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domingo. 26.06.2022

La Unión Europea: menos Fondo Monetario y más Reserva Federal

Entre Bruselas, Merkel y el BCE, al final van a conseguir que Grecia se arrepienta de haber entrado en la zona euro. Si cada vez que hay un vencimiento de la deuda griega, incluso dentro del fondo de estabilidad ya aprobado hace un año de 110.000 millones de euros, resulta que hay dudas sobre la ejecución de lo acordado (12.000 millones) la cosa se hace y se hará cada vez más insoportable.

Entre Bruselas, Merkel y el BCE, al final van a conseguir que Grecia se arrepienta de haber entrado en la zona euro. Si cada vez que hay un vencimiento de la deuda griega, incluso dentro del fondo de estabilidad ya aprobado hace un año de 110.000 millones de euros, resulta que hay dudas sobre la ejecución de lo acordado (12.000 millones) la cosa se hace y se hará cada vez más insoportable. ¿Para qué sirven los acuerdos, incluso con el FMI por medio? El fracaso de las medidas para “salvar” a Grecia y a los periféricos en el futuro es tan evidente que pasados 13 meses desde la creación del Fondo de Estabilidad, griegos, portugueses e irlandeses tienen que seguir financiando su deuda pública en los “mercados” (especulativos) a tipos de interés que igualan o superan a los que se financiaban hace un año cuando se creó el fondo. El fracaso es tan palmario que ya no se puede echar por más tiempo la culpa a la crisis o a las mentiras del gobierno de derechas de Karamanlis cuando el país heleno entró de pleno derecho en la Unión Monetaria (2002). Ahora son los errores de las políticas neoliberales, de los criterios erróneos neoliberales consistentes en que para salir de las crisis lo primero es eliminar los déficits. Estamos invadidos por contables en lugar de economistas, con políticos sin personalidad e ignorantes y por creadores de opinión mentecatos, ignorantes y de derechas en Europa. ¿Cómo se ha llegado a esto? Cuando se presentó la crisis en USA y tras el fracaso del juego neoliberal al dejar caer a Lehman Brothers en septiembre de 2008, el presidente Obama y la Reserva Federal dijeron que el siguiente (AIG) y los siguientes ya no podían caer, que el juego del sólo mercado había fracasado y apuntaló la economía del país con 800.000 millones de dólares. Practicó un keynesianismo de derechas (se ayudaba a los ricos) para evitar una nueva gran depresión. Éticamente era repugnante, pero económicamente –al menos en el corto plazo, en lo inmediato– no había otra salida. Y no sólo se ayudó a bancos y compañías de seguros, sino incluso al sector del automóvil. La mayoría de esas ayudas eran en forma de préstamos, compra de títulos y garantía de depósitos por parte del Gobierno Federal y de la Reserva Federal, que resultaban privilegiados, pero que evitaban entrar en una espiral contractiva producción-renta-consumo. Otra cosa es que luego no se pidieran responsabilidades y que los culpables de la crisis –los que actuaron con dolo al menos– no hayan acabado en la cárcel, pero eso es debido a que no hay aún una mayoría crítica de ciudadanos contra los responsables, porque toda las actuaciones de los fondos especulativos, de las agencias de calificación, de los cdos, del empaquetamiento de las hipotecas subprime y demás comportamientos e instrumentos financieros, están camuflados, protegidos en el saco de “los mercados” y en la “libertad de comercio” que los propios ciudadanos afectados por la crisis la defienden. Y claro, a los mercados no se les puede juzgar y menos meter en la cárcel.

