martes 27/10/20

La violencia de los indignados

Vaya por delante mi oposición a cualquier tipo de violencia. Dicho esto, qué distinto fue el tratamiento dado en algunos medios al comportamiento de unos “indignados” violentos, que no representan a nadie más que a ellos mismos, frente al que se dio, en esos mismos medios, a la violencia de los mossos en la plaza de Catalunya hace unos días.

Vaya por delante mi oposición a cualquier tipo de violencia. Dicho esto, qué distinto fue el tratamiento dado en algunos medios al comportamiento de unos “indignados” violentos, que no representan a nadie más que a ellos mismos, frente al que se dio, en esos mismos medios, a la violencia de los mossos en la plaza de Catalunya hace unos días.

Deplorables por igual ambos casos de violencia, dejemos claro que la violencia es más grave si la ejerce aquél que ostenta el poder y tiene todos los medios a su alcance. En los hechos acaecidos ante el Parlament catalán la policía autonómica ha actuado frente a grupos violentos. En la acampada del 15-M en el centro de Barcelona no había violentos y actuaron igual.

Existen muchos tipos de violencia, no sólo la física. ¿No es violencia proceder desde el Gobierno contra la parte más débil de la población? ¿No es violencia hacer recortes sociales? En tiempos de crisis ¿no es violencia no proteger más a quiénes menos tienen? ¿No es violencia eliminar el Impuesto sobre el Patrimonio, que aunque flojo era directo y hacía tributar más a quien más tenía, y subir el IVA, impuesto indirecto, que repercute en todos por igual? ¿No es violencia dejar que la sanidad y la educación públicas pierdan calidad, profesionales y medios mientras dejamos su gestión en manos privadas? ¿No es violencia permitir que una empresa potente, bandera de la actividad económica española dentro y fuera de nuestras fronteras, que presume de record de beneficios, despida a miles de trabajadores y no se pueda, o no se quiera, hacer nada? ¿No es violencia permitir que las decisiones de entidades privadas de rating decidan quién se prevé que crezca y quién no mientras compran deuda para hacer negocio con aquello que sentencian? ¿No es violencia que las entidades bancarias planteen cerrar oficinas y despedir trabajadores mientras reparten pingües beneficios entre sus ejecutivos?

Las condiciones objetivas de desigualdad existen. Gran parte de la actividad política está alejada de la realidad social de la mayoría. La actividad económica está dirigida a la especulación y el enriquecimiento, ilícito muchas veces, y la actividad laboral a culpar a la clase trabajadora de los menores beneficios empresariales. La patronal siempre reclama flexibilidad laboral y abaratar el despido. ¿Se crea empleo abaratando el despido? No han creado el puesto de trabajo y ya están pensando cuánto les va a costar deshacerse de él. Porque en realidad no piensan en dinamizar la economía y promover el desarrollo de la sociedad. No piensan en crear empleo sino en mano de obra barata y con unos sindicatos cuanto más débiles mejor.

Y todas esas cosas se supone que se tratan, además de en otros ámbitos, en los parlamentos. Y ¿qué hacen los políticos? Desvalorizar la actividad política.

El panorama político español no está para tirar cohetes: recortes sociales, políticos en entredicho, economía manejada desde fuera y a favor de los que más tienen, justicia atascada, órganos judiciales sin renovar, pérdida de calidad de la sanidad y la educación, paro estructural, economía de “temporada”.

El 15-M es un punto de cordura. Una llamada de atención. ¿Son antisistema? Tal vez son anti este sistema que nos vende una supuesta democracia. Como dice William Ospina hay tres tipos de países, los que tienen democracia, los que no la tienen y los que creen tenerla. Estos colectivos de personas indignadas no quieren que estemos en ese tercer grupo. Porque la situación, tal como está hoy, nos lleva a un destino incierto y oscuro.

Las propuestas del movimiento 15-M son reales y realizables. Tal vez por eso interesa tirar por tierra su labor pacífica y reivindicativa. Unas veces riéndose de ellos, como crítica Gabilondo, y otras acusándoles de violentos. La indignación empieza a tocar las conciencias. Algunas reaccionan en contra pero el 15-M busca movilizar conciencias en positivo, reaccionar contra lo que nos imponen sin consultarnos. Como rezaba algún cartel en las acampadas, “no abandonan, se trasladan a tu conciencia”.

Hay que pasar a la acción. Eso sí, sin violencia.

En fin, paz, salud y suerte. Que falta nos van a hacer. Sobre todo paz, mucha paz.

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