevan medio pie por delante cuando se les dispara la escopeta. Incluso los reyes pueden hasta volarse la corona cuando se van a pegar tiros en tierras de “guanaminos”. Es un dicho bien conocido que a las armas las carga el diablo. ¡Y qué verdad es! Lo que saben de eso los Borbones y a pesar de ello en cuadros y fotos todos posando con espingarda, casi como si ésta fuese una prolongación de su propio cuerpo. Un símbolo fálico del poder, que dicen los psicoanalistas.

¡Con la que está cayendo lo que le faltaba al personal! Ya puede prepararse Cristina Cifuentes. Lo de Sol quedará como una broma comparada con la que se va a liar. Me parece que a este paso la gente va a ocupar hasta el Palacio Real y de poco van a servir las nuevas leyes represivas que nos anuncian ¿Porque es de recibo que, mientras el Gobierno purga a la ciudadanía con el ricino recetado por Merkel, el Jefe del Estado se pase los fines de semana tirando con pólvora de rey? Claro que habrá quien para justificarlo argumente que lo que estaba cazando era al “elefante blanco” aquél del 23 – F.

Pero de nada hay que extrañarse. Son como son. Para los que detentan el poder real, aristócratas y burgueses, no existe crisis. Antes bien es una oportunidad de oro para lo que ellos llaman “ajustar” el sistema. Es decir para volver a poner las cosas en su sitio natural, donde deberían haber estado siempre y a donde deben volver pasada la fiebre transicional. Y no es que lo diga yo, es que no hay más que escuchar a Esperanza Aguirre: ¿qué es eso de que los hijos de los obreros estudien gratis et amore? El que pueda que se lo pague. Y lo mismo la sanidad: hay que establecer la cartera básica, pero muy básica, para el vulgo. ¡A ver si con los impuestos de los ricos se van a mantener vagos y maleantes! Como esos funcionarios que tan bien describe Beteta: cafelito y diario en ristre dale que te pego, él que jamás pisó las cafeterías de los organismos oficiales en los que lleva desde que le salieron los dientes.

Frecuentemente la realidad supera a la más elaborada de las ficciones noveleras y el 14 de abril de 2012 puede que pase a la historia no como efemérides nostálgica, sino como punto de inflexión en el pensar y sentir de millones de españoles que de pronto, por una fractura fortuita de cadera real, se han percatado de qué va esto. Es lo que en física se llama el efecto de romper la tensión superficial, la que mantiene el vaso, ya lleno, colmado pero estable y que una gota inesperada hace que el líquido acumulado se desparrame, convirtiendo pomposos documentos en papel mojado.

Y es que ya les digo: también a las crisis, como a las armas, las carga el diablo.

Las carga el diablo
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