En Europa la cosa es aún peor. Aquí, en plena de crisis, cuando el consumo interno de los países de Europa –en general– había caído, contribuyendo con ello a una espiral contractiva, los cretinos de los políticos europeos, con sus economistas de cabecera e instituciones públicas y privadas que les asesoraban, sólo se les ocurre que para salir de la crisis lo primero, principal y casi única actuación de los países con más dificultades –originadas por la arbitrariedad y especulación de los fondos de inversión- era reducir los déficits reduciendo el gasto público, los salarios y las pensiones. Con ello se entraba en esa espiral contractiva y ya nada tiene solución, porque esa no depende del tamaño de los fondos a disposición. De esto aún no se han dado cuenta en Bruselas: ¡que no es un problema de tamaño!, por mucho que se le quiera prestar a Grecia y demás países. El problema es que si tiene que renovar su deuda a 12 puntos de diferencial de tipo de interés con respecto al bono alemán a 10 años y a tipos superiores al 30% a corto plazo, el país se vuelve cada vez más insolvente porque para evitarlo tendría que crecer ¡a esa misma tasa de crecimiento más la tasa del bono alemán!

Europa está en la encrucijada, lo lleva estando desde que estalló la crisis en el 2007 y los políticos europeos, deseos de satisfacer a sus electorados conservadores, no han avanzado un ápice en la creación de unos verdaderos Estados Unidos de Europa. Una sola moneda, la moneda única, apenas es nada para llegar a esa meta. Ni siquiera estamos en una unión monetaria, sino en una mera unión cambiaria, porque una sola moneda es equivalente a un sistema de cambios fijos si no le acompaña un Banco Central Europeo que asuma sus responsabilidades como lo hace la Reserva Federal en USA. Hay que asumir que las deudas de los Estados es la deuda de la Unión Económica, que debe irse a un sólo organismo de emisión de deuda europea, a un solo sistema fiscal, a un mismo techo de gasto, a un banco central que no tenga sólo como meta la inflación sino también el empleo, que sea siempre prestamista de última instancia y que sea capaz de suscribir deuda pública de los Estados cuando la financiación en “los mercados” privados resulte a unos tipos de interés insoportables que lleven a la quiebra a los países miembros. Se dice que Bruselas le ha dado un ultimátum a Grecia, cuando debiera ser al revés: ¡debería ser Grecia quien diera un ultimátum a la Unión, al Consejo y al Parlamento -¿ha desaparecido el Parlamento europeo, por cierto?- para que diera solución al problema de la renovación de la deuda de uno de sus estados frente a los privados, frente a los tiburones financieros! Estamos en mitad de la primera mitad de un puente que se resquebraja. En una orilla –la que hemos dejado– está el euro; en la otra están estos Estados Unidos de Europa. O se avanza o se retrocede, pero en medio no podemos estar porque nos hunden la crisis, los mercados, la empresas de calificación, los fondos especulativos, los políticos miserables -tipo Merkel- y estas derechas europeas aún más miserables, oportunistas, populistas y cuasi-fascistas que hemos tenido desde los año 30 del pasado siglo, y con una ciudadanía que quiere que se le deje especular, pero que no quiere sufrir sus efectos negativos. El neoliberalismo ha fracasado, tanto en su vertiente económica del sólo mercado, del cuanto menos Estado mejor, como en su vertiente política, aunque sean políticos de la izquierda sociológica (Papandreu, Zapatero, Sócrates) los que aplican esas políticas desde mayo del 2010. El mundo al revés.

Si Grecia tuviera ahora su moneda podría devaluar y tener su propia política económica. El país se empobrecería porque empeoraría su relación real de intercambio con el exterior, pero al menos tendría su propio banco central, su propia política monetaria. Podría combatir el déficit a medio y largo plazo, anteponiendo el empleo a la contabilidad, un mínimo de crecimiento a la bancarrota. Es decir, lo que tiene ahora el Reino Unido. Lo dicho, entre Bruselas, Merkel, Karamanlis, los mercados y la crisis van a conseguir que los griegos se arrepientan de haber cambiado su dracma en el 2002 por el euro, porque ahora sí que tienen un drama, pero sin “c” y digno del mismo Esquilo. Y esperemos que la cosa no se agrave más por este lado del Mediterráneo.

La Unión Europea: menos Fondo Monetario y más Reserva Federal
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