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sábado 21/5/22

La vida y el almuerzo

Que José Luis Rodríguez Zapatero no haya logrado su investidura en el primer debate no sólo no es malo ni mucho menos un fracaso-, sino que da un cierto aire de normalidad a la situación. No ha ganado por mayoría absoluta, con lo que tampoco es de extrañar que no haya salido por mayoría absoluta. Así que, puestos a analizar las cosas, el reflejo de la votación podemos decir que ha sido el reflejo de la realidad.
Que José Luis Rodríguez Zapatero no haya logrado su investidura en el primer debate no sólo no es malo ni mucho menos un fracaso-, sino que da un cierto aire de normalidad a la situación. No ha ganado por mayoría absoluta, con lo que tampoco es de extrañar que no haya salido por mayoría absoluta. Así que, puestos a analizar las cosas, el reflejo de la votación podemos decir que ha sido el reflejo de la realidad.

Las distintas intervenciones en las dos sesiones del Parlamento anuncian una legislatura muy distinta a la pasada. Zapatero ya no puede pedir una oportunidad, ni refugiarse en la inocencia de su primer mandato. Tendrá ahora que hacer frente no sólo a las promesas de una campaña electoral, sino a un ciclo económico que se anuncia endiabladamente difícil. Con Jaime Gil de Biedma podrá decir aquello de “Porque conozco el día que me espera, / y no por el placer”.

No le va a ser fácil a Zapatero cumplir con su programa y con sus promesas y tendrá que hacer numerosos equilibrios para no enfadar a grupos a los que tendrá que recurrir en más de una ocasión. Lo que, dicho sea de paso, tampoco está mal. No es lo mejor en democracia la mayoría absoluta, cuando es tan difícil que el que ha ganado renuncie a la soberbia del vencedor.

Tampoco podrá la oposición del PP repetir una legislatura como la pasada. La generosidad siempre ha sido una virtud, también para los vencidos. Y Mariano Rajoy tendrá que comprender que se gobierna desde el poder y desde la oposición. Y que, precisamente, en ocasiones una buena oposición termina por dejar mejores recuerdos que un mal gobierno.

El ciudadano espera mucho de esta legislatura. Porque lo necesita y porque las cosas no van bien. Y es en las dificultades donde se busca una política pegada a la calle, preocupada por el hombre aquel de Zitarrosa, el que llevaba, en su bolsa, “la vida junto con su almuerzo”. Y hoy, a qué vamos a engañarnos, la vida y el almuerzo están, por las nubes.

La vida y el almuerzo
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